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P.I.C (Cartilla 7)


   ESCUELA JUVERIANASin título

 PARA TEGUAS

CURANDERISMO ESPIRITUAL

 

La rueda del tiempo

Punto cero

Las enseñanzas de Don Juver último Tegua Caucano (Yanaconas)

Exponente: Juver Osorio R.

Cartilla 7 de 10

Parágrafo No. 21

En vuestras consideraciones dijisteis que pueden modificarse ciertas situaciones emotivas y mentales, es decir, en el tratamiento homeopático. Preguntamos: ¿ese proceder no induce a pensar en una nueva terapia, que es capaz de modificar mecánicamente la conducta del individuo? De esa forma, ¿no desaparece la responsabilidad y el mérito espiritual del hombre en conocerse a sí mismo y orientar conscientemente su propia evolución?

Respuesta: Pensando las cosas mejor, el ciclo de las reencarnaciones ¿no es una terapéutica divina, que obliga al espíritu a rectificarse y a progresar compulsoriamente, colocándolo en ambientes hostiles o en medio de la familia, cuyos miembros pueden ser adversarios del pasado a fin de purgar sus enfermedades espirituales? ¿Cuántas veces el hombre es abatido por la deformidad física, por una molestia congénita, que lo paraliza orgánicamente, quedando a merced de las vicisitudes económicas y morales, obligándolo a encuadrarse en los dictámenes del Bien? Aunque todo eso parezca calamitoso, el espíritu no pierde el mérito de su rectificación espiritual, pues delante de la escuela implacable de la vida física, es su conciencia la que decide respecto a lo que aprovecha o desprecia sobre la inexorable terapéutica kármica, aplicada compulsoriamente por la Justa Ley del Padre.

Las dosis infinitesimales, por el proceso homeopático, realmente pueden modificar ciertos síntomas mentales del paciente, pues ellas descargan y volatizan los residuos psíquicos que se han acumulado a través del tiempo, ya sea intoxicando al peri-espíritu, descontrolando las emociones o afectando la dirección normal del espíritu. Es de sentido común, que algunas drogas tóxicas y entorpecedoras como el opio, la morfina, o “aurum metalicum”, mezcalina, el ácido lisérgico, la belladona o la cocaína, pueden influir en la mente perniciosamente, puesto que provocan distorsiones mentales, delirios alucinatorios, estados esquizofrénicos o melancolías en el psiquismo del hombre sano. Conforme a la ley homeopática, de que los “semejantes curan a los semejantes” esas sustancias y tóxicos, que en dosis alopáticas o macizas, provocan estados de morbidez en los pacientes o viciados, después de haberse dinamizado inteligentemente y suministradas en dosis infinitesimales, pueden efectuar curas en casos cuyos síntomas sean semejantes.____El impacto energético de la dosis infinitesimal libera al psiquismo de la carga, que se genera por el abuso de los tóxicos, como ser miasmas, virus psíquicos, enfermedades mentales y residuos que son la resultante de los desequilibrios emotivos.

Parágrafo No. 22

Bajo vuestra opinión, ¿La Espiritualidad contribuye al éxito de la Homeopatía, y ésta corresponde recíprocamente a la doctrina espiritual?

Respuesta: Indudablemente, ambas se Complementan en el binomio “psicofísico” en su acción benéfica en la intimidad del espíritu humano. La Homeopatía acciona en la intimidad del ser y ayuda a mantener el control psíquico. Distribuye la energía potencializada en medio del vitalismo orgánico, ayudando al espíritu para efectuar las modificaciones urgentes y saludables para el cuerpo.

Obviamente, es el psiquismo el que modifica el quimismo orgánico en base a la mejor disposición emotiva y energética y por lo tanto, su consecuente equilibrio fisiológico. El impacto energético producido en el campo mental y psíquico del paciente a través de la energía extraída de la sustancia material potencializada por las dinamizaciones homeopáticas, elevan la frecuencia vibratoria del espíritu enfermo, proporcionándole condiciones optimistas y estimulantes para sus reacciones favorables. Sin lugar a dudas, que mejorando el estado mórbido, también se reduce el pesimismo o la melancolía.

Por eso, que el médico homeópata, además de ser un hábil científico ha de ser un inteligente filósofo, para relacionar la terapéutica del mundo infinitesimal con los principios inmortales del alma.

Aclarando la similia:

La verdadera magia homeopática se funda en dos principios:

Primero:  que lo semejante produce lo semejante.

Juver dice:      O que los efectos semejan a sus causas.

Segundo: Que las cosas que una vez que estuvieron en contacto se actúan recíprocamente a distancia, aún después de haber sido cortando todo contacto físico, el primer principio pudo llamarse ley de semejanza y el segundo ley del contagio o contacto.

Del primero de estos principios, el denominado ley de semejanza, el mago homeópata deduce que puede producir el efecto que desee sin más que imitarlo, del segundo principio deduce que todo lo que haga con un objeto material afectara de igual modo a la persona con quien este objeto estuvo en contacto, halla o no formado parte de su propio cuerpo.

Los encantamientos fundados en la ley de semejanza pueden denominarse de magia imitativa u homeopática, y los basados sobre la ley contacto o contagio podrán llamarse de magia contaminante o contagiosa denominar a la primera de estas dos ramas de la magia con el término de homeopática es quizás preferible a los términos alternativos de imitativa o mimética, puestos que estos sugieren un agente consiente que imita, quedando por ello demasiado restringido el campo de esta clase de magia, cuando el verdadero mago homeópata radiónico se dedica a la práctica de estas leyes implícitamente cree que con ellas regulan las operaciones de la naturaleza inanimada, en otras palabras, tácitamente da por seguro que las leyes de semejanza y contagio son de universal aplicación, y no tan solo limitadas a las acciones humanas.

Resumiendo: “la magia es un sistema espurio de leyes naturales. Así como una guía errónea de conducta, es una ciencia falsa, y un arte abortado, considerada como un sistema de leyes naturales, es decir, como expresión de reglas que determinan la consecución de acaecimientos en todo el mundo, podemos considerarla como magia teórica; considerada como una serie de reglas que los humanos cumplirán con objeto de cumplir sus fines, puede llamarse magia práctica.

Más he de recordar al mismo tiempo que el homeópata primitivo o del siglo pasado conoce solamente la magia homeopática en su aspecto teórico; nunca analiza los procesos mentales en los que sus teorías están basadas y nunca lo reflejan sobre los principios abstractos entrañados en sus acciones, para el homeópata como para la mayoría, la lógica es implícita, no explicita; razón exactamente como digiere los alimentos, esto es, ignorado por completo los procesos fisiológicos y mentales esenciales para una u otra operación; en una palabra, para él la magia homeopática es siempre un arte nunca una ciencia, el verdadero concepto de la ciencia está ausente de su mente.

Queda para el investigador filosófico descubrir el camino seguido por el pensamiento que fundamenta la práctica del camino seguido por el pensamiento que fundamenta la práctica del mago: desenredar los hilos que en reducido número forman la enrollada madeja; aislar los principios abstractos de sus aplicaciones concretas; en suma, discernir la ciencia espuria tras el arte bastardo.

Si es acertado el análisis de la lógica de los magos, sus dos grandes principios no serán otra cosa que las distintas y equivocadas aplicaciones de la asociación de ideas, la magia homeopática está fundada en la asociación de ideas por semejanza; la magia contaminante o contagiosa está fundada en las asociaciones de ideas por contigüidad, la magia homeopática cae en el error de suponer que las cosas que se le parecen son la misma cosa. La magia contagiosa comete la equivocación de presumir que las causas que estuvieron una vez en contacto siguen estando, más en la práctica se combinan frecuentemente las dos ramas, o, para ser más preciso, mientras que la magia homeopática o imitativa puede ser practicada sola, encontraremos generalmente que la magia contaminante o contagiosa va mezclada en su práctica con la homeopática o imitativa.

Confrontadas así estas dos clases de magia, puede haber alguna dificultad en comprenderlas, mas serán rápidamente inteligibles cuando las aclaremos con algunos ejemplos apropiados, ambas líneas de pensamiento son de hecho en extremo sencillas, elementales y con dificultad podrían ser de otra manera siendo tan familiares en lo concreto, aunque no ciertamente en lo abstracto, no tan solo para la inteligencia ruda del salvaje, sino también para la de la gente ignorante y estúpida de tosas partes, ambas ramas de la magia, la homeopática y la contaminante, pueden ser comprendidas cómodamente bajo el nombre general de magia simpatética, puesto que ambas establecen que las cosas se actúan recíprocamente a distancia mediante una atracción secreta, una simpatía oculta, cuyo impulso es transmitido de la una a la otra por intermedio de lo que podemos concebir como una clase de éter invisible no desemejante al postulado por la ciencia moderna con objeto parecido, precisamente para explicar cómo las cosas pueden afectarse entre sí a través de un espacio que parece estar vacío.

Es conveniente poner en forma de cuadro las ramas de la magia según las leyes del pensamiento que las anima, en esta forma.

Imagen 3

Ahora ilustremos con ejemplos estas dos formas de la magia simpatética, empezando por la homeopatía.     Magia homeopática o imitativa.

Quizás la aplicación más familiar del postulado “lo semejante produce lo semejante” es el intento hecho por muchas personas en todas las épocas para dañar o destruir a un enemigo, dañando o destruyendo una imagen suya, por creer que lo que padezca esta imagen será sufrido por el enemigo y que cuando se destruya la imagen el parecerá, esta práctica fue difundida en el mundo, hace miles de años fue conocida por los hechiceros de la india, Babilonia y Egipto como también por Grecia y Roma, hoy se ve en Australia y África.

Uno de los grandes méritos de la magia homeopática esta en permitir que la curación sea ejecutada en la persona del doctor en vez de la de su cliente, quien se alivia de todo peligro y molestia mientras ve al médico retorcerse de dolor.

Por otra parte la magia  homeopática y en general la simpatética juegan un gran parte en las precauciones que el cazador o pescador  toma para asegurar una abundante provisión de alimento, según la máxima de que “lo semejante produce lo semejante”, ´él y su compañero hacen muchas cosas imitando deliberadamente aquello que quieren conseguir y, por el contrario, evitan otras con cuidado por su parecido más o menos imaginario a las que serían desastrosas si se realizan.

En ningún sitio se lleva la teoría de la magia simpatética más sistemáticamente a la práctica para la protección del establecimiento alimentos que en las inhospitalarias regiones de Austria central, en cuanto a que “lo semejante produce lo semejante”, se observa que el sistema de magia simpatética no se compone solo preceptos positivos; comprende también un gran número de preceptos negativos o prohibiciones.

Dice no solamente lo que hay que hacer, sino lo que no se debe hacer, los preceptos positivos son los encantamientos; los preceptos negativos son los tabúes, así, el tabú es hasta aquí una aplicación negativa de magia práctica, la magia positiva o hechicería dice: “has esto para que acontezca esto otro”, la magia negativa o tabú dice: “no hagas esto para que no te suceda este otro”, el propósito de la magia positiva o hechicerías es el de producir un acontecimiento que se desea; el propósito de la magia negativa o tabú es el de evitar es el suceso que se teme, más ambas consecuencias, la deseable y la indeseable, se suponen producidas de acuerdo con las leyes de semejanza y de contacto, y así como la consecuencia deseada no es realidad producida por la observancia de una ceremonia mágica, tampoco es la tenida por la violación de un tabú, si el supuesto daño se realizara siempre siguiendo a la violación de un tabú, este no sería sino un precepto de moral o de sentido común, no es tabú decir: “no pongas la mano en el fuego”, es un dictado del sentido común, pues el acto prohibido entraña un daño real, no imaginario.

Imagen 2

 

Donde prevalecen tales creencias respecto a la conexión simpatética entre amigos a distancia, no debe extrañarnos que, sobretodo, la guerra, excita algunas de las más tiernas emociones humanas, aprovechando los lazos simpatéticos íntegramente en beneficio de los seres queridos que pueden estar en el momento luchando y muriendo.

Magia contaminante

Anteriormente tratamos la magia simpatética que puede denominarse homeopática o imitativa, su principio director es, “lo semejante produce lo semejante” o en otras palabras, “que el efecto se asemeja a sus causas”, la otra gran rama de la magia simpatética, que llamamos magia contamínate o contagiosa procede de la noción de que las cosas que alguna vez estuvieron juntas quedan después, aun cuando se las separe, en tal relación simpatética que todo lo que se haga a una de ellas producirá parecidos efectos en la otra, así,  vamos que la base lógica de la magia contaminante, parecida a la de la homeopática, es una errónea asociación de ideas, su base física, si podemos hablar así, semejante a la base física de la magia homeopática, es un intermedio material de cierta clase que, a semejanza del éter de la física moderna, se supone que une los objetos distantes y conduce las impresiones del uno al otro.

        El ejemplo más familiar de la magia contamínate es la simpatía mágica que se cree existe entre una persona y las partes separadas de ella, tales como el cabello, uñas, etc., así que siempre que se llegue a conseguir cabello o uñas, se podrá actuar a cualquier distancia sobre la persona de quien procede, esta superstición es universal:

        Una curiosa aplicación de la doctrina de la magia contaminante es la relación y por lo común se cree que existe entre un hombre herido y el agente de la herida, así que todo lo que le haga al o para el agente de modo correspondiente afectara al paciente, para bien o para mal, Plinio nos cuenta que se ha herido un hombre y se está apenando por ello, no hay más que escupirse en la mano herida y el paciente se sentirá instantáneamente aliviado.

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Otras partes que comúnmente se cree permanecen en simpatética conexión con el cuerpo después de haber sido separadas físicamente de él, es el cordón umbilical y las secundinas, incluida la placenta.

La magia puede ser proyectada además sobre un hombre simpatéticamente, no solo por intermedio de sus ropas o partes separadas de su propio cuerpo, sino por sus mismas huellas.

He terminado esta primera lección analizando los principios generales de la magia simpatética en sus dos ramas a los que hemos dado los nombres de homeopática y contaminante o contagiosa.

Todos afirman que la homeopatía se fundamenta en leyes naturales ¿qué debemos responder? Un verdadero terapeuta radiónico reflexivo y escrupuloso comprenderá que se debe dar una respuesta que apele al sentido de la lógica en la mente del que formula la pregunta.

Juver es  de los que cree que la homeopatía carece de soporte, si no se puede comprobar de una manera concluyente, que se base en forma firme en leyes fundamentales de la naturaleza.

Juver solo desea demostrar la “razonalidad lógica de la homeopatía” si mi esfuerzo sirve para demostrar nuevas investigaciones a lo largo de los lineamentos de la concordancia fundamental de la homeopatía con leyes universales, se habrá logrado el objetivo.

            LEYES HOMEOPATICAS

  1. Relativas a la curación

Simila  similibus  curentur.

La curación tiene lugar desde arriba hacia abajo, desde adentro hacia fuera, desde un órgano más importante hacia otro menos importante, y en orden inverso al comienzo de los síntomas.

  1. Relativo a la acción

La acción y reacción son iguales y opuestas

  1. Relativa a la cantidad y la dosis

La cantidad de medicamento requerida esta en relación inversa con la similitud

  1. Relativa a la cantidad.

La cantidad de acción necesaria para efectuar cualquier cambio en la naturaleza es la menor posible, la cantidad decisiva es siempre un mínimo, un infinitésimo

  1. Relativo a la calidad

La calidad de la acción de un remedio homeopático está determinada por su cantidad, en su relación inversa.

  1. Relativo a empleo

La dosis y la cantidad que penetraran plenamente el organismo y estampara su sello esencial sobre la fuerza vital son los que afectaran la esfera funcional del individuo.

  1. Relativa al desarrollo biológico

La función crea y desarrolla el órgano.

  1. Relativa al desarrollo de la enfermedad.

Los síntomas funcionales  son producidos por la fuerza vital en proporción exacta con la profundidad de la perturbación. Los síntomas funcionales preceden a las alteraciones estructurales.

  1. Relativos a la experimentación

1°)  Todo medicamento que en su estado natural afecta la energía vital en escasa medida solo desarrollara una experimentación en una alta potencia.

2°) Todo medicamento que en su estado natural perturba la energía vital provocando solo manifestaciones funcionales se puede experimentar en una forma no potenciada.

3°) Todo medicamento que en su estado natural perturba la energía vital provocando manifestaciones destructivas, debe ser experimentado solo en una forma potenciada.

  1. Relativa a la repetición (para las experimentaciones):

No repetir nunca las dosis mientras se manifiesta síntomas producidos por la dosis ya recibida.

  1. Relativa a la repetición (para la curación):

No repetir nuca el remedio mientras continué actuando.

Regla Juveriana 1 de 10:

“la magia contagiosa establece que:

Las cosas que han estado en contacto unas con otras siguen estándolo mucho tiempo después de que ha sido roto el contacto físico”

Regla Juveriana 2 de 10:

“Todas las formas de magia simpatética suponen que las cosas actúan a distancia unas sobre otras mediante una atracción no identificada e inexplicable, efectuándose el contacto inicial por la voluntad del sanador”.

Regla Juveriana 3 de 10:

“la ley de simpatía se fundamenta en un principio mágico que dice así:

Todo acto imitativo produce aquello que está imitando”

Regla Juveriana 4 de 10

Las enfermedades son pecados del alma y no del cuerpo, que es inconsciente materia incapaz de pecar, la farmacopea homeopática (muerta) es inconsciente materia que obra tan solo dentro de la materia, y no tiene acceso a los mundos sutiles del alma que es raíz, causa y origen de toda enfermedad.

¿Se puede acaso limpiar de este lado del vidrio una mancha, que está ubicada en el otro lado del vidrio?

El saber Homeopático no es celeste sino terrestre, y por lo tanto puede instruir pero no elevar.

La farmacopea no está a la altura del éter.

Regla Juveriana 5 de 10:

“La quinta es la ley del reposo: Después del trabajo viene del descaso, descanso que se le da al medicamento después de dinamizarlo y potenciarlo, para que los enlaces se agrupen y así poder cuantificar su potencia,  y el potencial del sanador. Nada es inmóvil, todo vibra todo se mueve, principio de vibración”.

Regla Juveriana 6 de 10:

“El agente primario utilizado en la terapia de los centros es el color, se ha encontrado que el color es el agente curativo más efectivo para toda  forma especial de terapia radiónica” pero las farmacias homeopáticas solo conocen el ámbar, desconociendo la CROMOSOFIA. Principio de correspondencia, como arriba es abajo.

Regla Juveriana 7 de 10:

“los efectos de una acción sufrida por una parte (testigo) separada del cuerpo, son resentidos por ese cuerpo entero, sin importar la distancia que existe entre esas dos partes separadas”. A este fenómeno se le ha llamado “ley de resonancia” por la analogía con los fenómenos observados en la física micro-vibratoria y en electrónica.

Regla Juveriana 8 de 10:

“Ciertas figuras geométricas o simbólicas son capaces de producir, de llevar, de propulsar ondas abstractas y puedes servir de antenas direccionales para alcanzar la meta apuntada”, se ha dado a este fenómeno el nombre de “ley de transferencia”, también por analogía.

Regla Juveriana 9 de 10:

“Los resultados obtenidos son proporcionales a la potencia del emisor (operador) como con la receptividad del recibidor (sujeto).

Regla Juveriana 10 de 10:

“Hablando de “dinámica” es la luna que hace pasar todas las cosas dentro del cuerpo  humano,  se produce como una manera un flujo y reflujo, hay periodos críticos en ciertas enfermedades, por cuyo motivo es muy importante conocer la influencia de este planeta.

Existe un fuerza cósmica que culmina en la luna nueva y otra durante la luna llena todo lo que se inicia entre el tiempo de la luna nueva hasta la luna llena aumenta en intensidad y culmina hasta producirse en la luna llena, este periodo marca el flujo hacia fuera de la vida que surge del sol y que nos es reflejado por la luna, esta fuerza constituye un auxilio precioso para construir el cuerpo y mantenerlo en buena salud, desde la luna llena a la luna nueva (cuarto menguante), esta gran fuerza luminosa se va tornando más y más oscura y todo cuanto se había concentrado comienza a desvanecerse hasta desaparecer. Conociendo estas dos influencias de la luna según esté en creciente o menguante. Es fácil deducir que debe ser tenida en cuenta en los tratamientos.

Ya puedes comparar las reglas homeopáticas con las reglas juverianas así comprenderás que es urgente someter a la homeopatía a cambio  extremo

Interrogante – Notas para recordar

  1. ¿Cómo nos definirá la homeopatía actual su principio de similitud homios semejante, y en la práctica, como los efectos asemejan a sus causas?
  2. ¿La homeopatía está desfasada en la ley del contagio (contacto) en cuanto a medicamento paciente? Ya que no imita.
  3. ¿acaso las leyes de semejanza y contagio no son de universal aplicación?
  4. ¿la homeopatía actual será una media práctica? ¿O dónde está el vació?
  5. ¿En dónde encontramos la asociación de ideas de la homeopatía actual?
  6. ¿en dónde se encuentra la asociación de ideas por contigüidad de la homeopatía de hoy?
  7. ¿La homeopatía es magia?
  8. ¿saca tus propias conclusiones?

 

Obras consultadas:

LA RAMA DORADA:                                                              JAMES GEORGE FRAZER

FISIOLOGIA DEL ALMA:                                                     RAMATIS

MÉDIUMNIDAD DE CURA:                                                   RAMATIS

MANUAL PRÁCTICO DE MAGIA:                                        VIVIANA MOLINARI.

EL PODER DE LA MAGIA:                                                     ANONIMO

LA HECHICERÍA:                                                                     SERGE UNTHIN

CIENCIAS OCULTAS:                                                               ERNESTO KIRT

TODO SOBRE LA BRUJERÍA:                                                 ANONIMO

CURA MAGICA, ALQUIMIA Y MEDICINA:                        ADRIAN BESTEIRO

PARACELSO O EL TORMENTO DE SABER:                        PIERRE MARIEL

FORMULARIO DE ALTA MAGIA:                                          P. V. PIOBB

 

Conclusión:

Por plausible que sea una teoría, la experimentación tiene la última palabra. 

Vientos de cambio.

Todos seremos calificados por competencia, y el tiempo es corto (3 años).

Curso de Radiónica terapéutica a cargo de Juver Osorio R. el alternativo que ha revolucionado el concepto de la salud.

Juver dedicado a la formación de terapeutas y a personas que deseen profundizar en el estudio de la radiónica.  Egrégora, teoría y práctica de la más moderna tecnología alternativa.

El objetivo es sanar el cuerpo y el espíritu, trabajando con 5ª esencia, cromosofía, Espagíria y homeopatía radiónica del segundo nivel, laboratorio. Curso por módulos para sanadores con inquietudes interiores que deseen profundizar en lo más hondo de su ser, mejorar sus conocimientos, realizarse personalmente y profesionalmente.

LA   SALUD   Y   LA   ENFERMEDAD

Parágrafo No. 23

Antes que nos trasmitáis vuestras consideraciones sobre la eficacia del tratamiento homeopático, prometidas hace mucho, desearíamos que nos expliques como se originan las molestias, particularmente en el mundo oculto de Las fuerzas que alimentan el pensamiento y el sentimiento.

Respuesta: La salud y la enfermedad, son producto de la armonización y desarmonización del individuo con las leyes espirituales que actúan desde el mundo oculto sobre el plano físico. Las molestias, por tanto, ponen de manifiesto en el mundo psíquico e invisible a los sentidos de la carne, cuando ¡el alma está enferma! La cantidad de cólera, envidia, lujuria, codicia, celos, odio o hipocresía que el espíritu haya acumulado imprudentemente en el presente o en las existencias físicas anteriores, forman un patrimonio “morbopsíquico”, una carga insidiosa y toxica que, en obediencia a la ley de la Armonía Espiritual, debe ser expurgada de la delicada intimidad del periespíritu. El mecanismo ajustador de la vida, actúa drásticamente sobre el espíritu que incurrió en falta, al mismo tiempo que el fardo de sus fluidos nocivos y enfermos se va difundiendo por su cuerpo físico.

Durante el periodo gestatorio de la nueva encarnación, esos residuos psíquicos venenosos provenientes de energías gastadas mórbidamente, se condensan gradualmente en el cuerpo físico a medida que este crece y, por fin. Lesionan las regiones orgánicas que por hereditariedad sean más vulnerables.

Ese proceso mediante el cual el espíritu drena su psiquismo enfermizo a través de la carne humana, la Medicina lo estudia y lo clasifica bajo grave terminología  técnica,  preocupándose  más  de  las  “enfermedades” que de los “enfermos”. Aunque la ciencia médica clasifique ese drenaje en su nomenclatura bajo la denominación de lepra, pénfigo, sífilis, tuberculosis, nefritis, cirrosis o cáncer, se trata siempre de un espíritu enfermo que evacua en la carne su carga residual psíquica y deletérea que acumulo en el pasado o en el presente. La causa de la enfermedad, además de dinámica, es oculta a los ojos y sentidos físicos. El enfermo siente el estado mórbido en sí mismo, pero el medico no lo ve ni puede palparlo como si fuera una cosa objetiva.

Cuando ocurre su ma­nifestación física enfermando la carne, alterando los tejidos, deformando los órganos o perturbando los sistemas vitales, es porque el morbopsíquico alcanzo su final, después, de una larga excursión oculta por el organismo del enfermo, hasta alcanzar la periferia de la materia en donde se acomoda o acumula. Es — que el espíritu, a través de virosos esfuerzos, termina focalizando los residuos en una zona orgánica vulnerable, en su tentativa de eliminación toxica. Por eso, no es en el momento exacto en que el individuo acusa los síntomas materiales de la enfer­medad, que realmente está enfermo, aunque su mundo exterior no hubiese tenido conocimiento del hecho.

Las inflamaciones, ulceras, tumores, fibromas, tuberculosis, sarcomas, quistes, hipertrofias, cirrosis, adenomas, amebiasis, etc., son apenas las señales visibles que identifican la manifestación mórbida que “descendió” del psiquismo enfermo, exteriorizándose en la materia.

Parágrafo No. 24

¿Que podríamos entender por el aforismo que dice que la salud y la enfermedad vienen “de arriba para abajo” y “de adentro hacia afuera?”

Respuesta: Samuel Hahnemann, considero que la enfermedad como la salud, tienen su origen primordial en la mente, emociones, sentimientos y sensaciones de la criatura, como un todo vivo; es decir, cuerpo y alma. De ahí, pues, haber consagrado la ley que tanto la salud como la enfermedad, vienen de adentro hacia afuera y de encima hacia abajo, o sea, del alma para el cuerpo; o con su germinación en lo alto, que es la mente, o en el centro, que es el sentimiento de la criatura humana.

Ese concepto, extremadamente valeroso para el siglo XVIII, despertó muchas sonrisas irónicas y sarcasmo tonto contra el genio de la Homeopatía. No obstante, la nueva escuela psicológica moderna, que investiga la causa de los desequilibrios orgánicos en la vivencia psíquica, se familiariza cada día más con él y comprueba la justicia de los conceptos hahnemanianos. Actualmente, la medicina no opone duda que las perturbaciones mentales, emotivas y sentimentales, alteran profundamente el cos­mos orgánico. El espíritu humano, piensa por lo mental, siente por lo astral y actúa por lo físico, acarreando, hasta la periferia de su cuerpo, toda la carga mental y emotiva que se origina en su profundidad espiritual, produciendo las distintas modificaciones de fondo en ese trayecto oculto para el objetivo.

A través de la mente, circulan “de arriba para abajo” los pensamientos de odio, envidia, sarcasmo, celos, vanidad, orgullo o crueldad, incorporándose, en su pasaje, con las emociones del llanto, miedo, alegría o tristeza, que tanto pueden modificar la ética de los sentimientos como actuar sobre el temperamento, perturbando la solidaridad celular del organismo físico.   El cerebro es el principal campo de operaciones del espíritu; es el productor de las ondas de fuerzas que descienden por el cuerpo y se gradúan conforme a su campo energético. La onda de la rabia, cólera o irascibilidad, es fuerza que hace crispar hasta las extremidades de los dedos; mientras que la onda emitida por la dulzura, la bondad o el perdón, afloja los dedos en un gesto de paz.

Se sabe que el miedo ataca la región umbilical a la altura del nervio vago simpático, pudiendo alterar el funcionamiento del intestino delgado; la alegría afloja el hígado y desopila la bilis, mientras que en el sentimiento de piedad se refleja instantáneamente en la región del corazón. La oración colectiva y sincera de la familia ante la mesa de las comidas, es suficiente para calmar muchos espasmos duodenales y contracciones opresivas de la vesícula hepática, predisponiendo también a la criatura para la armonía química de los jugos gástricos.

El cuerpo físico es el prolongamiento vivo del psiquismo; es su forma condensada en la materia, por cuyo motivo sufre los más graves perjuicios de los estados mórbidos de la mente. La envidia, por ejemplo, comprime el hígado y el derrame de la bilis llega a causar brotes de ictericia, confirmando el viejo refrán que “cuando el individuo se pone amarillo, es de envidia”. El miedo produce sudores fríos y la adrenalina defensiva puede hacer que se ericen los cabellos; mientras que la timidez hace afluir la sangre a la cara, causando rubor.

Ante el enemigo peligroso, el hombre se pone blanco, dominado por terrible palidez mortal; la cólera congestiona la sangre del rostro, paralizando el aflujo de la bilis y debilitando al colérico; la repugnancia vacía el contenido de la vesícula hepática, cuyo contenido, penetrando en la circulaci6n, produce náuseas y atontamiento. La Medicina reconoce que existe eczema producida por cólera o injuria, pues sobreviene la intoxicación hepática, y las toxinas y los residuos mentales penetran en la circulación sanguínea; la urticaria es muy común en aquellos que viven bajo tensión nerviosa y preocupaciones mentales. No son raras las muertes súbitas producidas por emociones de alegría o debidas a catástrofes morales inesperadas.

Por tanto, todas las partes del ser humano son afectadas por la influencia de la mente, que actúa fuertemente a través de los distintos sistemas orgánicos, como el nervioso, el linfático, el endocrinico o el circulatorio. Las recientes investigaciones médicas bajo la orientación de la medicina psicosomática, están confirmando que el psiquismo altera profundamente la compo­sición y funcionamiento de los órganos del cuerpo físico. En consecuencia, debido a su penetración infinitesimal, es la Homeopatía la terapéutica más acertada y capaz de operar e influir en la raíz de las emociones y pensamientos perturbadores, modificando los efectos de enfermedad que se manifiestan despu6s en la organización carnal.

Principalmente, los estados de enfermedad que provienen de las alteraciones del sistema glandular, son los más sensibles, particularmente al tratamiento homeopático, puesto que tienen su principal base de perturbación en las condiciones mentales del espíritu. Las dosis infinitesimales potencializadas por el proceso homeopático, expelen del psiquismo el potencial peligroso generado por la mente desordenada que sobrecarga el periespíritu con la carga mórbida de residuos tóxicos provenientes de sus contradicciones. En el caso de un hígado exhausto y abatido por la excesiva carga mórbida, que aflora “de adentro hacia afuera”, o sea “del espíritu hacia la materia”, ese órgano precioso, filtro heroico y responsable de la producción de las hormonas de la nutrición, necesita alivio inmediato y socorro energético, en vez de ser flagelado violentamente por la medicación toxica que, viniendo desde afuera, lo obliga a un trabajo excepcional.

En ese caso, la Homeopatía es la que mejor puede actuar a través de su procedimiento científico ordenado y exacto, sin obligar a los órganos abatidos a un drenaje intempestivo, reactivándoles las energías, con el fin de lograr una función terapéutica endógena y sensata.

 

EVOLUCION DE LA HOMEOPATIA

Parágrafo No. 25:

¿Puedes decirnos si  el empleo de la  Homeopatía  tiende a  difundirse, del mismo modo que sucedió con la Alopatía?

Respuesta: Tal como innumerables realizaciones e idealizaciones empíricas consideradas en otra hora como charlatanismo, se imponen actualmente como eventos científicos incontestables, la Homeopatía se ha de consagrar como una de las más exactas de las ciencias para curar al ser humano. Actualmente, la medicina alópata se siente casi impotente para solucionar muchos casos de enfermedades que se multiplican incesantemente, mientras que la farmacología moderna, bajo desesperada competencia comercial, se ve obligada a sustituir sus medicamentos con igual ‘ prisa que los modistos hacen variar la moda femenina.

El desenvolvimiento  mental  del  ciudadano   del   siglo  XX, como los actuales descubrimientos científicos en la esfera electrónica, dan suficiente capacidad al hombre para comprender el  mecanismo del mundo infinitesimal y el consecuente poderío de las dosis dinamizadas de la Homeopatía. Pero es evidente que la  historia  siempre  se  repite  cuando   ocurren  descubrimientos valiosos para la humanidad, pues esta es renuente a reconocer los   valores  de  sus  grandes  pioneros.   A  pesar  de la  consagración moderna del magnetismo y del hipnotismo terapéutico, Mesmer y  Braid,  sus  descubridores,  fueron  considerados   en  su  época, como hábiles charlatanes.  Pasteur, hoy consagrado como una de  las glorias irrefutables de la ciencia médica, fue también  hostilizado cuando intento demostrar la vida microbiana, Arguye Descubridor de la circulación sanguínea, y Semmelweis, el me­dico que identificó la fiebre puerperal, fueron considerados necios, pese a que sus descubrimientos forman hoy las bases de los más rigurosos tratados científicos modernos.

Samuel Hahnemann, el genio de la Homeopatía, sobrellevó su vida con amargura por la persecución y sarcasmo de los médicos alópatas.   Pero todo eso se ha de transformar en el más profundo respeto al criterio científico de la Homeopatía, pues llegara el momento en que la ciencia médica se arrepentirá de haber olvidado a aquel hombre durante tanto tiempo fue uno de los más grandes científicos de la humanidad, y su método terapéutico, encuadrado en la ley de que “los semejantes curan a los semejantes”, es el mismo que la Naturaleza acostumbra a emplear en el tratamiento de las enfermedades crónicas, cuando, bajo genial proceso, acrecienta otra función enfermiza a la dolencia que pretende curar.

Los médicos alópatas,  no ignoran que la ley del “similia similibus curantur” rige también los principios de la vacunoterapia, de la insensibilización alérgica en el tratamiento hormonal y forma parte de otras distintas terapéuticas modernas, mientras son preparados en dosis infinitesimales, los histamínicos, los isótopos, los coloides y los insensibilizadores.  Después de los descu­brimientos que  la  ciencia  logró  en  el  terreno  de  la  energía nuclear, ya no se puede dudar más del dinamismo establecido por Samuel Hahnemann en su trabajo homeopático.

Parágrafo No. 26:

Los instructores espirituales de nuestro planeta, ¿no podrían auxiliar la medicina alópata en la consolidación de su terapia, de modo tan preciso que se pudiese omitir el método homeopático? 

Si éste esta opuesto a la práctica tradicional de la primera, no sirve para aumentar aún más la competencia entre dos escuelas diferentes?

Respuesta: El progreso y la purificaci6n de nuestra humanidad son acontecimientos previstos en un gran piano espiritual mediante el cual es supervisada la vida terrenal, encuadrándose todos sus acontecimientos en una disciplina superior, con el fin de que cada cosa pueda encuadrarse en su ciclo exacto, en beneficio de la evolución general. La técnica evolutiva de la vida del hombre, determina que, a medida que cierta cosa se consolida, otra debe estar pronta para sustituirla en el futuro.

Cuando la medicina alópata mal consolidaba aun sus prin­cipales fundamentales, organizando su cuerpo doctrinario y disciplinando la formación médica por el curso académico, la ley progresista orientaba los primeros estudios y experimentaciones, todavía indecisos, en la esfera de la Homeopatía.

Samuel Hahnemann y sus devotos discípulos, como espíritus misioneros al servicio del bien de la humanidad, descubrían las primeras leyes y establecían las reglas fundamentales de un nuevo sistema terapéutico que más tarde deberá imponerse al viejo método de curar, convirtiéndose en preciosa contribución a la Medicina terrenal.

Como los homeópatas se asemejan a valerosos pioneros atravesando la selva hostil de los sarcasmos y desconfianza medica alópata, no pudiendo aun revelar toda la capacidad de la Homeopatía, el plano espiritual mueve otros recursos terapéuticos, cuyas raíces, por ahora ocultas, parecen basarse en los mismos principios que rigen las curas mediante las experiencias homeopáticas.

Se trata de la moderna medicina “Psicosomática”, que considera al hombre como algo  más  importante  que  una  simple máquina y pretende tratarlo como una entidad global, un todo cuerpo-alma, y considerarlo terapéuticamente en todas sus relaciones íntimas con el ambiente.  En consecuencia, es una eficiente, terapia que servirá para llegar más fácilmente a la psicoterapia, libre, por tanto, del medicamento material.

Con esta explicación, será fácil comprender que  en  el tratamiento de la salud del hombre, la Ley Espiritual va empleando distintas técnicas compatibles con su progreso mental y científico, pero procurando siempre su mayor elevación y cura  psíquica.   He ahí porque los métodos de la medicina bárbara del pasado como la exageración en la cauterización mediante el hierro al rojo vivo, la excentricidad de las mutilaciones, ven tosas, sedales, exutorios, fontanelas, sanguijuelas y de la terapéutica escatológica, el tratamiento por medio de los vomitivos y  purgantes en masa,  la medicamentación contradictoria, versátil y toxica de la medicina alópata fueron apenas grados prepara torios e hilos intermediarios que consolidan el éxito de la terapéutica homeopática, preparando el terreno para la futura me­dicina psicoterápica pura y racional, cuando el hombre consiga ‘ mayor adelantamiento espiritual.

La Homeopatía no es una doctrina médica deliberadamente, adversa a la Alopatía y si una resultante natural del progreso terapéutico en el mundo terreno, conforme con la evolución mental y psicológica del hombre. Es un método que no debe ser subestimado y que no desaparecerá bajo cualquier crítica académica, porque representa exactamente una de las etapas avanzadas de la Ciencia Médica, en camino hacia la Psicoterapia absoluta.

Parágrafo No. 27:

¿Cómo podríamos tener una idea de esa etapa avanzada de la Ciencia Médica, en donde la Homeopatía representa la base favorable para la Psicoterapia absoluta del futuro?

Respuesta: El medico que pasara del conocimiento y del hábito exclusivo de la Alopatía al ejercicio de la medicina psicosomática, sin conocer primero los efectos y las sublimaciones  científicas  verificables  que  la  práctica  de  la  Homeopatía ejerce en los temperamentos, en la mente y en el psiquismo, se enfrentaría con grandes dificultades en su diagnosis, desperdiciando precioso tiempo al margen de conjeturas. La naturaleza de las indagaciones del médico psicoterápico y su consecuente juicio terapéutico, puede muy bien que no correspondan a la realidad esencial del psiquismo del paciente, si ese medico ignora el sentido exacto de las leyes espirituales que disciplinan la manifestación del espíritu en la forma carnal.

El enfermo no revela por sí mismo al médico, con toda exactitud, los principios psíquicos desarmonizados que son la causa exacta de su enfermedad, y si pudiese hacerlo, obviamente seria su propio médico. El enfermo expone los efectos mórbidos de las causas ocultas que ignora, y procura la solución a través de personas entendidas; revela sus impresiones al responder a las indagaciones médicas, sin que por ello este identificando la reali­dad causal y revelando los hechos tal como ellos ocurren. Toda la sintomatología orgánica o psíquica observada por el médico o trasmitida por el enfermo al mundo exterior de la materia, es apenas un efecto de lo que se produjo bajo la regencia intima de leyes y principios espirituales comúnmente ignorados tanto por el medico como por su paciente. Todos los fenómenos de vuestro mundo, tales como el calor el frio, la electricidad, la tempestad o la simple composición del agua, obedecen a las inmutables, idénticas en cualquier latitud del globo o en cualquier época de su apreciación. El éxito del progreso y de la realización científica en el mundo terrenal, no se debe totalmente al descubrimiento de los fenómenos propiamente dichos o al hecho de haber sido controlados en su manifestación espontánea o conocidos en su origen, pues el suceso se interpretara cuando los científicos hayan podido identificar la naturaleza de las leyes que rigen tales fenómenos.

Será necesario pues, que en el examen del enfermo, el me­dico no confié solamente en aquello que puede impresionar sus sentidos físicos o despertarle asociaciones de ideas que favorezcan sus conjeturas psicológicas, aun cuando el resultado pueda satisfacer los métodos oficiales e indagativos establecidos por la Psicoterapia o por el Psicoanálisis. Eso implicaría un ajuste de síntomas físicos o presumiblemente subjetivos, a programas y reglas, y a una técnica creada por los hombres; pero con ignorancia de la vigencia exacta de las leyes espirituales indiscutibles que disciplinan los fenómenos, pero que no se modifican en modo alguno a pesar de las nuevas doctrinas científicas creadas por el hombre. Sentado esto, es preciso que en cualquier investigación mórbida se procure descubrir antes, cuales son las leyes exactas creadas por la Naturaleza o por la Divinidad, que realmente gobiernan las causas y los efectos de las enfermedades en observación.

Esas leyes inmutables y espirituales que actúan indiscutiblemente sobre las causas y los efectos en la vida humana, estableciendo tanto la salud como la enfermedad, actúan específicamente en el mundo mental oculto que nutre el pensamiento, como también en el mundo etéreo-astral que alimenta las emociones e ínterpenetra la manifestación del espíritu humano en la forma física. Los sentidos físicos, como recursos identificadores de la persona en el mundo carnal, observan y valoran las formas; pero estas son apenas una expresión grosera y transitoria de las energías libres que “descendieron” o “bajaron” de los planos ocultos e imponderables, para plasmarse orgánicamente en el escenario de la vida material.

Y como las dosis homeopáticas infinitesimales y dinamizadas consiguen penetrar intensamente en ese mundo oculto de las fuerzas libres, pues interfieren hasta en los síntomas mentales, la Homeopatía debe considerarse como una etapa de avanzada de la ciencia médica moderna, sirviendo de base experimental para el éxito definitivo de la Psicoterapia.

Parágrafo No. 28:

¿Podrá la Homeopatía convertirse en una ciencia que dispense la cirugía?

Respuesta: En modo alguno, pues solamente la cirugía podrá atender los casos de lesiones corporales, deformaciones orgánicas, estenosis o destrucción y rotura de los tejidos, así como la extracción de cuerpos extraños al organismo humano. Sin duda, la Homeopatía podrá ayudar a consolidar fracturas en los casos de accidentes óseos o favorecer determinada calcificación en las lesiones pulmonares. En cuanto a la operación mecánica de componer huesos o ajustar músculos traumatizados, sólo la intervención quirúrgica u ortopédica podrá resolver el caso.

No tenemos la intención de considerar la Homeopatía como la única ciencia médica, como tampoco la consideramos capacitada para que su dinámica pueda sustituir la preciosa asistencia quirúrgica que puede resolver o corregir las deformidades orgánicas. Queremos explicar que la sabiduría homeopática es medicina que, en su penetración sutil en el cosmos orgánico, puede conservar mejor la salud humana porque, además de curar las enfermedades más contumaces, inmuniza el organismo contra futuras consecuencias, evitando determinadas intervenciones quirúrgicas.

Nuestro principal objetivo en estas consideraciones, consiste en despertar la atención de los facultativos bien intencionados, a fin de que estudien atentamente la medicina homeopática, comprobando que cura por la movilización de las fuerzas del propio organismo, en vez de forzar los órganos enfermos a un trabajo aislado, obligados a funciones violentas e inesperadas para los cuales no están preparados ni fortalecidos, resultando más bien agravados por el drenaje tóxico de la medicina alópata. Bajo la Homeopatía, es el propio organismo el que acelera y dinamiza sus energías vitales, promoviendo las operaciones necesarias para sustentar y destruir la invasión microbiana perniciosa. Ella reeduca el organismo y lo inmuniza en sus bases energéticas y vitales, potencializándolo en un estado de vigilia y seguridad que lo coloca a la defensiva contra cualquier enfermedad imprevista.

Parágrafo No. 29:

En cierta ocasión, hemos oído decir a personas entendidas en cuestiones terapéuticas, que la Homeopatía no evolucionó  ¿Qué podéis decirnos al respecto?

Respuesta: Uno de los principios más importantes de la Homeopatía, es el estudio de las relaciones reciprocas del individuo, en contacto con las manifestaciones comunes de su morada física. Muchos de los principios adoptados por Hahnemann, están en franca aceptación por la medicina alópata, aunque solamente los reconozca bajo otros aspectos y quiera negarles la prioridad en la práctica homeopática. Los homeópatas, como ya os hemos dicho, consideran siempre al hombre enfermo en sus relaciones con el ambiente en que vive, pues además de la necesaria búsqueda de las causas mórbidas generadas en la intimidad de la criatura, la estudia en cualquier analogía que ofrezca con el mundo exterior en donde ella opera.

Como la Homeopatía se funda en principios inmutables y bajo leyes permanentes que garantizan la estructura definitiva de la doctrina, es evidente que su evolución solo podría  ser constatada en la multiplicidad y en la variedad de la aplicación de nuevos medicamentos dinamizados. A medida que aumenta la población terrestre, crece también el número de nuevos tipos psicosomáticos capaces de recibir modificación o impresión de nuevas oportunidades terapéuticas de los medicamentos dinami­zados.

Así como las leyes y las reglas espirituales que gobiernan el mundo terreno son inmutables y ciertas, las leyes que fundamentan la Homeopatía no se alteran ni se sustituyen en época alguna ni en ninguna latitud geográfica del orbe. Sus leyes no evolucionan, porque son principios definitivos derivados de las leyes que gobiernan la vida espiritual, que a su vez son fijas como el propio Dios, que no evoluciona, puesto que ya contiene en sí mismo el máximo de sabiduría, Poder y Voluntad. Ellas regulan la afinidad entre las sustancias, la cohesión entre los astros y la afinidad entre los seres, pues se derivan de una sola Ley, que es la Ley del Amor de Dios expresándose por medio de varias formas y pianos de la vida cósmica.

Es por eso que tanto en el pasado como en el presento y como lo será en lo futuro, la ley de ‘los semejantes que curan a los semejantes”, permanece disciplinando el proceso de la cura homeopática, sin alteración alguna en su fundamento inmutable.

Esta es una de las principales verdades de la Homeopatía, bajo cuya ley se mantiene la misma calidad original desde su consolidación, pues solamente la modificación de tal principio funda­mental es lo que podría cambiar también la doctrina de la medicación infinitesimal.

Parágrafo No. 30:

Pero el descubrimiento de nuevos medicamentos, ¿no comprueba también que la Homeopatía necesitó de otros recursos terapéuticos y que, por tanto, carece de progreso?

Respuesta: El progreso de la Homeopatía solo sería comprensible en su mayor amplitud de servicio terapéutico con la identificación de nuevos tipos de enfermos en su área de aplicación medicamentosa. Además de sus medicamentos seculares, fueron también dinamizadas nuevas sustancias que pudieran atender a nuevos tipos de enfermos, algunos cuyos temperamentos “sui generis” son más afines a la inquietud del siglo atómico. En vista de la complejidad y superactividad en que vivís actualmente, aumentan también las susceptibilidades de los individuos, que son obligados a constantes mutaciones que aceleran sus reacciones temperamentales y sensibilizan su psiquismo lleno de angustias cotidianas. Por eso es que los homeópatas modernos encuentran también tipos más sutiles y complejos para su acostumbrada identificación psicofísica, pues no pueden despreciar sus inesperadas reacciones, propias de la vida bulliciosa de las ciudades y de las mil adaptaciones en la atmósfera saturada de electricidad, emanaciones químicas y creciente radiactividad, cosas que no sucedían en la época de las experimentaciones de Hahnemann y de sus devotos discípulos. Ellos se ven obligados hoy a emplear un proceso semejante al que en la medicina alópata, se acostumbra a hacer con los enfermos alérgicos cuando se les aplica la medicación insensibilizadora, para ayudarlos a expeler los factores alérgicos. Así, procuran primeramente neutralizar en sus pacientes los factores provenientes del ambiente sumamente contradictorio, a través de dosis preventivas que desintoxiquen e insensibilicen el psiquismo afectado por los disturbios de la vida moderna, por la cual aumenta cada vez más la perturbación, debido a los motivos ya apuntados.

Aunque en la vida actual se hayan manifestado nuevos y múltiples factores de perturbaciones que todavía no existían y hasta eran imprevisibles en la época de Hahnemann, todos los principios de su genial método de curación, continúan aplicándose cada día con mayor éxito. Los homeópatas modernos pudieron comprobar que el sistema terapéutico hahnemaniano posee un arsenal definitivo para atender a todos los tipos de individuos que constituyen la escala humana, cuyo éxito de curación depende, sin duda, de su efectividad.   He ahí por qué la Homeopatía, como ciencia exacta y disciplinada por medio de reglas perfectas y derivadas de elevadas leyes espirituales, no presenta un patrón evolutivo diferente de su doctrina original, puesto que ya se consolido, en su comienzo, bajo inalterable cualidad espiritual. Su progreso, por tanto, si así se considera, ha de consistir en su eficiencia en atender la mayor cantidad de pacientes.

LA  TERAPEUTICA  HOMEOPATICA

Parágrafo No. 31:

Hemos tenido ocasión de observar que algunos médicos homeópatas, al examinar a sus consultantes, dejan de lado el cuidadoso examen clínico propio de los médicos alópatas, pareciendo que son indiferentes a los exámenes de laboratorio, radiografías, reacciones sanguíneas y, algunas veces, se limitan a anotar una serie de indagaciones que nada tienen que ver con la enfermedad. Creemos que tal sistema de hacer clínica, inspira cierta desconfianza, pues el cliente observa que no está siendo examinado bajo la técnica médica a la que todo el mundo está acostumbrado.  ¿Qué podéis decirnos al respecto?

Respuesta: El medico homeópata experimentado, integrado suficientemente en su función terapéutica, estudioso de las leyes espirituales, a pesar de ser un científico limitado por los cinco sentidos, casi siempre es un ser intuitivo y de sensibilidad psíquica agudizada, capaz de sondear al enfermo, no solamente en función de su molestia, sino también en su todo “cuerpo y alma”, o sea, de conformidad con lo que el enfermo piensa y siente, y como actúa. Su tarea consiste en individualizar el remedio más afín y en mayor sintonía con su carácter, con su temperamento y con el todo psíquico de su paciente. Se preocupa mucho más por el enfermo que en diagnosticar su enfer­medad.

El paciente del médico homeópata, no debe ser considerado simplemente como el portador de un órgano o de un sistema afectado, o en función de una dolencia específica y, por encima de todo, investigado en razón de su tipo psicosomático, considerando todas sus idiosincrasias y síntomas mentales. La suma del todo mental, psíquica y física del individuo, es lo que interesa particularmente al médico homeópata;  su entendimiento Psicológico, su sentimiento, su emotividad y su raciocinio, en atención al ambiente en que vive. Es fuera de duda que en cualquier manifestación enfermiza, no se opera en el individuo la separaci6n del sentimiento y la razón, o voluntad y entendimiento, por cuanto, si tal cosa sucede, resultaría la alienación mental, el completo descontrol orgánico y hasta su muerte fatal.

De ahí que es preciso considerar que la sabiduría homeopática se deriva de la sabiduría divina, pues si el hombre es un todo manifestándose intensamente en el escenario del mundo físico, es obvio que, cuando él se enferma debe ser tratado también “de conformidad con sus obras”, o sea: de acuerdo con sus realizaciones, pensamientos, voluntad y sentimientos consagrados en su vida psíquica y física. Para el medico homeópata, lo que importa del paciente es su temperamento, sus manías y sus reacciones emotivas; y si fuera posible, ¡hasta sus virtudes y sus pecados! De este modo, el medico puede recetar en perfecta conformidad con el carácter y cuadro mental del enfermo, escogiendo la dosis capaz de cubrir lo más posible toda la manifestación mórbida del alma y del cuerpo de su consultante.

El medico homeópata compone el retrato físico y mental del individuo, investigando su sentido personalísimo y la elasticidad de sus concepciones morales, religiosas o filosóficas; la capacidad de su raciocinio y hasta sus excentricidades en las relaciones de la vida común. De esa forma, individualiza el reme-dio que mejor corresponde a la sinopsis mental psicofísica que pueda neutralizar las perturbaciones en su fuente original. Modifica, en fin, los síntomas mentales y expele los residuos tóxicos que oprimen el periespíritu del enfermo debido a los desequilibrios temperamentales de la personalidad humana. Es indiscutible que esa investigación cuidadosa, exige del médico homeópata un profundo conocimiento de las leyes espirituales que gobiernan la vida humana, con el fin de poder aplicarlas dentro del principio básico de la Homeopatía. Hay, así, gran semejanza entre el proceso homeopático, en la búsqueda de los ascendientes psíquicos del enfermo, y la acción de la ley del Karma, de la ley de Causas y Efectos que disciplina los procesos reencarnatorios y las rectificaciones de los espíritus, en los mundos físicos.

De ahí el hecho que el mayor éxito del homeópata, depende mucho del tipo de su convicción espiritual, pues además de su tarea científica, psicológica y de buen “lector de almas”, ha de ser también eficiente filósofo de las leyes de la vida y del espíritu sobreviviente.

Parágrafo No. 32:

¿Cómo podríamos apreciar mejor esa profunda relación entre la Ley Kármica y el tratamiento empleado por la Homeopatía, a que os habéis referido hace poco?

Respuesta: Los mentores del orbe terrestre responsables de los destinos humanos, prescriben muchas veces la cura reencarnatoria por un sistema que podemos llamar “homeopatía espiritual”; lo que sucede cuando ciertas criaturas enferman por haber subvertido la acción bienhechora de las leyes de la vida en su actuación en los mundos físicos. El cruel, el déspota que abusa de su poder sobre los pueblos humillados, puede ser comparado a un individuo intoxicado por un medicamento violento.

Entonces, la Ley Kármica, actuando bajo la ley “de los semejantes”, prescribe para la curación de esa intoxicación espiritual, la reencarnación del culpable en situación humillante, ligado a viejos adversarios encarnados en la figura de parientes, desafectos o jefes tiránicos, que lo atormentan desde la cuna hasta la sepultura, a semejanza de verdaderas dosis pequeñas de medicamentación homeopática. La Ley Espiritual, en lugar de violentar el alma enferma de tiranía, sujetándola a una terapia de tipo alopático que puede eliminar drásticamente los efectos sin extinguir la causa de la enfermedad, prefiere someterlo a la dinámica de las dosis homeopáticas, situándolo entre los tiranos menores que, entonces, activan o destacan gradualmente su estado enfermizo. En el primer caso, el tirano seria castigado “alopáticamente”, por el hecho de ser considerada la tiranía como digna de la más drástica eliminación; en el segundo, la Ley del Karma reeduca al tirano, haciéndole sentir en sí mismo los efectos dañinos que sembrara antes. Pero deja su raciocinio abierto para emprender su rectificación psíquica, a semejanza de lo que hace la Homeopatía, que reeduca el organismo sin violentarlo y lo ayuda a renovarse bajo menor cohesión mental y reflexión sensata del enfermo.

Como Dios no castiga a sus criaturas, todas las leyes fundamentales de su Creación, objetivan la renovación y el reajuste progresivo del “pecador”, impeliéndolo para que logre su más pronta ventura espiritual.   Ese tratamiento gradual de recuperación del espíritu a través de las distintas reencarnaciones físicas, actúa, pues, como una especie de homeopatía espiritual, mediante la cual la Ley ajusta la maquinaria psíquica del hombre, sin violentar su conciencia formada en el tiempo.

Parágrafo No. 33:

¿Cuáles son los mayores factores que al comienzo pueden dificultar la cura definitiva del enfermo, bajo el tratamiento homeopático?

Respuesta: La impaciencia y la prisa del enfermo deseando una cura instantánea, creyendo que removidos los síntomas dolorosos, queda también removida la causa, produciendo estados psíquicos de angustia y desconfianza, que constituyen cortinas de magnetismo negativo que resisten y perturban la plenitud del efecto potencializado de la Homeopatía.

En general, las curas por la Homeopatía, no son tan espectaculares y tan rápidas como las que se obtienen con la terapéutica alópata, toda vez que esta suprime los síntomas dolorosos de modo brusco, aunque puedan ocurrir futuras recaídas más peligrosas o recrudecer las enfermedades crónicas e incurables incubadas en el organismo. Las dosis homeopáticas, cuando son individualizadas con precisión por el homeópata, no solo solucionan las causas de la enfermedad extinguiendo los síntomas mórbidos que afectan cualquier región orgánica, sino que actúan profundamente en la intimidad del organismo y resuelven otros estados enfermizos que puedan presentarse en el futuro.

Los que recuren al tratamiento por la Homeopatía, quedan generalmente, vacunados contra varios tipos de brotes epidémicos contagiosos, sin tener que sufrir el peligro de la saturación medicamentosa.  La homeopatía reeduca el organismo para mantener   activa   su   defensa   y   proporcionarle   energías   que   serán controladas  por  el   espíritu,  para  atender con   mayor  prontitud „ al equilibrio psicofísico.

Las altas dosis, higienizan el aura vital haciéndola  más  lucida,   pues   no   solo   favorecen   la   circulación desahogada  de  las  energías  que  vitalizan  todo  el  sistema,  sino que establecen en el ritmo del trabajo  armonioso y coherente de los “chakras” sobre el “duplo etérico’, que es el cuerpo intermediario entre las relaciones del espíritu y el organismo carnal.

Es cierto que la depuración del espíritu se debe procesar de dentro hacia fuera a través de la evangelización consciente de una vida digna a la luz del día; pero, así como la absorción de fluidos animales inferiores ofusca y oscurece el campo áurico del periespíritu, este también se aviva y aclara cuando la prescripción homeopática es acertada.

Por tanto,  la terapéutica homeopática,  es la gran  auxiliar de la terapéutica del propio espíritu.

EL   TIPO   DEL   ENFERMO

Y   EL   EFECTO   MEDICAMENTOSO

Parágrafo No. 34:

¿Qué se entiende por “individuo electivo” en el tratamiento homeopático, al cual os habéis referido en distintas ocasiones?

Respuesta: El tipo electivo, es el que presenta predisposición para la terapéutica homeopática, Así como hay individuos con mejores disposiciones para la música, la pintura o la escultura, los hay también que son sensibles al medicamento homeopático, de psiquismo confiado en la medicina, a pesar de ser aparentemente inocua. Esos individuos son capaces de ahorrar las energías y evitar los excesos, cuando se entregan al tratamiento infinitesi­mal. Íntimamente, se eligen para la absorción del remedio; dinamizan, en sí, no la fe inconsciente del sentimentalismo popular y si la disposición animadora, científicamente dinámica en las vibraciones curativas; siguen al encuentro de la poderosa emisión energética de la alta dinamización.

La homeopatía es una terapéutica que se encuentra en las fronteras espirituales, y las condiciones psíquicas negativas perjudican su incorporación energética, mientras que la disposici6n ” favorable es base para el éxito. Solamente en los casos “neutros” de los niños, es cuando la Homeopatía actúa en forma de prescrip­ción pura.   El otro tipo electivo para el tratamiento homeopático, tipo casi congénita, es del individuo con gran sensibilidad espiritual, accesible a las ideas nobles, delicado, de psiquismo bien formado y afecto al dinamismo creador.  La creencia en las fuerzas magnéticas y la convicción de la supervivencia del alma, son factores que operan en la condición  electiva.   Ya  hemos explicado que la Homeopatía será la ciencia de más éxito en el futuro, porque exige, también, mayor cuota de espiritualidad.

Parágrafo No. 35:

Nos cuesta creer que la cura por la homeopatía pueda ser auxiliada o perjudicada conforme al carácter del paciente.   ¿Podéis aclararnos mejor ese asunto?

Respuesta: Si no fuera así, la medicina homeopática ya habría curado todas las enfermedades físicas de la humanidad terrestre.

El glotón, el falto de piedad, el incrédulo, el libidinoso, el alcohólico, el colérico y el avaro, no son pacientes electivos y de éxito absoluto para la terapéutica suave y generosa de la homeopatía, como lo son el frugal, el piadoso, el pacifico, el honesto, el casto, el espiritualista, el abstemio o el manso de corazón. Es la ley admirable y exacta de los “semejantes que se curan por los semejantes”, actuando en perfecta afinidad con ciertos caracteres, que determina a los primeros el tratamiento y la cura por medio de la terapia toxica y dolorosa de la Alopatía; mientras que los segundos quedan liberados de grandes sufrimientos, porque psíquicamente son electivos a la medicación suave de la homeopatía.

Resulta bien grande la dificultad de los médicos homeópatas, cuando necesitan trasponer el paredón granítico de ciertas almas embrutecidas, en donde la terapéutica suave de las dosis infinitesimales deja la impresión del esfuerzo que haría el rayo de sol para penetrar en el seno de un vaso sucio.

Parágrafo No. 36:

A pesar de vuestras explicaciones, nos extraña que hasta la disposición de la creencia o de la incredulidad espiritual, así como la naturaleza de ciertas virtudes o pecados, pueda influir en el tratamiento homeopático. Su acción esencial, ¿no es la de curar el cuerpo físico antes que la moral del enfermo?

Respuesta: Las dosis homeopáticas despiertan energías en la intimidad imponderable de las fuerzas creadoras del mundo infinitesimal, es obvio también que ejerzan mayor acción en el individuo de gran sensibilidad espiritual, accesible a las ideas nobles y a los principios superiores de la vida. Su cuerpo magnético, es de frecuencia elevada y noble, sintonizándose más fácilmente con la efervescencia de las fuerzas y magnetismo de las dosis potencializadas, sin debilitarlas por la presencia de energías inferiores y sin bombardearlas con los petardos tóxicos de la mente desordenada.

Por eso que las criaturitas, al ser menos capciosas y más espontáneas en sus manifestaciones infantiles, son curadas con más facilidad por la Homeopatía.

Aunque para muchos científicos y académicos parece ridícula que hasta la creencia vehemente en la inmortalidad del espíritu llegue a influir en el éxito de la terapéutica homeopática, también es cierto que el espiritualista alimenta una disposición magnética más positiva en su contextura espiritual. El Hombre sinceramente creyente en su supervivencia espiritual, emite mejores esfuerzos para elevarse a frecuencias vibratorias psíquicas superiores, contribuyendo al éxito de una medicina que tiene por función dinamizar las energías del cuerpo físico.

Cuanto más consciente y convencido se halle el hombre de su supervivencia espiritual, tanto más lleno de esperanza y optimismo estará sobre su futuro, manteniendo un magnetismo receptivo y excelente que se aviva bajo la acción energética de las dosis infinitesimales. Es evidente que el medico homeópata ha de tener más complejo para tratar y curar a un zulú embrutecido, que para administrar las dosis dinamizadas a un místico hindú sereno, frugal y pacífico, que tanto domina sus pasiones como se mantiene por encima de todas las vicisitudes humanas. El primero, es la criatura que emerge todavía de la primitiva animalidad con raciocinio primario y sentimiento rudo, inaccesible al energismo delicado de las altas dosis homeopáticas. El segundo, místico, sereno y comprensible, es un alma profundamente electiva y receptiva al catalizador homeopático que potencializará  las  energías  sutilísimas  de  su  elevado  psiquismo.

Parágrafo No. 37: 

¿Crees que el tratamiento homeopático actual es más eficiente que en el tiempo de Hahnemann?

Respuesta: Independientemente de cualquier época, la Homeópata cuenta con avanzados recursos terapéuticos de éxito seguro, pues aplica los principios y las reglas establecidos por Hahnemann, que son definitivos, sólidos e inmutables, tanto co­mo las leyes que rigen los fenómenos de la vida humana. Es cierto que los enfermos del siglo XX, además de ser menos electivos en relación con las dosis infinitesimales de la Homeopatía se muestran más onerosos para el tratamiento imponderable enérgico, pues desde la cuna, se saturan de antibióticos, sulfas, salicilatos, barbitúricos y toda clase de medicación violenta que dejan residuos tóxicos. Ante el más inofensivo resfriado, flujo nasal o dolor de oídos del bebe, que las abuelitas liquidaban con conocimientos de yerbas caseras o aceite caliente, los progenitores modernos los someten a la tremenda ofensiva de hipodérmicas, que lanzan en la circulación sustancias minerales ofensivas y antibióticos en exceso para una tierna organización que está despertando a la vida terrenal.

Por eso los homeópatas modernos, en muchos casos, antes de prescribir la medicación fundamental para el enfermo, necesitan someterlo a un tratamiento preventivo y específicamente desintoxicante, drenando tóxicos y residuos remanentes de la medicación inmoderada, maciza y tóxica. En general, los enfermos que buscan al médico homeópata, lo hacen después de haber “perdido la fe” en la Alopatía, cuando se encuentran desorientados, saturados de medicamentos y exhaustos por la incesante peregrinación a través de los consultorios médicos, en los cuales han recibido tratamiento de acuerdo con el tipo de la clínica especializada.

Aquí, ante un ritmo irregular acusado por el examen del electrocardiograma, el medico señala una disfunción cardiaca; allí, examinando la colecistografía del mismo enfermo, otro facultativo opina sobre avanzada estasis biliar o adherencia de la vesícula; allá, después de haber sido sometido a nueva serie de radiografías, se puntualiza el diagnóstico de la ulcera duodenal con las tradicionales “cavidades” de la terminología medica. El paciente, acuciado y viciado en la búsqueda de una “enfermedad”, olvidando que su problema mórbido es solo uno y que tiene origen en su psiquismo perturbado en esta o en la vida anterior, prosigue sometiéndose a nuevos exámenes, placas radiográficas e investigaciones  de laboratorio.

Procede a nueva investigación en todo su organismo, ya minuciosamente escudriñado por los más eficientes aparatos modernos, aunque evidentemente sin resultados satisfactorios. No es difícil que después de esa crucial peregrinación y sometido a todos los métodos de tortura impuestos por el tratamiento moderno, el en­fermo oiga de un sensato medico la afirmación siguiente: ¡”usted no tiene enfermedad alguna orgánica, pues su mal es de origen nervioso”! Y le prescribe la necesidad de absoluta despreocupación, mucho reposo y pocas medicinas, con el fin de evitarle mayor intoxicación.

Sin duda, para ese tipo de enfermo, el tratamiento homeopático seria excelente si no se hallase grandemente intoxicado por la Alopatía y sin fe en la medicina terrestre, lo cual lo  llevaría también a desconfiar de las dosis infinitesimales. Pero lamentablemente, todavía es pequeño el porcentaje de individuos que se encuentran realmente en condiciones mentales, emotivas y de confianza, para ser tratados por la terapéutica suave y exacta de la Homeopatía.

Parágrafo No. 38:

¿Podrás darnos algunas explicaciones más sobre esa predisposición mental y emotiva o de confianza para con la terapéutica homeopática?

Respuesta: En el ejemplo que os hemos dado antes, hemos procurado aclarar que no había enfermedad, sino un enfermo mental y emotivo que buscaba el diagnóstico externo de cualquier enfermedad clasificada científicamente. Su mal residía en el todo del individuo, actuando en su psiquismo y desorganizando sus nervios. Actualmente, el miedo al cáncer incurable afecta de tal modo la mente de ciertas personas que, en algunos casos, perturba su equilibrio biomagnético y llega a producir desarmonías orgánicas y estados de enfermedad extraños. Se acentúa esa angustiosa expectativa cancerígena, ante el temor común contra el más sencillo golpe, verruga, quiste sebáceo, etc., tranquilizándose únicamente los más pesimistas, cuando el médico le diagnostica otra enfermedad cualquiera diferente y que les inspire menor temor, aunque sea la ulcera gástrica, la colitis, la amebiasis o la diabetes.

Obviamente, cuando ese tipo de enfermo tan pesimista pierde la fe en la ciencia médica alópata, no obstante haberlo impresionado con todo su aparato técnico sensible a su organismo, tampoco deposita mucha fe o confianza en el facultativo homeópata, que le prescribe cosas insignificantes sin color y sin gusto… Ante tanto agotamiento neuropsíquico, saturación medicamentosa y completa desanimo, se hace mucho más difícil despertar por la Homeopatía la dinámica del cuerpo torturado y víctima de profunda melancolía. Realmente, para el homeópata, tal enfermo representa un serio problema, por haber sido inyectado, saturado de grageas, vitaminas y minerales diversos. Sin duda, ha de haber experimentado todo el arsenal de antibióticos, barbitúricos, salicilatos, sulfas, sustancias mercuriales y estricninas. En ciertos casos, su memorial puede ser aún más extenso, pues tal vez  haya  sido  sometido  al psicoanálisis  por  algún discípulo de Freud, que activó las emersiones del subconsciente y le fijó los recuerdos de la infancia, o haber sido sometido al examen de afamado psiquiatra que puede haberlo encuadrado bajo la terminología pintoresca de los tipos esquisotímicos o ciclotímicos, según los estudios de los temperamentos, hechos por Kretschmer.

Pero no cabe duda que se trata de un tipo de enfermo sin disposición electiva alguna y sin simpatía mental emotiva para con el tratamiento homeopático y por no poder demostrar los efectos medicamentosos de la Homeopatía en su organismo físico, tal como sucedía con los remedios alópatas, aumentara su desconfianza y desinterés por el tratamiento infinitesimal. Ignora, comúnmente, que son las energías vitales del organismo las que, bajo la acción dinámica de la Homeopatía, despiertan y efectúan la curación definitiva, atendiendo a la sabia dirección del espíritu inmortal.

Parágrafo No. 39:

Creemos que tal paciente, habiendo fracasado en el tratamiento alópata, tampoco será curado por la Homeopatía. ¿No es así?

Respuesta: La curación dependerá del propio paciente, como consecuencia de su celo, perseverancia, paciencia y confianza en el tratamiento prescrito por el medico homeópata, pues es evidente que no debe considerarlo un mago o un ser milagroso y si, un científico que opera obedeciendo las leyes inmutables del gobierno espiritual de su alma sobre el cuerpo físico. En vista de la inmutabilidad de los principios homeopáticos, y a los medicamentos que continúan con la misma eficiencia comprobada hace más de un siglo, la medicina homeopática podía curar también ciertos enfermos desengañados por la ciencia médica alópata, toda vez que el homeópata consiga identificar su tipo psicofísico exacto y, prescribirle el medicamento constitucional. Para probar esa eficiencia secular de la medicamentación homeópata, basta recordar que los mismos tipos de enfermos que hace casi dos siglos, Hahnemann curaba con China, Thuya o Natrum Muriaticum, continúan siendo curados todavía, actualmente, por los mismos medicamentos, siempre que esos enfer­mos presenten idénticos cuadros psicofísicos que son individualizados para la prescripción de tales remedios.

El mismo dolor de cabeza producido por el reumatismo blenorrágico, que Hahnemann curaba con Thuya Occidentalis cuando se manifestaba en individuos impacientes, de hablar rápido, que se irritaban o excitaban con facilidad, los homeópatas modernos continúan curándolos actualmente con la misma Thuya, siempre que sean los mismos tipos psicofísicos, aunque la terminología medica pueda clasificarlos modernamente como casos de cefalalgia nerviosa, jaqueca crónica o con cualquier otra designación patogénica.

Lo que importa realmente al homeópata, no es el nombre o la terminología que oriente el diagnostico de las enfermedades, pero si saber cuál es el tipo del enfermo, valorado en su todo psicosomático. En el ejemplo que precede, el homeópata lleva en cuenta que, además del dolor de cabeza oriundo del reumatismo gonocócico, el enfermo presenta la característica psicológica de ser fácilmente excitable o irritable, impaciente y nervioso por cualquier bagatela, y teniendo a la vista ese cuadro psicofísico, prescribe la Thuya Occidentalis. Además de tener en cuenta el aspecto enfermo del organismo del individuo, la sabiduría homeopática funda la prescripción de cada remedio bajo el mismo paño de fondo mental, psíquico y emotivo del enfermo en cualquier época, por eso permanece siempre estable su farmacología tradicional. La técnica homeopática, que es un proceso definitivo y científicamente comprobado por la experiencia, no cambia en su forma consagrada en el tiempo, puesto que, como ya os lo hemos dicho, ¡cambian las enfermedades pero no cambian los enfermos!

Parágrafo No. 40:

Nos agradaría comprender mejor por qué motivo ciertos enfermos pueden dificultar el diagnóstico y la selección del medicamento homeopático electivo a su tipo psicofísico, solo porque están saturados de remedios compactos alópatas o porque se sometieran a prolongado tratamiento médico antagónico con la Homeopatía. ¿No es suficiente al médico homeópata conocer la constitución temperamental o la característica fundamental del enfermo, para hacer con éxito la prescripción?

Respuesta: En nuestras consideraciones, hemos aludido las alteraciones secundarias que pueden ocurrir en el enfermo cuando por fuerza de las circunstancias se modifica su temperamento acostumbrado o cuando, debido a cualquier perturbación emotiva demorada, haya algún trastorno en su patrón mental congénito, dificultando al homeópata el reconocimiento exacto de su verdadero tipo psíquico. Hemos dicho que existen ciertas drogas entorpecíentes o productos tóxicos, algunos usados en la farmacología alópata, que pueden influir en la mente del individuo y establecer condiciones desarmónicas, tales como el alcohol, el opio, la morfina, la quina y la belladona, los cuales, aplicados en exceso, provocan perturbaciones visibles y orgánicas. Hay enfermos, pues, que en virtud de cierta saturación medicamentosa, se contradicen en su real individualidad y difieren en su psicología fundamental  o  en su  tipo  original psicofísico.   Algunos traen cierto artificialismo mórbido, como si un nuevo temperamento secundario se sobrepusiese a su real identidad. El enfermo que peregrina mucho tiempo por los consultorios  médicos  sin lograr la curación tan deseada, se somete continuamente a toda clase  de  exámenes  radiográficos,   sueros,   tubos,   radioterapias, operaciones, anestesias, cauterios, inyecciones, etc.  Termina volviéndose una criatura violentada  en su  temperamento  normal y excesivamente irritada o melancólica.   Viviendo bajo afirmaciones llenas de esperanzas e incesantes desengaños, y perspectivas  animadoras cuando  “descubren”  la  enfermedad,   angustias desalentadoras por el fracaso, perplejidad o vacilaciones médicas, ¡cada día se fortalece  en la  mórbida  convicción  de  su caso incurable!   Entonces, su temperamento fundamental sufre alteraciones,  dominado  por incontrolable  pesimismo.

El   enfermo procura nuevos facultativos, variando más y más veces sus tonos emotivos, así como sus esperanzas y desengaños.   Se somete a otros diferentes métodos psicológicos de indagación médica; recibe renovado trato terapéutico y colecciona nuevas opiniones y puntos de vista particulares.  Algunos médicos son extremadamente severos o rudos, con el propósito de impresionar y dominar a su paciente, mientras otros son dóciles y afables.  Hay médicos optimistas que alientan al enfermo y los  hay pesimistas  que optan por la fría realidad y se despreocupan de velar el diag­nostico.

Cuando el caso se hace difícil de resolver y el organismo del enfermo se agrava, éste se vuelve cada día más dudoso del poder de las drogas milagrosas de la farmacopea moderna; indeciso en cuanto a optar por esta o aquella prescripción, afligiéndose entre la sugestión de operarse o de confiar exclusivamente en su clínico, poco a poco se va convirtiendo en un pesimista, en un hipocondríaco, muchas veces desconfiado e incrédulo hasta de los propósitos sabios y educadores de la vida humana. Amargado por su melodrama interior, por su “enfermedad” considerada bajo los más variados rótulos profesionales y terminología médica, siente recrudecer aún más su estado enfermizo, mientras se descontrolan sus nervios y se intoxica su mente afligida. El desánimo, la melancolía y la incredulidad en la ciencia humana, llevan a ese paciente a la extrema neurastenia, pudiendo hasta perturbarlo en sus juicios y ponerlo siempre de mala voluntad con todo y para todos.

El recuerdo de sus padecimientos y la inutilidad de los diagnósticos sentenciosos sobre su mal, bastan para producirle perturbaciones mentales o modificaciones emotivas en su temperamento común. Es un estado mórbido que lo lleva a profunda depresión moral y que en algunos casos le impone hasta la incredulidad espiritual y un estado de rebelión fría contra cualquier sugestión superior. El verdadero temperamento funda­mental y congénita de ese enfermo, que es torturado y modificado por fuerza del clima angustioso que “vive en el silencio de su alma, el medico homeópata tendrá que descubrir y exhumar su coraza pesimista, de su melancolía y rebelión que son las manifestaciones accidentales provenientes del fracaso medico anterior. De ahí, pues, la necesidad que tiene la terapéutica homeopática moderna, de abrir el camino y desintoxicar ciertos enfermos, a fin de auscultarles la realidad temperamental y psíquica exactas, para poder prescribir con éxito las altas dosis constitucionales.

Parágrafo No. 41:

En algunas ocasiones, dijiste que para la mayoría de los hombres modernos es difícil el éxito inmediato por el tratamiento homeopático.   ¿Podéis aclararnos mejor, esto?

Respuesta: Antiguamente, el paciente que se sometía al examen médico homeópata, era menos complejo en su todo psicofísico y, por tanto, podía predecir con facilidad la naturaleza de su morbo y anotar las causas exactas y perturbadoras de su psiquismo. Pero, al ser la vida moderna tan contradictoria, contaminada por costumbres perturbadoras, de vicios elegantes y conflictos emotivos que se inician en la infancia y acompañan al hombre hasta la cueva del cementerio, se crea en él una segunda naturaleza humana más artificiosa, que se impone a la característica psíquica del ser. Se sobrepone a la verdadera individualidad fundamental del enfermo. En verdad, oscurece su verdadero retrato psicofísico, lo que induce al home6pata a vacilaciones, para preceptuar la dosis electiva fundamental.

El hombre civilizado del siglo XX, es un individuo habituado a una alimentación defectuosa; abusa imprudentemente de la vitaminaterapia y de los antibióticos a granel; vive intoxicado por la radiactividad exhalada por las experimentaciones atómicas, subvertido por los venenos corrosivos y viciosos del alcoholismo, el cigarro y de los entorpecíentes; atormentado por el bullicio de las ciudades; victima constante de los tóxicos medicamentosos; curtido por la violencia de las hipodérmicas y atrincherado detrás de los barbitúricos, con el fin de mantener el control nervioso y conseguir el reposo nocturno. Cada día pone en peligro su equilibrio nervioso, que es acicateado continuamente por las emociones desordenadas, aumentando, así, el número de los neuróticos. Aumenta la codicia por ganancias exageradas; se piensa en la angustia de la guerra atómica, en el alto costo de la vida, de esa vida que se agrava por el exceso de ruidos, de luz, de radiofonía, de humo por la combustión del aceite y la gasolina, y las emanaciones químicas industriales; cosas éstas con las cuales no se enfrentaba en otros tiempos el ser humano.

Ante ese bombardeo incesante, el psiquismo se halla indefenso, descontrolado y mórbido; agravado además por la fatiga orgánica, por las intoxicaciones alimenticias y medicamentosas, por las constipaciones crónicas, por las alteraciones barométricas y térmicas consecuentes de las adaptaciones imprevistas del hombre al transporte veloz moderno. Entonces, se perturban las colectividades microbianas responsables de la sustentación física, llegando hasta provocar cierta desintegración mórbida del protoplasma. Es cierto que la descomposición microorgánica es necesaria, con el fin de producir el elemento nutritivo a los virus y miasmas psíquicos desconocidos y ocultos, que “bajan” o se “materializan” desde el mundo astral para atender a la progenie de las bacterias y de los vermes necesarios como organismos simbióticos, útiles a la desintegración de los residuos de la alimentación en los intestinos. Pero ese acontecimiento biológico, debe ser realizado a través de ciclos disciplinados y no por fuerza de un psiquismo perturbado, como ocurre generalmente entre los terrícolas. Aun sabiendo que los microorganismos son productos orgánicos que resultan de la muerte de las células o por el desorden de las funciones orgánicas, se podría decir que en la intimidad oculta del cuerpo humano, se procesan fenómenos muy parecidos a los cuadros de las estaciones del año, cuando caen las hojas en otoño, descansa la naturaleza, y se activa cuando prolifera la vegetación en la primavera. La excesiva desorganización mental moderna y el estado de irritación constante de la humanidad, actúan perjudicialmente sobre el hombre, tal como sucede en los días tempestuosos cuando la atmósfera sobrecargada de electricidad, pesa y perturba toda la naturaleza.

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Comentarios en: "P.I.C (Cartilla 7)" (1)

  1. RAUL BARCO MAGALLANES dijo:

    Muchas gracias

    ________________________________

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