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         EL REGRESO DEL CURANDERO

                     ESCUELA PARA CURANDEROS                           

                            MAPA   FUNCIONAL.

                                                         Entrega 13.

 Demostración de que el Curanderismo es científico.

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Núcleo y envoltura del primer mapa funcional espiritual, para la  Escuela Curandera.

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CURANDERIA COMO PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN  CIENTÍFICA TEGUA.

Un Programa de Investigación Científica (P.I.C.) es una sencilla pero poderosa estructura cuyos conceptos esenciales constituyen el núcleo firme o estable de una propuesta. Este núcleo firme está fuertemente protegido contra refutaciones mediante una envoltura o cinturón de hipótesis auxiliares. A través de la envoltura, el programa asimila las anomalías o elementos que no caben dentro de sus límites cuando lo considera conveniente, soluciona los problemas que se le presentan en su desarrollo e, incluso, convierte las posibles refutaciones en evidencia positiva. El P.I.C. tiene, así, un carácter consistentemente progresivo.

Que EL TEGUA sea el objeto del cual se ocupa este programa, se debe a varias razones:

  1. Del modo como no existen enfermedades sino enfermos,

           no existen malas medicinas sino malos médicos.

 

  1. De hecho, toda medicina debe probar su validez y

           confiabilidad en el ámbito de la práctica y de la circulación

           social del conocimiento y no simplemente en los formatos

           del auto-proclamado único método científico.

  1. Toda disciplina científica evoluciona, se desarrolla, se consolida, sé auto ajusta o desaparece, gracias a sus propios logros. Muchas teorías científicas han sido ridiculizadas en sus inicios por razones concernientes al juego de poderes, más que por su propia debilidad, para ser luego reconocidas.

Seriamente estudiados, nada envidian a la complejidad conceptual  y  metodológica de disciplinas científicas ya consolidadas.

La pretensión no es acomodar la propuesta a los cánones del positivismo lógico, sino posicionarla en el concierto de las ciencias médicas. Por tanto, como disciplina científica comprende:

  1. Leyes
  2. Teorías
  3. Procedimientos
  4. Experiencias.

 El P.I.C, de los Teguas no se ocupa de la medicina alopática ni de la homeopática; cada una de ellas tiene su propia lógica y corresponde a otro programa. Esto no niega la relación de la medicina Tegua con principios universales de la ciencia y de muchas de las disciplinas relativas a la salud y, en general, a la vida. Un referente obligado lo encontramos en la nomenclatura de la UNESCO, la cual reconoce como disciplinas científicas a muchas que sorprenderían a los positivistas (la teología, por ejemplo) y no reconoce a otras que, sin embargo, son objeto de formación académica en niveles de pregrado y postgrado (la enfermería, por ejemplo) En la envoltura del P.I.C. de los teguas aparecen las primeras referencias a disciplinas y campos con los cuales este programa guarda necesaria y estrecha relación.

En lo Normativo; Es de interés central de este programa someterse a los parámetros y procedimientos de evaluación y certificación de su proponente, a través de las Normas de Competencia Laboral de Salud, de las normas de calidad tipo ISO y, desde luego, al amparo del marco legal vigente a nivel Nacional e internacional.

                                  CONSIDERACIONES BÁSICAS.

 El concepto de la medicina Tegua se ha asociado a lo empírico y lo empírico a ignorancia.

 Precisemos: Lo empírico y lo científico son sólo distinciones del conocimiento por su grado de elaboración. Los mismos positivistas colocan  lo empírico como la base del proceso científico, Muchas cosas empíricas funcionan muy bien aunque les falta el desarrollo correspondiente de lo científico, lo que no niega su validez ni su confiabilidad. Muchas cosas científicas terminan fuertemente cuestionadas sin que su carácter de cientificidad las ponga a salvo de fracasos.

El concepto de Tegua evoluciona diatónicamente, como muchos otros conceptos de las disciplinas conocidas: se construye, se depura y se consolida a partir de su validez como práctica en las llamadas comunidades rurales y urbanas y ha permanecido en ellas conservando su lógica interna en el contexto de relaciones sociales, culturales, económicas y políticas específicas. Como muchas otras prácticas de esas comunidades, han constituido una especie de misterio para los esquemas científicos imperantes. De lo que se trata es de desentrañar esa lógica interna, no para adaptarla al mundo “civilizado”, sino para develar su verdadero poder, en el ejercicio sincrónico de comprenderla en su contexto y determinar su validez en otros contextos.

La sabiduría de los sabedores, valga la redundancia, puede ser local, pero por serlo es también universal. En un mundo globalizado nada puede ya ser simplemente local, como nada puede ser simplemente hegemónico a nombre de ser universal. Globalidad significa diversidad y diversidad es fuente de unidad. La unidad de la diversidad es la que da origen a las clasificaciones de las disciplinas científicas, en donde la unidad estriba en los fundamentos que ellas deben compartir, y la diversidad reside en la capacidad de cada una para desarrollar su propio corpus teórico y sus propios procedimientos, es decir, su coherencia conceptual, su rigor metodológico, su capacidad crítica y su evolución dialéctica.

Este P.I.C. no busca generar un modelo para mantener la realidad existente, ni para introducir en ella pequeñas transformaciones que la mejoren; Pretende contribuir a la construcción de nuevas realidades conceptuales, metodológicas y fácticas en el ámbito del diagnóstico, el análisis y el tratamiento en materia de la salud humana, vista de manera integral y no fragmentada.

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           Por esta razón, el P.I.C. de Medicina Tegua descarta la charlatanería, si por ella entendemos el uso excesivo y vano del verbo o la capacidad de hablar de aquello que no se conoce.  En este sentido, el verdadero tegua no puede ser un charlatán; conoce los secretos ancestrales de la simbiosis del ser humano con la Madre Tierra, a quien concibe como un ser vivo que nos cuida y a quien debemos cuidar (el pensamiento telúrico del tegua); ha sido formado y sometido a largos ejercicios rigurosamente disciplinados y, lo más importante, validados en la criba de la experiencia; ha accedido al saber de los mayores en la medida en que ha demostrado su responsabilidad y su compromiso para perpetuar una tradición milenaria y, en la dimensión ética, para hacer de ella el uso adecuado. Desde luego, no faltan quienes, habiendo pasado tales pruebas, han caído en el tentador facilísimo del comercio cuando las ciudades y sus miserias se han convertido en el caldo de cultivo de la circulación de pócimas supuestamente milagrosas cuyo efecto más importante es el dinero captado para ser utilizado en estilos de vida que desdicen del sentido original de ser tegua. Es  estar en permanente comunión con la divinidad, sea cual sea la idea que de ella se tenga en cada ámbito socio cultural. Sin caer en determinismos, diré que un tegua puede conservar su carácter de sabedor en cualquier ciudad, como un indígena bien puede permanecer en su comunidad; depende del criterio ético y del cumplimiento de las leyes que gobiernan la razón de ser Tegua, chamán, Jaibana, brujo o Teguala.

Otra dificultad radica en la errónea idea, muy difundida, de asimilar charlatanería con esoterismo y ocultismo dada la práctica, también muy difundida, de quienes se presentan como numerólogos, astrólogos, sanadores, adivinos, líderes de nuevas sectas religiosas y curanderos, pero no son más que buenos vendedores de ilusiones y de dudosos milagros para capturar incautos,   Si cabe hablar de pecado, este es el mayor de muchos, pues se está traficando con la necesidad espiritual de los seres humanos que atrapados en sus desdichas, buscan desesperadamente ayuda en otro, y no comprenden que cualquier solución proviene de uno mismo, en conexión con la divinidad, y que el médico o el verdadero tegua son formidables instrumentos al servicio de su auténtico deseo de superar las propias miserias. Muchas de estas prácticas perversas han estado tocadas.

Charlatán es un término francés que recuerda a un vendedor de medicinas, Tabarin, quien en el París del siglo XVII ofrecía sus productos mediante un espectáculo. Tiene relación con el verbo italiano ciarfare, charlar.

Por la varita mágica de la clandestinidad, Sé que las han hecho más atractivas para el usuario, y han sido arropadas con el morbo del secreto para ponerse a salvo de ser descubiertas como fraude.

La pregunta es clara y contundente: ¿Qué es lo que se debe ocultar, sí la verdadera medicina Tegua puede demostrar, en una postura seria, su coherencia como disciplina científica? El esfuerzo es doble: De una parte, la medicina Tegua necesita deshacerse de la “caterva de vencejos” charlatanes y oportunistas, entre los cuales se cuentan aquellos que no están aún suficientemente preparados o creen que por asistir a un ceremonial tegua ya han sido ungidos con la sabiduría para descrestar paisanos. De otra parte, la medicina tegua requiere, sin perder su esencia, demostrar su carácter científico, justamente en medio de las descalificaciones de la ciencia positivista que se ha autoproclamado heredera única del conocimiento elaborado! Hay un tercer esfuerzo: tomar una decisión seria y cuidadosa, por sus implicaciones, a saber, revelar leyes, fundamentos y procedimientos que, de ser aceptados por la ciencia médica “oficial”, caerían en la lógica de ésta para ser adaptados, corriendo el riesgo de ser distorsionados.

La magia, desde luego, existe. El tegua, es un mago que conoce la unidad dialéctica entre claridad y la oscuridad, entre el bien y el mal, entre la magia blanca y la magia negra.

Antropológicamente, un mago es quien se ha hecho al dominio de las causas y los efectos mediante procedimientos acordes con el conocimiento de la esencia de los fenómenos. Esto es, en otras palabras, un científico, es decir: Quien se ha ocupado de desentrañar las leyes internas y externas que subyacen a la apariencia fenoménica de las cosas, porque sabe que la esencia de ellas no se revela por sí sola ni de una vez. Sabe también que requiere de un método, de un cómo que no por ser rigurosamente organizado es un camino único, pues comprende que la unidad está en lo conceptual gracias a la diversidad que permite lo metodológico. Por eso no existe el método científico, sino múltiples métodos posibles a los cuales el corpus teórico les exige correspondencia con su coherencia conceptual.

En el esfuerzo por avanzar de lo fenoménico a lo esencial, no existe diferencia entre el mago y el científico. La diferencia estriba en el grado de dominio alcanzado sobre eso esencial que ha sido develado.

No eran una caterva de vencejos, cantaba el poeta Luis Carlos López a su ciudad nativa, Cartagena de Indias.

Todos somos magos, en uno u otro nivel, en uno u otro sentido. Desde el hombre de las cavernas que dibujaba en lo profundo de ellas escenas de cacería, no como adorno de las paredes sino como una manera de atrapar la realidad más allá de la realidad misma y anticipándose a ella, hasta el moderno investigador que, aún proclamándose ateo, guarda para sí el deseo ferviente de éxito en sus trabajos, gracias al cual traía de anticiparse a la concreción de ese deseo. Las diferencias que se pueden establecer en esos niveles se remiten al grado de dominio que hemos mencionado sobre lo esencial y lo fenoménico, lo conceptual y lo metodológico, lo que permite hacer distinciones entre lo empírico y lo científico.

El empirismo no es, así, el no-apego al pretendido único método científico, sino el grado de elaboración del conocimiento que, pudiendo demostrar su validez, no ha avanzado a las formulaciones teóricas que permiten poner bajo leyes claras los fundamentos conceptuales que alumbran los caminos metodológicos. ¿Y quién de nosotros puede afirmar categóricamente que un tegua de las selvas o rural u urbano, no ha desarrollado tales niveles de profundidad sólo porque no ha publicado sus trabajos en revistas científicas o no ha sido reconocido por las culturas oficiales, tan celosas de su propio poder? ¿Quién de nosotros puede afirmar, así mismo, que un trabajo que se ajusta a los parámetros de esa ciencia oficial es científico sólo por cumplir con tales parámetros? Lo que está en discusión es la verdadera sabiduría, no los formatos en que han tratado de limitarla para la defensa de intereses propios.

No negamos las bondades de la medicina alopática, como tampoco sus debilidades y desaciertos. Muchos médicos alópatas son dedicados y abnegados servidores, auténticamente comprometidos con la tarea de ayudar al enfermo a superar sus problemas de salud. Aún así, si su labor se restringe a procesos de diagnóstico, análisis y tratamiento sólo del cuerpo físico, se descarta de manera peligrosa la necesidad de atender la dimensión emocional y espiritual del enfermo, asunto que suele dejarse a psicólogos y sacerdotes sin que las acciones de unos y otros se den de manera articulada. Además, muchos medicamentos que demuestran ser beneficiosos sobre él.

 El animal de la pintura rupestre no está simplemente representado, está cazado ya, antes de la cacería. Pintura y cacería son dos manifestaciones distintas de una misma realidad o, si se quiere, dos momentos diferentes de un mismo fenómeno. La clave reside en el dominio sobre ese fenómeno, pues si pintar es sinónimo de cazar, se está dando mediante este acto garantía de cumplimiento de una realidad real (la cacería) desde una realidad arbitraria (la pintura). Es la misma garantía de cumplimiento de la oración de un deportista antes de competir, o de un estudiante antes de presentarse a una prueba o de un aspirante a un cargo de una empresa antes de acceder a una entrevista, etc. Para nosotros, la medicina es, ante todo, una cuestión atinente a la necesidad espiritual de evolución del ser humano. Todo enfermo es tal cuando su cuerpo físico resiente sus desequilibrios espirituales (somatiza), bien sea porque la persona misma los ha generado, bien sea porque ha cultivado la condición de morbilidad necesaria para no resistir los ataques de virus y bacterias que circundan al ambiente. De allí el surgimiento de variadas nuevas opciones de medicinas que intentan una mirada más integral e integradora (holística) de la salud, llámense bioenergética, homeopatía, psicotrónica, orgánica, etc. De allí también el resurgimiento de medicinas ancestrales que habían sido descalificadas por no científicas y cuyos beneficios se hicieron evidentes a despecho de no ajustarse a los cánones de la medicina oficial y la lógica científica occidentales, sean la acupuntura, la medicina Ayurveda, las medicinas naturistas, entre otras, cuyo motivo de éxito se atribuyó, de manera simplista, al efecto placebo para poder mantener el desconocimiento hacia ellas como científicas. Hoy, graciosamente, se las ha mantenido a prudente distancia bajo el mote de “alternativas”,

Desde luego, en nuestra línea de consideraciones, queda la pregunta más evidente: ¿Es necesario ganar el reconocimiento de cientificidad para la medicina tegua? Bien podríamos proceder en el sentido inverso (al revés, que es el derecho de las cosas) y despreocuparnos de ese reconocimiento, dado que la necesidad estriba, antes que en éste, en la importancia de aportar al campo de la salud opciones orientadas a una medicina realmente integral, que se ocupe de las interacciones entre los siete cuerpos que constituyen la existencia del ser humano en todas sus dimensiones.

Epistemológicamente, la discusión se traslada ahora a los límites que demarcan la ciencia y la distinguen de la  pseudo ciencia.  Bajo este último concepto suelen ubicarse los conocimientos, las metodologías o  las prácticas que  se reclaman científicas sin serlo.

 Ver Documento SENA: “Caracterización Ocupacional Medicina Alternativa y  Terapias  Complementarias”. Bogotá, 2006, en el cual se hace un claro deslinde frente a la medicina convencional  alopática que no atiende, entre otras, las dimensiones emocional, espiritual ni social de la salud y, por tanto, la desligan del concepto integral de calidad de vida. Si bien coincidimos con el citado documento en la necesidad de ganar una visión sistémica, holística e Integradora de la salud y, en consecuencia, de la medicina, debemos desde  ya enfatizar una diferencia clave con  el mismo: nosotros   no concebimos al  ser humano en  interdependencia  con la naturaleza, sino como parte esencial  de ella, pues somos natura y Pacha Mama  o Madre Gaia es un ser viviente a  cuya  entraña  estamos  ligados permanentemente. Por eso,  para nosotros, la salud no es un concepto sino una vivencia  en la cual vida y muerte son  sólo momentos  diferentes  de un mismo estado esencial.

¿Sin serlo para quién? ¿Para la ciencia oficial? Si de eso se trata, la Pseudociencia o falsa ciencia es, sencillamente, todo lo que no se acomoda en estricto sentido a sus límites. De nuevo, nos parece que el asunto hay que centrarlo en la coherencia conceptual, el rigor metodológico y el respaldo de las experiencias, independientemente del enfoque con el cual se trabaje. El monopolio del conocimiento es contrario a la naturaleza misma del conocimiento, de modo que quienes se han ocupado de rebasar los dogmatismos positivistas han contribuido con aportes significativos a una crítica no sectaria y sí fundamentada a la Pseudociencia. El caso más significativo puede ser el del epistemólogo Karl Popper, quien llama la atención sobre la Importancia de una teoría cuando invita a su propia refutación para determinar si resiste los análisis conceptuales y las pruebas metodológicas y empíricas, es decir, si no hay ambigüedad en sus formulaciones y procedimientos. La cuestión ya no es si una propuesta se ciñe o no al llamado método científico, sino si comprueba su validez y confiabilidad sometiéndose a la crítica seria y superando sus propias debilidades mediante el desarrollo de hipótesis auxiliares que la protegen.

Recordemos que muchas de las teorías vigentes fueron rechazadas por no científicas y terminaron posicionándose al demostrar su validez a pesar de las críticas, bien y mal intencionadas. Esas críticas son una fuente invaluable de enriquecimiento de una teoría en proceso de consolidación. Si no son fundamentadas, reafirman la teoría. Si son fundamentadas, permiten incorporar nuevos elementos conceptuales y metodológicos, haciendo los ajustes necesarios. Claro está que la perspectiva desde la cual se formulan las críticas depende de la postura ética de quienes las hacen y de los intereses en juego, igual se valida un medicamento para ser producido y comercializado, a sabiendas de los daños colaterales que puede causar, que se alerta sobre riesgos de medicamentos realmente beneficiosos. Pero ante las intrincadas redes del poder, la ética es la última de las consideraciones a tener en cuenta.

Retomando el aspecto epistemológico, recordemos el proceso de posicionamiento de las ciencias y la lucha entre las teorías por imponerse cada una con respecto a las demás. Thomas Kuhn lo ilustra muy bien a través de su aporte sobre los paradigmas científicos, en donde un paradigma es un cuerpo teórico que orienta la manera de hacer ciencia en una época histórica determinada. Nótese que la primera condición para cualquier pretensión de participación en esta confrontación, es la de ser un cuerpo teórico, es decir, tener rigor lógico, metodológico, epistémico, crítico y dialéctico. La  segunda condición es. La aspiración de cada cuerpo teórico de constituirse en el referente obligado para toda la comunidad científica internacional. La tercera condición es la historicidad, o sea, la capacidad del paradigma de entrar en crisis cuando ya no da respuesta a las nuevas exigencias surgidas de su propio desarrollo y debe, en consecuencia, ceder el paso a un nuevo paradigma.

Dos observaciones se derivan de esta última reflexión. Nótese cómo la discusión ya no es acerca de sí una nueva teoría cumple o no con un formato metodológico preestablecido, sino si aporta innovaciones tales que le ameritan ser reconocida como científica, por ser capaz, como ya lo hemos subrayado, de ir a la esencia de los fenómenos para formular Hipótesis, tesis y leyes de comprobada aplicabilidad, Recuérdese, además, que se abren dos opciones ante el surgimiento de un nuevo paradigma: Ante él, los demás pierden su vigencia. El nuevo paradigma tiene su propio campo de aplicación y convive con otros paradigmas con campos de aplicación diferentes. En el primer caso, estamos frente a la lucha de paradigmas en la cual sólo uno de ellos triunfa y se impone. En el segundo caso, estamos frente al respeto por las diferentes miradas desde las cuales es posible hacer ciencia. Lo que es insoslayable es el rigor conceptual y metodológico.

Ahora bien, al interior de un mismo paradigma (unidad) se desarrollan distintos modelos (diversidad) en nuestro caso, podemos pensar en la ciencia médica sin que por ello estemos aceptando que tenga una única expresión, por ejemplo, en la alopatía. ¡Es común acudir a la descalificación radical de una medicina como carta de presentación de otra. No. Sencillamente, la homeopatía no es alopatía, ni viceversa, pero cada una de ellas debe demostrar su carácter científico frente a sí misma y dentro de los rigores que hemos planteado. De lo contrario, y haciendo el símil con el campo de la física, la teoría de la relatividad de Einstein sería la negación absoluta de la física de Newton, cuando cada una de ellas opera en condiciones y referentes diferentes, sin que por ello dejan de guardar una estrecha relación Esto nos permite reafirmar la necesidad de formular críticas fundamentadas a las debilidades de la medicina alopática, como a la homeopática. Muy seguramente, más allá de esas críticas, son los malos médicos alópatas o los malos médicos homeópatas quienes se han encargado de pervertirlas, Y entre éstos y los charlatanes no habría, vistas así las cosas, ninguna diferencia.

Para ser consecuentes con nuestra propia postura, admitamos, en sana lógica, que podemos estar equivocados, es decir, que nuestra propuesta necesita refutaciones lo Suficientemente sólidas y pertinentes para aportar a su mejoramiento. En otras palabras, digamos que el carácter progresivo de nuestra propuesta nos remite a reafirmar el núcleo de su estructura y a dinamizar su envoltura incorporando en ella nuevos elementos o desechando aquellos que no cumplan su función de protección y de avance.

Debemos llevar esta reflexión más allá de ella misma y respaldarla con claros procedimientos en el orden metodológico que, a su vez, se ilustrarán con las experiencias requeridas para dotarla de evidencias claras. Desde luego, estas evidencias no se reducen al plano puramente sensorial, pues no se trata, como en el empirismo vulgar, de hacer la reducción fácil al ámbito de lo fáctico. Lo fáctico debe articularse con lo simbólico / representativo, con lo conceptual y con lo metafísico, entendido esto último como la dimensión que nos permite penetrar o, mejor, ascender hacia manifestaciones que trascienden lo físico y comprometen lo espiritual y lo emocional No de otro modo puede construir la esencia de los fenómenos que nos rodean. Recordemos que la apariencia fenoménica de las cosas y su esencia no coinciden pues, de ser así, la ciencia sería innecesaria.

Aún más: lo esencial es dinámico, no es algo predeterminado que el sujeto se limita a descubrir, en una actitud contemplativa. Entender y comprender la dinámica interna de los fenómenos es un esfuerzo que se reconstruye permanentemente, de acuerdo con la naturaleza del conocimiento, en el cual lo único que permanece es el cambio. Nuestra propuesta tendrá un carácter consistentemente progresivo en la medida en que revisemos constantemente el riesgo de falsos hechos o de hipótesis no pertinentes a su núcleo, que es su esencia. Más allá de considerar, ingenuamente, si una parte o él todo de nuestra teoría es o no refutada, lo que nos interesa es evaluar el proceso mismo de posicionamiento de nuestra propuesta para darle los avances necesarios según las nuevas exigencias que a ella se le presenten. Ello, sin caer en dogmatismos propios de ciertas Pseudociencia que no admiten refutaciones, no aporta pruebas empíricas o contradicen resultados experimentales conocidos y aceptados. Reafirmemos que nuestra propuesta no es inmutable; nuevos hechos requerirán Resignificaciones  conceptuales o metodológicas que, a su vez, implicarán posibles nuevas leyes. Tampoco intenta conspiraciones acudiendo al conocido expediente de descalificar otras propuestas para justificar la propia. El rigor científico de nuestra propuesta se apoya en una mirada crítica, diacrónica y sincrónica, de la curandería, y pretende demostrar Consistencia entre teoría y experiencia, en donde la primera no se limita a un discurso Puramente especulativa y la segunda no se queda en la constatación meramente sensorial de los hechos.

El núcleo firme y la envoltura. El núcleo firme del Programa de investigación Científica de la Curandería que propone Juver Osorio Ramírez comprende, en primer lugar, las leyes, entendidas éstas como proposiciones universales que relacionan sistemas de causas y efectos, de antecedentes y consecuentes, de estados actuales y estados posteriores de los fenómenos del mundo. ¿Cómo relacionamos entre sí los fenómenos? Hemos aprendido a formular leyes con un carácter determinista, a las que consideramos inmutables, que se prueban directamente por los datos y suelen caracterizarse por algún tipo de patrón matemático o lógico de las relaciones encontradas entre los datos. Pero también hemos descubierto que las leyes pueden ser de carácter probabilístico, dado que el conocimiento en su dinámica constante exige resinificar aquello que requiere un nuevo sentido y necesita de nuevas explicaciones o, mejor aún, no necesita explicaciones. La naturaleza es sabia en sus leyes y no necesita explicaciones para ellas, si bien somos los seres humanos quienes las buscamos en el intento de comprender que nada es casual aunque todo es causal en esa búsqueda hacemos aproximaciones sucesivas, en un comportamiento de espiral, hasta alcanzar niveles de comprensión de relaciones y de relaciones de relaciones, para “capturar” la estructura de los sistemas y construir realidades. Lo que denominamos ciencia (Planck) marcha de la diversidad a la unidad, de lo subjetivo a lo objetivo, de lo relativo a lo absoluto- De allí que el determinismo que se comporta de manera dogmática contradice la naturaleza misma de la ciencia, pues toda ley debe estar expuesta a los análisis y a las refutaciones hasta tanto otra ley la supere.

 Toda ley es susceptible de ser conocida (o ignorada) y la tarea del científico es describirla. Su explicación mediante cuerpos conceptuales constituye teorías. Pero dejemos abierta la pregunta: ¿Toda ley necesita una teoría que la explique? Ahora bien, las teorías nos remiten a hechos en los cuales ellas se basan y corresponde a cada sujeto constatar o predecir un hecho, aunque no necesariamente sea capaz de teorizar sobre él. Todos podemos afirmar que el sol sale o se oculta y que lo hace en determinada dirección. Para unos, simplemente es así pues el hecho es observable. Para otros, el hecho se explica por los movimientos de rotación y traslación de la tierra, lo que puede complementarse con análisis sobre las fases de la luna y con predicciones sobre comportamientos del clima. Otros más se remitirán a la teoría de la gravedad o a la teoría de la relatividad. Lo común a todos es su seguridad.

Frente al hecho de que el sol saldrá mañana, salvo un evento catastrófico que modifique sustancialmente el fenómeno. Alguien más hará notar que, en realidad, no es el sol el que se oculta o sale, sino la tierra, pues no parecemos haber superado una concepción paradójica mente geocéntrica de lo que denominamos sistema solar.

Todos nuestros esfuerzos cognitivos guardan una estrecha relación con procesos de observación, de experimentación y de análisis y nos conducen a la identificación tanto de los aspectos particulares como generales de los fenómenos. Cuando encontramos en los comportamientos de éstos ciertas regularidades, tendemos a expresarlas en forma de leyes que sólo serán aceptadas como tales cuando demuestren, contra los hechos, su carácter universal, Pero, más allá de las leyes, que solemos acoger como verdaderas, existen los principios y fundamentos que las soportan. Los principios (Real Academia Española) se entienden como:

*   “Bases, origen, razón fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia”

   “Cada una de las primeras proposiciones o verdades fundamentales por donde  se empieza  a estudiar las ciencias o las artes”

*   “Norma o idea  fundamental   que  rige el  pensamiento   o     la   conducta”

Según lo cual, todo principio tiene un carácter normativo en cuanto sirve de guía para interpretar y comprender cualquier ley, pues es la razón de ser de ella Así nos lo recuerda hermosamente un poema de Goethe (Estaciones del año y horas del día de China y Alemania):

«Sin embargo la ciencia, infatigable, esfuérzate y pugna en pos de la ley, el fundamento, el porqué y el cómo.

No se trata tanto de encontrar la ley, de suyo importante, como de comprender su fundamento, que es lo esencial. ¡El porqué y el cómo de la ley, del qué, debe ser e! Motivo de la investigación científica, y el investigador, sin falsos arrebatos, hallará el sentido de su labor cuando al asumir su sabiduría con comprensión devele el fundamento de sus acciones a través de la luz que ilumina, no que enceguece. Se nos revela, así el compromiso ético que ineludiblemente establece el científico en su interacción consigo mismo, con los demás y con la naturaleza, que es también consigo mismo Muchas de las objeciones que se formulan a la ciencia de hoy proviene de la crítica a quienes hacen mal uso del poder del conocimiento, a las posturas soberbias que deifican a los científicos mientras cosifican a las personas que son objeto de sus investigaciones. Esas críticas van dirigidas, en síntesis, a una ciencia sin fundamento ni principios.

La propuesta de Juver Osorio Ramírez contempla en su núcleo firmes leyes, lo que significa un compromiso con el fundamento primero y último de la medicina Tegua. ¡Nada es sin fundamento, y esa es una condición sine quanón de la búsqueda de la verdad!, En donde cada verdad relativa es tal porque tiene un fundamento que la sustenta. Verdades sin fundamento no son verdades, por mucha apariencia que de tales tengan. ¿Y cuál es el fundamento del curandero? Apoyar y orientar al enfermo para reencontrar su equilibrio y regresar a su ser original, pues son las rupturas entre su espíritu y su cuerpo las que lo han alejado de su esencia. La primera ley tiene que ver con la evolución espiritual y el equilibrio dinámico entre la parte emocional y la parte material, cuya manifestación física en e vehículo-cuerpo recoge todos los conflictos y todos los aciertos en la lucha del ser humano por trascender, que es mucho más que vegetar. Enfaticemos esto último: la gente pide ayuda para su salud pero raramente se pregunta ¿salud para qué? La salud, como el amor, no son fines en sí mismos, como culturalmente se nos ha enseñado a creerlo. Parafraseando: la ciencia es una bella invención humana, tan bella y compleja como el arte, que implica un acto continuo de creación en el cual el ser humano sé reinventa todo el tiempo; pero ¿ciencia para qué? Así mismo: ¿leyes para qué? Y con Goethe: ¿por qué?, ¿Cómo?

Principios y fundamentos, leyes y teorías, constituyen un entramado conceptual que nos remite, necesariamente, a los hechos tanto en su dimensión diacrónica como sincrónica (nivel experiencia) y a los métodos como maneras organizadas de dar el desarrollo a las cosas (nivel procedimental) Y, volviendo a los fundamentos, digamos que hay un nivel valorativo-actitudinal que suele olvidarse o que, en el caso de la salud, reposa muchas veces bien guardado en textos y normas de la llamada ética médica. En términos actuales, quien no integre todos los niveles mencionados no amerita hacerse llamar médico, sanador y mucho menos curandero, pues no da la respuesta requerida para serlo.

¿Cuáles hechos respaldan este P.I.C.? La historia de la medicina tegua aparece en la envoltura de la propuesta, no como anecdotario ni como recuento de datos, sino como el contexto en el cual es pertinente analizar el origen y desarrollo de ella (dimensión diacrónica) para comprender los hitos que marcan su presencia cuando ha sido reconocida o su supuesta ausencia cuando ha sido desconocida por la cultura oficial. El estudio de sus relaciones internas en cada época (dimensión sincrónica) nos permite comparar los distintos momentos de su evolución, cada uno en su particularidad y en su entronque con los demás.

Y de la manera cómo vamos del núcleo (leyes) a la envoltura (hechos, historia), vamos de la envoltura al núcleo; la historia de la curandería nos trae a la razón de ser de la curandería en tanto expresión ancestral que no debe perder su esencia pero sí debe resignificarse en el momento presente de esa historia: la medicina del morral. ¿Qué lleva en su morral el Tegua? Desde luego, herramientas, y éstas respetan el valor de uso para el cual fueron originalmente creadas, lo que no obsta para ser perfeccionadas, completadas o mejoradas en nuevos usos cuya condición es no traicionar el fundamento de las leyes de la medicina Tegua. Las herramientas también tienen una historia, pues su aparición ha obedecido a la necesidad de contar con los medios idóneos para curar y esto es algo que va ligado indisolublemente a los procedimientos más adecuados para utilizarlas en cada situación y con cada enfermo. El Tegua no se limita a reconocer síntomas y mucho menos a contrarrestarlos; sabe leerlos como información conducente a la identificación de las causas de cada desequilibrio de cada enfermo, para ir a las causas de esa situación de esa persona; el tegua sólo generaliza lo que es común en tanto síntoma pero sabe diferenciar lo que es y lo que no es apropiado para la curación de cada cual; un mismo síntoma no necesariamente obedece a una misma causa.

¿Qué hay, entonces, en el morral del tegua? Las herramientas que esperan ser sabiamente utilizadas, como producto y a la vez al servicio de la farmacopea y de la elemento terapia. Y eso es bastante, aunque no suficiente. La obra de Juver está para ser analizada.

 CONCLUSIÓN: Curanderismo sin mapa funcional es  curanderismo muerto, es importante que todos en grupo confeccionemos dicho mapa, solo así demostraremos que no somos tan empíricos y definimos los saberes.

 

 

Cualquier inquietud, le responderemos en el siguiente

Correo electrónico:         juverosorio@gmail.com       

Para ampliar esta información remítase a la página web:

                                                escuelajuverianaparacuranderos.wordpress.com

 

 

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