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FISIOLOGIA ESPÍRITUAL

 ORGANON COLOMBIANO

EN 200 Parágrafos

JUVER OSORIO R

Farmacista de 2° orden

 LA  TERAPEUTICA  HOMEOPATICA

 

                               ENTREGA 3   CON CUESTIONARIO AL FINAL DEL ESCRITO

            

Parágrafo No. 61: 

Hay médicos alópatas que afirman que no es necesaria dieta alguna durante el tratamiento homeopático, porque este es inocuo y no produce reacciones químicas importantes.   ¿Existe algún fundamento en esa afirmación? 

Respuesta: La medicina futura, ha de auscultar más de cerca el extraordinario poder que palpita en la intimidad oculta de la llamada Naturaleza que, bajo la regencia divina, ajusta células incompatibles, rectifica órganos desajustados y corrige los sistemas responsables del equilibrio del cuerpo humano. Gracias a esa sabiduría innata, es suficiente que suministras al recién nacido la leche materna o en polvo, para que la desintegre o la transforme en cabellos negros o dorados, sangre roja, ojos azules, pardos o negros, huesos, nervios y músculos, comprobando que su verdadero alimento no es otro que el de la cantidad de energía que pueda extraer de la sustancia ingerida. Realmente, el hombre obtiene las energías que necesita para vivir, de la propia energía almacenada en los alimentos vegetales y si son carnales, del animal que ingiere las plantas. ¿No es el cuerpo humano una red de magnetismo, sustentando las masas de átomos sobrecargados de energías?

 En vista de esa disposición genial y constructiva de la Naturaleza, el papel del médico no debe ser el de violentar esa noble línea de montaje en la intimidad orgánica y si el de auxiliarla con una terapéutica suave y energética. De ahí, pues, los grandes beneficios que la Homeopatía puede prestar al hombre terrestre, pues aunque ella no provoque reacciones químicas violentas, su función principal es la de despertar y potencializar las energías adormecidas, para elevar el patrón dinámico de los órganos debilitados, reeducándoles en lugar de violentarlos.

 Los  antiguos, durante  el tratamiento homeopático,  se  entregaban al descanso completo de todas las actividades materiales acostumbradas. Los pacientes más puritanos, se recogían al lecho sometiéndose a un riguroso ayuno, con el fin de que el energismo homeopático actuase con mayor éxito y aprovechamiento en su organismo libertado de las actividades comunes. A través del ayuno, ellos ahorraban sus energías y reducían las obligaciones cotidianas de los órganos principales y responsables de la digestión, dejándolos desahogados para que pudieran acelerar el drenaje de las grasas, de las toxinas y de los residuos perniciosos, que se habían convertido en un material inútil o impropio a la vida normal del cuerpo fisco. Muchas curaciones homeopáticas que fueron consideradas milagrosas, se debieron, principalmente, a esa disposición saludable por parte de los pacientes disciplinados, que así se preparaban orgánica y hasta emotivamente, para conseguir el mayor éxito de la terapéutica delicada de las dosis infinitesimales.

 Como en la terapia homeopática las fuerzas internas despiertan potencializadas para obtener el socorro orgánico y efectúan la reparación de las regiones debilitadas del cuerpo físico sin anomalías toxicas, no se verifica en el enfermo la falta de apetito o cualquier reducción en su metabolismo físico. En general, el paciente, bajo la actuación de los médicamentos violentos y tóxicos de la Alopatía, se agota por el trabajo obligatorio y anormal del hígado y de los riñones, que se ven obligados a varias adaptaciones inesperadas, cuando necesitan eliminar los residuos tóxicos de ciertos remedios ofensivos a la armonía orgánica.

 Muchos fracasos médicos, no se deben tanto al debilitamiento provocado por la molestia gravemente clasificada por el rigor de la terminología académica oficial, como por el hecho de ser frutos de operaciones peligrosas e inesperadas a las que muchas veces es sometido el organismo físico apresuradamente, sin darle lugar a que se fortalezca o se inmunice a tiempo. Cuan­do el enfermo ingiere médicamentos violentos o las jeringuillas hipodérmicas los lanzan como verdaderos proyectiles microscópicos en su delicadísima circulación sanguínea, es evidente que su organismo, ya de por si debilitado, se vea obligado a un intenso trabajo para poder movilizar todas sus reservas energéticas, con el fin de no sucumbir bajo los efectos tóxicos del propio remedio. Entretanto, si tales reacciones químicas no se verifican con la Homeopatía y por ello puede ser dispensada la dieta preventiva, su proceso terapéutico delicado exige la contribución frugal y adecuada, en la nutrición del paciente.

 

Parágrafo No. 62:

 

Cierto manual homeopático recomienda que durante el tratamiento por la Homeopatía, se debe evitar en absoluto el uso de la carne, puesto que solo así podrá conseguirse la curación deseada. ¿Hay fundamento dietético en esa exigencia tan severa?

 Respuesta: Esa recomendación, que os puede parecer tan fútil, pone de relieve la gran importancia higiénica del aura vital del enfermo que se debe someter al tratamiento de la medicina homeopática. Los carnívoros no son los candidatos ideales para la terapéutica de las dosis infinitesimales, aunque puedan tam­bién ser curados con éxito, gracias a los recursos y a la habilidad de los buenos homeópatas. A pesar de hallarse la humanidad terrena muy familiarizada y viciada con el carnivorismo, los cooperadores de las churrascadas, de los mataderos y del descuartizamiento de los animales y de las aves, siempre perturban la línea evolutiva que Dios estableció para las especies inferiores. Además, hay que considerar que el campo denso de las energías inferiores despiertas por el aura vital del animal sacrificado, que es ingerido después de haber sido cocinado o asado, acaba neutralizando la mayor parte de las fuerzas que las dosis homeopáticas de alta dinamización hacen surgir en el individuo enfermo. A continuación de la ingestión de la carne, los fluidos repelentes del astral inferior del animal sacrificado, se funden con el aura periespíritual humana y degradan su potencial energético dinamizado. La esencia potencializada de la Homeopatía, se diluye, conturbada, sin poder superar el campo de condensación vibratoria inferior. La acción dinámica de la Homeopatía sobre el sistema endocrino y nervioso, también es dificultada, pues los chakras del duplo éterico, bajo la acción del astral animal, disminuyen sus vértices de aceleración y reducen su capacidad receptiva al energismo homeopático y catalizador de las fuerzas adormecidas del cuerpo físico. Entonces, el sutilísimo tratamiento infinitesimal exige mayor cuota de tiempo para obtener una curación razonable o tal vez de poco éxito.

 He ahí porque los médicos homeópatas consiguen mayor éxito terapéutico entre los vegetarianos, así como entre aquellos que, durante el tratamiento, eliminan por completo el uso de la carne y de las  grasas animales;  mientras  que  el promedio de curaciones se reduce entre los enfermos por demás viciados con la nutrición carnívora. Siendo la Homeopatía una medicina de incontestable alcance espíritual, no solo requiere un régimen alimenticio superior, el cambio de hábitos perniciosos y el quebrantamiento de las pasiones violentas, sino que depende también mucho, para su mayor éxito, del control temperamental del enfermo.

 También hay que considerar que los ataques de cólera, celos, odio e irritaciones, reducen en mucho el éxito homeopático, pues esas violentas explosiones mentales, siembran partículas lesivas y bombardean el aura de las energías vitales despertadas en el organismo carnal.

 

Parágrafo No. 63:

 Algunos médicos alópatas, dicen que las curacio­nes atribuidas a la Homeopatía, son solamente consecuencia de la propia dieta exigida durante el tratamiento por las dosis infinitesimales. Afirman que un régimen dietético es casi siempre suficiente para promover ciertas mejorías y hasta producir cu­raciones extraordinarias. ¿Qué puedes decirnos sobre esas alegaciones de los opositores a la Homeopatía?

 Respuesta: La dieta exigida por la terapéutica homeopática, es absolutamente científica y electiva al delicado tratamiento de las dosis infinitesimales, pues si el paciente ingiere la sustancia dinamizada en la forma de un sutilísimo campo de energía libre e imponderable, debe también aprovechar lo mejor posible ese campo energético potencializado en su cuerpo físico. Desde el momento en que se persista en una alimentación dominada por la glotonería, excesivamente toxica y grasienta, que exigirá todo el esfuerzo de su metabolismo nutritivo, consumiendo además la reserva dinámica propiciada por la Homeopatía, sin poder regenerar a tiempo las células cansadas o eliminar los residuos venenosos que pesan sobre el organismo, ¡es evidente que resultara desperdiciado todo el tratamiento cuidadoso y bienhechor de la prescripción médicamentosa del médico homeópata.

Sería un absurdo que después de haberse administrado una dosis masiva de vitaminas a un leñador completamente exhausto, se precipitase él, en seguida, a cortar leña hasta caer nuevamente aniquilado. Así acostumbran a proceder muchos pacientes sometidos al tratamiento de las dosis infinitesimales de la Homeopatía; pues subestiman la dieta rigurosa, en la seguridad de que apenas ingieren algunas gotas de alcohol absoluto di-suelto en agua destilada quedan totalmente renovadas. Ignoran, por tanto, que el éxito de la curación depende, principalmente, de la mayor cuota de fuerzas que puedan economizar en sus necesidades cotidianas, con el fin de no consumir las energías necesarias al propio cuerpo para que pueda reparar sus desarmonías orgánicas.

 Durante el tratamiento dinámico homeopático, es preciso que se reduzca al mínimo el servicio de los órganos nutritivos y drenadores del cuerpo físico, para poder asegurar el mayor aprovechamiento de las energías que fueron catalizadas por la medicina homeopática en favor del equilibrio y de la recuperación de su mecanismo fisiológico. Si el paciente logra econo­mizar el mayor porcentaje posible de las fuerzas vitales que son aceleradas por la presencia del catalizador homeopático, le será posible lograr también el máximo aprovechamiento, pudiendo dirigirlas hacia los plexos nerviosos y los sistemas neuro-endocrinico, circulatorio o linfático, obteniendo, así, el éxito deseado.

 

LA  MEDICINA  Y  LA ESPÍRITUALIDAD

 

Parágrafo No. 64: 

¿Como se explica que hayan pasado por este mundo personas que se hicieron famosas por sus acertadas prescripciones homeopáticas, sin haber asistido a cursos académicos especializados?

 Respuesta: Durante muchos años atrás, muchos espíritus laboriosos y dignos se encarnaron en vuestro mundo con la elevada misión de divulgar el uso de la Homeopatía, aunque no todos hubieran llegado a ser médicos o farmacéuticos. La princi­pal labor de esos espíritus, consistía en acostumbrar al pueblo a la nueva terapéutica. Sucedi6, por tanto, que al principio, la Medicina prefiriera repudiar la Homeopatía en lugar de acogerla, a pesar de que ella apenas venia a demostrar a la Ciencia la existencia de leyes reveladoras de los poderes médicamentosos ocultos en todas las sustancias. Por tanto, su divulgación en vuestro mundo, necesito ser ayudada por algunos legos estudiosos que habrían de contribuir en mucho al éxito que la Homeopatía comenzó a tener en Europa y en los Estados Unidos.

 

Parágrafo No. 65:

 Y en cuanto al Brasil, ¿qué dices?

 Respuesta: Como lo Alto ordena que los espíritus de hábiles homeópatas desencarnados asistan incondicionalmente a los canales recetadores dignos y desinteresados por las ganancias materiales —que abundaban y aun abundan en el Brasil— debiendo auxiliarlos para que pudieran recetar del modo más acertado posible y hasta corregirles astralmente las equivocaciones de los primeros momentos, el recetario espíritual homeopático alcanzó grandes proporciones con mucha facilidad. Y como era gratuito, fueron los pobres los que más lo buscaron, mientras el Espíritualismo se hacía digno de la gratitud de aquellos que eran curados de sus sufrimientos físicos por el uso de la Homeopatía espíritual.

 Fue así como se generalizo, particularmente, el empleo de la 5ª dinamización, tan preferida por el pueblo y fácilmente recetable por la mediumnidad espirita, sin el peligro de cualquier sorpresa desagradable o de alta responsabilidad, toda vez que la administración de las dosis altas, están a cargo del médico homeópata.

 

Parágrafo No. 66:

¿Por qué motivo, en el Brasil, la espíritualidad conjugan la prescripción homeopática con las labores medianísimas, al paso que en otros países no proceden de la misma forma?

Respuesta: Mientras otros pueblos se limitan especialmente al estudio puramente científico de la doctrina espíritual o apenas se dedican a su especulación filosófica, en el Brasil, sus adeptos unen el estudio de la doctrina a la práctica de la caridad para los enfermos; por cuyo motivo se constituyen en excelentes vehículos para la divulgación bendita de la Homeopatía, demostrando a través del socorro a esos enfermos pobres, una profunda gratitud a su propio idealizador, Samuel Hahnemann. Conviene recordar que aunque la médicación homeopática de la 5ª  dinamización prescrita a través de la mediumnidad o de curanderos improvisados, haya sido manoseada al principio bajo el empirismo popular, ¡produjo curaciones milagrosas y sorprendió a mu­chos hombres y a muchos científicos bien intencionados, llegando a atraer a algunos de ellos al servicio del amor al prójimo y al estudio valioso de la Homeopatía!

 De ahí, pues, los innumerables éxitos que hasta aquí se han verificado en la práctica de la Homeopatía, aun en los casos en que fue prescrita por hombres de escaso conocimiento científico; pues tratándose de una terapéutica elevadísima, atrae la influencia benéfica de los bienhechores desencarnados. Muchos espíritus de médicos que se encarnan en la Tierra con la misión especial de propagar la Homeopatía, estudiaron primeramente la medicina alópata y sus leyes específicas, con el propósito de conocer todos sus recursos y adquirir, así, mayor caudal de conocimientos al respecto de las dosis infinitesimales, ¡de las que más tarde se hicieron temerarios defensores!

 La Homeopatía no puede olvidar el valioso concurso que recibió del pueblo brasileño, gracias a esa misma interferencia de los legos, médium y espíritus desencarnados, los cuales cooperaron mucho para su definitiva consagración y respeto.   De este modo, quedaron fundamentadas sus bases como una ciencia que, además de curar el cuerpo, abarca gran parte de la psicoterapia y de la terapéutica mental futuras, influyendo profundamente en el psiquismo humano e interviniendo en los procesos fundamentales de la emoción, del pensamiento y del mecanismo del duplo-etéreo que coordina la vitalidad orgánica. Es una terapéutica que se ajusta cada vez más al avanzado dinamismo del siglo atómico en que vives.

 

Parágrafo No. 67:

 ¿Por qué motivo no fue llevado a efecto por los espíritus desencarnados un movimiento en favor de la Alopatía, tal como sucedió con la Homeopatía en el Brasil, principalmente en el medio  espíritual¿

 Respuesta: La medicina alópata está contaminada de médicación toxica que produce reacciones desaconsejable para la pres­cripción medianísima, pues el espíritu que receta tiene que ceñirse, en general, a la mayor o menor eficiencia y sensibilidad del médium de que se sirve. El sistema alópata, opera principalmente con médicación densa, o sea, en dosis masivas que actúan propiamente en la periferia del cuerpo carnal, distanciándose de nuestro alcance directo y actuando bajo frecuencia vibratoria más baja que la de nuestro campo de acción éterica. Por tanto, no conviene que se convierta el recetario en una mezcla de Homeopatía y de Alopatía, pues las dosis infinitesimales y dinamizadas de la Homeopatía, por ser menos médicamento y más energía, vienen más fácilmente a nuestro encuentro vibratorio.

 

Parágrafo No. 68:

 Aun así, ¿no hallas poco aconsejable el recetario homeopático en los centros espírituales? ¿No constituirá eso una concurrencia desleal para con los médicos homeópatas? ¿Conviene ese modo de divulgación de la medicina homeopática?

 Respuesta: No creemos que el recetario medianimico espíritual pueda servir de divulgación científica para la Homeopatía, pero es innegable que fue la receta medianimica la que contribuyó mucho, en Brasil, a popularizar el uso de las dosis infinitesimales entre el pueblo. Los enfermos pobres que recorren las consultas de los centros espíritualistas y que solicitan el médicamento homeopático, se sitúan a la vez bajo la acción de los espíritus desencarnados que, de ese modo, aprovechan la oportunidad para cuidar sus males espírituales e higienizar su psiquismo enfermo. De este modo, cuando se trata de una receta homeopática prescrita en los centros espírituales de buena estirpe espíritual, produce casi siempre sus efectos bienhechores en aquellos que llevan a efecto con seriedad el tal delicado tratamiento. Además, la prescripción medianímica es casi siempre de la 5ª dinamización, que es la dilución más exenta de reacciones incomodas y cuya receta gratuita no entra en competencia con las de los médicos homeópatas, quienes operan con dosis de fondo, siendo los únicos competentes para determinar los tratamientos a base de altas dosis.

 Lo que no se justifica es la intromisión de Pseudo médiums, de pseudos médicos alópatas o de curanderos ignorantes de la terapia homeopática, prescribiendo un recetario contradictorio y viciado de médicamentos que son incompatibles entre sí y que se anulan en la misma receta. Existen también aquellos que, debido a su ignorancia, prescriben dosis infinitesimales mezcladas con jarabes y te, que destruyen toda la esencia homeopática. ¡No es posible admitir que la excentricidad, lo absurdo y la contradicción, bajo responsabilidad espíritual, puedan ser consideradas por la ciencia homeopática!

 El médium que receta, integrado en su responsabilidad espíritual, no se debe considerar solamente en la condición de luz viva de su Guía. Tiene el deber de estudiar suficientemente la terapéutica de la cual es instrumento. Si un espíritu desencarnado necesita recetar médicamentos por un médium que desconozca la homeopatía, es indudable que tendrá más éxito si ese médium se dedica al estudio consciente y sensato de la terapéutica homeopática.

 

Parágrafo No. 69:

 Se alega que tratándose de una receta medianimica, todos deben tener fe y nadie debe alimentar desconfianza sobre la receta, ya que proviene de un “guía” que siempre sabe lo que hace.

 Respuesta: El que piense así, podrá excluir la Homeopatía del recetario medianimico y tratarse exclusivamente con el agua fluidificada, toda vez que presenta condiciones electivas de fe y de confianza en el guía. Conviene saber, entretanto, que no siempre es el médium un fiel intérprete del pensamiento del espíritu que con él se comunica. Del lado de acá, hemos observado que algunos facultativos desencarnados después de actuar sobre ciertos médiums, resuelven más tarde abandonar su trabajo de recetar por la vía medianímica, ante las decepciones que sufren con las dificultades que confrontan en sus propios aparatos medianimicos, comúnmente ociosos, ignorantes y vanidosos. ¡Innumerables veces, se quejan de que sus intermediarios recetan a diestra y siniestra y bajo cualquier pretexto, ya sea después de una anécdota indecente, de unos momentos de cólera, o de una crítica anti fraterna! Así, emiten recetas livianamente, sin consultar a sus guías ni con el pensamiento y prescriben lo que les viene a la memoria en cualquier momento, como producto natural de la asociación de ideas o de recordaciones de carteles de propaganda médicamentosa. En consecuencia, se puede dar el caso de que la receta medianimica no sea del guía ni que contenga alguna prescripción lógica que corresponda sensatamente a la terapéutica homeopática.

 Es conveniente, por tanto, que en nombre de la Homeopatía no se siembren incongruencias ni excentricidades, con el agravante de hacer de la receta espirita un desmentido a la pureza iniciativa y a la precisión de las dosis infinitesimales! El ridículo trae la desconfianza; y ya hemos tenido conocimiento de muchos espírituales mistificadores e irresponsables, que se sirven desde aquí de médium incautos, imprudentes, holgazanes y vanidosos, para recetar médicamentos contradictorios y hasta peligrosos, despertando con ello el sarcasmo contra la doctrina espíritual y contra la ciencia homeopática.

 Sin duda, elogiamos la labor generosa y de devoción de muchos médiums que se transforman en ofertas vivas, procurando aliviar el dolor ajeno y elevarse a las fajas vibratorias de los espírituales superiores; pero es evidente que el deslumbramiento desordenado produce perjuicios, lo mismo que la presunción de la infalibilidad genera la imprudencia…

 La Homeopatía, como ciencia erigida cariñosamente bajo el más escrupuloso cuidado y la más acuciosa experimentación, en modo alguno podrá endosar las recetas medianímicas que discrepen de sus leyes disciplinadas, cuando se prescriben las dosis infinitesimales con otros productos heterogéneos, las recetas mixtas de Homeopatía y Alopatía, o los médicamentos que son incompatibles o que se anulan como antídotos.

 Según nuestra modesta opinión, creemos que ya es hora de que el médium recetador estudie con devoción las reglas fundamentales de la Homeopatía, con el fin de que pueda ser más útil y más exacto en su recetario medianimico, pudiendo, así, corregir a tiempo las incoherencias producidas por su propio animismo. ¡Muchos de los consagrados homeópatas desencarnados, que ya han vivido en vuestro país, enrojecerían de vergüenza ante ciertas recetas que médiums ignorantes ponen bajo su responsabilidad como prescripción homeopática!… Es justo, pues, que los médiums no contraríen el buen sentido del Espíritualismo y traten de estudiar la Homeopatía con el fin de que puedan recetar lo más exactamente posible, de acuerdo con la ética homeopática.

 

 Parágrafo No. 70:

 

¿No sería justo que solamente pudiera recetar el médico homeópata?

 Respuesta: No nos cumple juzgar ese campo de acción, porque tanto existen médicos homeópatas que no prescriben bajo el rigorismo de la Homeopatía y si en función de síntomas exteriores, como médicos alópatas que práctican la terapéutica de las dosis infinitesimales sin conocer sus fundamentos iniciativos, haciéndolo con la más absurda contradicción. Si merece censuras el lego que receta Homeopatía, en el otro extremo; también merecerá censuras el médico alópata que la prescribe de modo tal que, en general queda muy por debajo de muchos curanderos estudiosos! … En el campo terapéutico de la Homeopatía, tanto puedes encontrar al médico exalópata, que pasa a recetar sin conocimientos científicos y técnicos de la doctrina expuesta por Hahnemann, como podréis encontrar al charlatán sin diploma, pero un purista y sabio de las leyes homeopáticas, capaz de prescribir con seguridad y conocimiento lógico de esa elevada ciencia. ¡El homeópata, como ya os hemos dicho, antes de convertirse en un exigente científico, debe ser un filósofo y un hombre bueno! Él no debe recetar a distancia psíquica del problema de su paciente, pues por encima del interés utilitarista, debe “sentir” y “vivir” las angustias de aquel que le mega la cura de sus males! Tratándose de medicina de profundo respeto para con las propias mutaciones espírituales del individuo, al homeópata no le interesa apenas identificar los males de su cliente bajo la brillantez científica de las enfermedades clásicas, ¡sino que le cumple auscultar los desequilibrios y las desarmonías de su alma!

 Es por eso que ciertas recetas medianímicas producen resultados asombrosos, pues siendo preceptuadas por médiums dignos. El hecho de que las criaturas necesiten todavía recorrer el “vía crucis” de los consultorios médicos alópatas, someterse a los exámenes radiográficos, experimentaciones dolorosas, tratamientos espartanos y hospitalizaciones urgentes, mientras sus males se agravan día por día, es, sin duda, ¡porque aun gimen bajo un karma penoso!

 

ASPECTO DEL RECETARIO MEDIUMNICO ALOPATA

 

Parágrafo No. 71:

 ¿Los espírituales desencarnados no encuentran inconvenientes cuando los canales espírituales recetan alopáticamente, dado que el recetario mencionado requiere conocimientos específicos que ellos no poseen? ¿Semejante contradicción no es un serio riesgo para los enfermos?

 Respuesta: El recetario espíritual exige el máximo de criterio y prudencia para merecer el amparo de la doctrina espíritual. En el caso citado, toda depende del canal y del espíritu que indica la receta. Cuando el canal es intuitivo pero poco afecto al estudio, el caso asume un aspecto más grave, puesto que podría suceder que se tratara de una persona sin cualidades morales y, por tanto, inhibida para recibir la asistencia espíritual. Además, hay canales recetistas incompetentes, ignorantes, indisciplinados o excesivamente temperamentales, que prescriben a los enfermos aquello que sólo es fruto de su fantasía mental y no recetas dictadas por los desencarnados.

En general, recetan en los momentos inapropiados, después de las discusiones anti fraternas, o a continuación de anécdotas indecentes. Así, se rodean de fluidos pegajosos y sucios, producidos por los temas inmorales y de naturaleza inferior, que generan una “cortina éterica” oscura, impidiendo el contacto periespíritual de los buenos espíritus que desean ayudarlos.

 Otros canales, sin experiencia e inseguros, agótense por la noche en el trabajo espirita, para atender al servicio indisciplinado de la caridad, casi obligatoria, ignorando que el exceso de consultas espírituales entorpece el servicio y control de los espíritus desencarnados, que no pueden atender satisfactoriamente a todos los pedidos, en el corto plazo de una sesión espirita.

 Comúnmente los encamados evocan a los espírituales para consultarlos sobre asuntos totalmente triviales, como ser, un inofensivo resfriado o una incómoda nerviosidad, haciendo que los canales queden sobrecargados de trabajo servicial. Ignoran que el médium es una maquina viva que se desgasta mucho más que el hombre común, porque debe atender a las obligaciones cotidianas del mundo profano y, al mismo tiempo, ejercer la tarea excepcional de servir a los creyentes en la medicina espíritual. Cuando se entrega a la tarea de canal abusiva, hasta elevadas horas de la noche, sin alcanzar el necesario reposo físico y descansar la mente agotada, no demora en confundir las ideas, alterando también la vibración de los filamentos “etéreo astrales” que mantienen el equilibrio del intercambio periespíritual con los protectores desencarnados. Es natural que, a la brevedad, se ha de sentir imposibilitado de cumplir satisfactoriamente con su función espíritual.

 Fuera de los canales experimentados, sonambúlicos o totalmente mecánicos los demás, si quieren mantener un ritmo equilibrado, sin tropiezos mentales o nerviosos, provenientes del exceso de trabajo cerebral, deben limitarse a las consultas con carácter de urgente.

 Por eso los espírituales desencarnados, cuando trabajan con gran responsabilidad, evitan recetar la alopatía a través de los canales intuitivos sin instrucción, ignorantes o muy temperamentales, para que la prescripción del médicamento indicado no resulte sustituida por otra droga surgida temperamentalmente, que puede ser contraindicada o capaz de provocar alteraciones fisiológicas que deben estar bajo control médico. No hay duda, entonces, de que el recetario alopático acarrea grandes responsabilidades a los canales recetistas, pues utiliza médicamentos químicos, generalmente elaborados con ingredientes de sustancias toxicas, que sólo los médicos saben dosificar adecuadamente.

 Cuando el canal intuitivo se encuentra en mala sintonía psíquica o moral, no alcanza la necesaria sintonía con su protector desencarnado; entonces corre el riesgo de interpretar mal el mensaje, o interponer en la prescripción por canal, médicamentos extraños, agresivos o inapropiados para los enfermos. Los canales sugestionables o temperamentales, se dejan impresionar fácilmente por la pro­paganda médica expuesta en las calles, cines y vehículos de pasajeros, o por las muestras gratuitas de origen farmacéutico. Esa propaganda se les fija en el subconsciente y pueden surgir durante el trance por canal, contraponiéndose al médicamento propuesto por los espírituales recetistas.

 Los médicos cautelosos no se aventuran a prescribir precipitadamente los médicamentos recién fabricados; antes han de comprobar los efectos que todavía desconocen, aunque los fabricantes promuevan eficiente propaganda en base a cualidades y eficacia considerada como excepcionales. La industria farmacéutica vive empeñada en una intensa competencia comercial, y así, no todas las firmas trabajan con el debido escrúpulo.

 Ese afán por imponer el producto obliga a los laboratorios farmacéuticos a sacar productos nuevos bajo la metralla de la propa­ganda promocional, enalteciendo los efectos etiológicos al alcance del lego. Entonces, crece el interés humano bajo la virtud de los pro­ductos anunciados, pero también aumenta el número de curanderos, consejeros y canales anímicos, que recetan de “oído” y sin conocimiento de causa.

Los facultativos prudentes esperan comprobar las reacciones del médicamento sobre el cuerpo humano, pues saben de sobra que esas experiencias, pase a las afirmaciones optimistas del fabricante, pueden causar casos de alergia de origen químico o estados mórbidos imprevistos. Al no existir enfermedades, pero si enfermos, es natural que la droga capaz de producir éxito en determinada criatura, pueda ser inocua, agresiva o alérgica, para otro enfermo de temperamento opuesto. El hombre no es un conjunto de compartimientos estancos, susceptibles de control mecánico, sino, un ser cuyo cuerpo y alma se comportan de forma diferente en cada individuo.

 A veces, los espírituales recetistas desearían transmitir algunos consejos y orientaciones espírituales a sus consultantes, alertándolos sobre sus perturbaciones emotivas o psíquicas. Los canales intuitivos, convencidos de que el médicamento material es más importante que la recuperación espíritual, se dejan dominar por la autosugestión, y prescriben cualquier droga que les viene a la mente, confundiendo su animismo con las intuiciones del más Allá.

 

Parágrafo No. 72:

 Considerando que cada día aumenta el número de canales y también el de quienes recetan inyecciones, antibióticos y otras drogas de la medicina alópata, y, sin embargo, no todos los espiritas están de acuerdo con el recetario alopático, desearíamos oír vuestra opinión al respecto.

 Respuesta: Conforme esclarecimos en otras oportunidades, a veces bastan algunas gotas homeopáticas, un simple puñadito de hierbas caseras o una copa de agua fluidificada para que se produzca la cura milagrosa. Eso sucede cuando existen razones serias para que el enfermo prosiga con sus actividades en el mundo material, o cuando la dirección de lo Alto prorroga los males de su vida física por efecto de alguna intercesión espíritual acreditada.

 Además, en cuestiones de curas, los canales no gozan de prioridades terapéuticas, pues los médicos también son óptimamente asistidos desde “este lado”, y cuan­do son intuidos en el momento propicio, pueden prescribir el médicamento Salvador y recomendar las soluciones acertadas, aunque ignoren que están transmitiendo indicaciones de los mentores desencarnados.

No pretendemos censurar a todos los canales que recetan médicamentos alopáticos, dado que muchos son asistidos por espírituales de elevada jerarquía espíritual, pero es conveniente comprender que, si está en la voluntad de Dios, cualquier moribundo podría librarse de la muerte sin necesidad de médicamento alguno. Es aconsejable y lógico eliminar de las prácticas del canal todo lo que puede ocasionar el ridículo o censuras a la responsabilidad del Espiritismo. Sus adversarios gratuitos siempre tratan de obstaculizar la función principal de moralizar la conciencia y liberar al espíritu de las pasiones animales, para confundirla con la imprudencia y contradicciones de los canales ignorantes, interesados y amigos de la ociosidad espíritual.

 Los postulados del Espiritismo nada tienen que ver con los canales flojos o incipientes, que además de no estudiar la doctrina, pretenden curar al prójimo antes de lograr su equilibrio físico y su salud psíquica. Algunos, precariamente restablecidos de la obsesión que los atormentaba por largo tiempo, y que los obligo apresuradamente al desenvolvimiento de canal, se ponen a recetar las últimas novedades farmacéuticas alopáticas, como si fueran prescriptas por lo alto.

 El apuro por “hacer la caridad” y salvar a la humanidad antes de la reforma espíritual interior, induce a muchos canales principiantes a recetar médicamentos alopáticos peligrosos, convencidos de ser instrumentos  de  los médicos  desencarnados.

Algunos  llegan  a rechazar el consejo oportuno y la advertencia amiga de sus colegas experimentados, que tratan de orientarlos en la práctica del canal incipiente.

 De esa forma, asume grave responsabilidad el canal intuitivo que se cobija bajo el Espíritualismo y se pone a recetar médicamentos peligrosos, como la cortisona, antibióticos, sulfas, codeínas, estricnina, butazona, salicilatos, adrenalina, bismuto, morfina, drogas a base de iodo, mercurio, arsénico, barbitúricos o hipnóticos, que pueden pro­ducir consecuencias depresivas perjudiciales o vicios incontrolables. La ciencia médica, en su incesante investigación sobre el cuerpo humano, termina descubriendo nuevas consecuencias mórbidas a causa de médicamentos tóxicos, que se vuelven de uso prohibitivo.

 Y como los canales no tienen conocimientos suficientes o práctica médica para observar personalmente las posibles alteraciones que puedan suceder a los pacientes por causa de las drogas alopáticas recetadas, terminan suponiendo que esas anomalías son otras tantas enfermedades diferentes de las que diagnosticaron anteriormente.

 

Parágrafo No. 73:

 Por todo lo expuesto, creemos que serla más sensato que los canales espiritas recetaran únicamente hierbas, remedios caseros o agua fluidificada que, aunque fueran menos eficientes, no provocarían intoxicaciones o graves consecuencias imprevistas; por otra parte, se evitarían así graves censuras a la doctrina espíritual. No es verdad?

 Respuesta: No hay duda de que el recetario alopático ofrece serios peligros, y no es aconsejable para los canales intuitivos, que no posean el mínimo de conocimientos farmacéuticos que les permita prever las reacciones tóxicas de los médicamentos para el cuerpo humano. Exceptuando a los canales recetistas totalmente sonámbulos o mecánicos, que no interfieren o interponen anímicamente el médicamento, indicado por los espíritus desencarnados, es necesario evitar que los otros tipos de canales receten la alopatía bajo la res­ponsabilidad de los Espírituales.

 Aunque la homeopatía también receta medicamentos bajo la responsabilidad médica, y es posible de críticas cuando es prescrita por los canales, sin embargo es la terapéutica más indicada para el recetario de canal, puesto que es una medicina de acción enérgica y medicamentosa, que actúa principalmente a través del sistema “etéreo astral” del periespíritu, y puede ser controlada con más éxito por los espíritus desencarnados.

 Aun cuando se comprueba algún equivoco peligroso por parte del médium recetista homeópata, los efectos indeseables o contraindicados en la prescripción, pueden ser atenuados por los procesos de “eterización” por parte de los espíritus terapeutas, dado que disuelven en el medio ambiente el éter medicamentoso contraindicado.

 Como la homeopatía actúa por medio de los medicamentos dinamizados por el magnetismo vital de las sustancias minerales, vegetales y animales, los espíritus terapeutas pueden adosarles nuevas cuotas de energía del mundo oculto, para aumentarles el efecto curativo, sin correr los peligros de los medicamentos alopáticos.

Ni aun así, el canal intuitivo que receta homeopáticamente debe despreocuparse por el estudio de esa medicina, pues deberá ser el primero en reconocer sus propios equívocos cuando prescribe anímicamente, creyendo que es una receta del más allá. Cuanto más amplios y ricos sean los conocimientos y el archivo terapeuta del médium, podrá ofrecer a los enfermos mayores y mejores caminos para el éxito del recetario manejado por los desencarnados.

 

Parágrafo No. 74:

 ¿Qué requisitos son necesarios para que el canal intuitivo logre éxitos o fidelidad en sus prescripciones homeopáticas?

 Respuesta: El canal intuitivo recetista, que prescribe homeopáticamente, debería saber, por lo menos, cuales son los medicamentos antídotos, complementarios o incompatibles, clasificados científicamente por la farmacología homeopática. Debe familiarizarse con los métodos apropiados para el tratamiento de las dosis infinitesimales, como también con los tipos más indicados para los casos agudos o crónicos. Aunque se trate de conocimientos elementales, de los que los canales podrían prescindir, puesto que los desencarnados son los que deben recetar los medicamentos adecuados, lo cierto es que la homeopatía ejerce una acción pronunciada en el periespíritu, por eso, las mezclas de medicamentos, neutralizan la cualidad terapéutica.

 Por ignorar los preceptos más comunes de la medicina homeopática, ciertos espírituales incipientes juzgan que, recetando simplemente media docena de medicamentos homeopáticos mezclados en el mismo frasco, bastara para que uno de ellos produzca el milagro esperado. Ignoran que las leyes sutilísimas que rigen la acción homeopática en el cuerpo humano, no aceptan la mezcla de ciertas dosis que son antídotos, incompatibles o neutras entre sí.

El público, habituado a la 5ª dinamización, generalizada por el recetario de canal, cree que la homeopatía no produce modificaciones o reacciones en el cuerpo humano. Sin embargo, las altas dosis de la receta médica, por su acción atómica y profunda en la contextura del periespíritu, desprenden las toxinas que se encuentran adheridas y que después convergen hacia el cuerpo físico, exigiendo la ayuda de la baja dinamización, para que se efectúe el drenamiento por las vías emuntorias.

Cuando la prescripción homeopática se sintoniza providencialmente con el tipo psicofísico constitucional del enfermo, es bastante un medicamento solo, para que se produzcan efectos positivos. Es lo que sucede muchísimas veces en el Espíritualismo, a pesar de tratarse de la 5ª dinamización, cuando los espírituales consiguen recetar con exactitud y selectividad las dosis homeopáticas adecuadas para los consultantes graves.

 Pero, si los canales se disponen a recetar homeopáticamente sin darle la debida importancia científica, e incurren en el error de prescribir médicamentos antagónicos, o aconsejan mezclarlos con infusiones de hierbas, leche, café o drogas médicamentosas, sería preferible que se limitaran a recetar el agua fluidificada o que recomendaran las prácticas de los pases de canales, que les proporcionarían mayores satisfacciones.

 

Parágrafo No. 75:

 Dicen algunos entendidos que la homeopatía de la 5ª dinamización no produce efecto alguno, porque es una dosis incapaz de modificar la causa enferma. ¿Qué nos decís?

Respuesta: En otras oportunidades dijimos que las enfermedades no ceden ante los remedios densos fuertes, sino que es el cuerpo físico el que efectúa la cura cuando incorporan las energías vitales que movilizan la desintegración atómica del médicamento ingerido. En consecuencia, la homeopatía es la terapéutica más avanzada para la cura del hombre, porque es “más energía y menos médicamento”, o sea, que elimina gran parte del esfuerzo que el organismo tendría que efectuar en la tarea preliminar de repeler la sustancia para asimilar luego la esencia energética. Considerando al cuerpo humano como un poderoso transformador que aprovecha la energía de la “Usina Cósmica”, convirtiéndola en fuerza disciplinada a su disposición, se comprende, entonces, que pueda extraer de la dosis homeopática la “carga energética” pura y de inmediato aprovechamiento para su recuperación vital.

 De esta forma, en ciertos casos se producen efectos sorprendentes con la administración de la 5ª  dinamización por parte de los espíritus, aunque en la práctica médica las dosis de 200, 500 6 1.000 se consideren más potentes en su acción energética. Naturalmente, los mejores resultados terapéuticos dependen, fundamentalmente, de la capacidad del organismo etéreo-físico para aprovechar el mayor “quantum” posible de la energía que le ofrece la dosis infinitesimal. En consecuencia, aunque sean dinamizaciones bajas, la 5ª puede ofrecer reacciones similares a las que se obtienen con las dosis de profundidad y de alta potencia.

 Además, lo que realmente distingue entre sí a las bajas, medias o altas dinamizaciones de la Medicina homeopática, es la forma en que actúan en el organismo, pues mientras las bajas funcionan como drenadores de los residuos tóxicos y perniciosos, las altas lo hacen como bombas desintegradoras. Es una acción de profundidad en el eterismo periespíritual, por cuyo motivo, a veces se refleja en la personalidad del hombre, desintegrándole el morbo psíquico que lo afecta en forma anormal, y restituyéndole el tono acostumbrado de su temperamento psíquico original. Cuando en el organismo existen las condiciones adecuadas para la terapia homeopática, entonces se produce la cura deseada, puesto que no es ni la baja ni la alta dinamización la que obré en potencia, sino la prescripción más acertada.

 Y como los espírituales desencarnados auscultan directamente en el periespíritu de los enfermos el morbo que los afecta, y que más tarde, en gradual descenso, termina por manifestarse en la periferia del cuerpo físico, ellos pueden obtener curas verdaderamente milagrosas, como suele suceder en las curas espírituales.

 

Parágrafo No. 76:

 ¿Podrás aclararnos aún mejor esa acción de la alta dosis homeopática bombardeando la contextura del periespíritu, y que algunas veces llega a modificar el estado temperamental del enfermo?

Respuesta: El homeopático es un médicamento energético capaz de actuar en los intersticios atómicos y etéreo-astrales del periespíritu, por eso puede tranquilizar los temperamentos excitados, eterizando los residuos mórbidos que oprimen el psiquismo de los enfermos. Al mismo tiempo que revitaliza todos los centros energéticos del cuerpo físico y del “doble éterico” —accionando los “chakras” y despertando el tonus vital de los plexos nerviosos—, su acción es profunda, penetrante, y expurgadora de las toxinas que forman el residual de la mente, cuando esta se descontrola. Las altas dosis, como dijéramos, actúan en lo íntimo del ser, desalojando las impurezas que se acumulan como sustancia o combustible usado por el espíritu, y que queda adherida a su delicada tesitura periespíritual.

 En una rápida comparación, y como ejemplo de nuestras manifestaciones, recordamos el caso del hombre inteligente, atento, educado y pacífico, que a veces se vuelve un enfermo sicopático o esquizofrénico, idiota o embrutecido, cuando está sometido a la acción del alcohol, de las drogas excitantes, hipnóticas o toxicas, tales como la cocaína, morfina, opio, belladona, etc. Aunque no se trate de una enfermedad, en la acepción aceptada de esta palabra, lo cierto es que el psiquismo de ese hombre se modifica y su temperamento revela matices incomunes a su estado normal. Hay transformaciones que lo animalizan o casi lo alucinan, al tiempo que afloran a la superficie de su conciencia resentimientos aún desconocidos por sus familiares.

 Bajo la acción momentánea de las drogas o tóxicos, el borracho o viciado, demuestra condiciones enfermizas y clasificables según la terminología patológica de la medicina académica, porque son opuestas a sus costumbres, criterio, sentimientos y buen sentido. Indudablemente, después de pasado los efectos de los tóxicos o alcoholes, la victima retoma sus actitudes normales, por haber desaparecido la acción mórbida de su mente.

Algo semejante sucede con el paciente que ingiere una alta dosis homeopática, adecuada a su tipo psicológico o temperamental, pues no bien se disipa la carga mórbida que acumula y sustenta por su descuido espíritual en el contacto con el mundo animal, se siente más desahogado, controlado y sano en su temperamento. Cuando limpias el vidrio que cubre la linterna, su luz se proyecta con más alcance y nitidez; también, después de la intervención terapéutica de la alta dosis homeopática, el espíritu del hombre adquiere más claridad en su contextura psicofísica. El descenso compulsivo de las toxinas que le oprimían la circulación periespíritual, reduce la excitación instintiva y propia del mundo animal.

 Esa es una de las acciones benefactoras de la homeopatía sobre ciertos enfermos, que al recibir la carga energética potencializada, sienten modificar hasta su contextura mental y emotiva, despertándoles un estado de euforia excepcional. He ahí porque la homeopatía es una medicina afín a la terapéutica de los espírituales, puesto que consigue imprimir en el periespíritu de sus pacientes ciertas reacciones emotivas y de tenor benéfico, que los hace más sensibles para asimilar la espíritualidad.

 

LOS PASES MEDIUMNICOS Y EL RECETARIO DE AGUA FLUIDA.

 

Parágrafo No. 77:

 ¿Qué puedes decimos acerca de las cualidades terapéuticas del agua fluidificada por los canales?

 Respuesta: El agua fluidificada es la medicina ideal para los espírituales y canales recetistas, pues, aunque sea destinada a fines terapéuticos, su aplicación no debe ser censurada por los médicos, dado que no infringe las leyes del Código Penal del mundo, y su prescripción no hace parte de la práctica ilegal de la medicina. Cuando el agua es fluidificada por los canales o personas de físico y psiquismo sano, se potencializa extraordinariamente en su energía éterica natural, volviéndose un médicamento saludable, capaz de revitalizar los órganos físicos debilitados y restablecer las funciones orgánicas desarmonizadas.

 El agua es un elemento energético y optimo vehículo para transmitir fluidos bienhechores al organismo humano. Es sensible a los principios radiactivos emanados del Sol y al magnetismo áurico del periespíritu  humano.

Por consiguiente, si el individuo que debe fluidificar el agua está enfermo, debilitado, o su mente se encuentra en efervescencia, o bajo el influjo de emociones nocivas, en ese caso, el agua se transformara en un elemento deletéreo.

Pero, no ha de deducirse por eso, que el donador de fluidos deba ser un santo, sino un espíritual que tenga “buena salud”. El agua fluidificada es un médicamento eficaz, exceptuado de los tóxicos de las drogas y productos de la farmacología moderna, los cuales, muchas veces, son fabricados por industriales, que en su avidez por mayores lucros, no atienden a las correctas características de las fórmulas. Aunque esto no es frecuente, sucede a veces que el agua potencializada o fluidificada por canales poderosos y de sana vitalidad, alcanza el “quantum” energético y bienhechor de la homeopatía en su 100.000 dinamización infinitesimal.

 Los canales vegetarianos, sin vicios deprimentes y liberados de las pasiones esclavizadoras, son capaces de producir curas prodigiosas por el empleo de agua fluidificada, la que, a su vez, es superactivada por las energías movilizadas por los espíritus desencarnados en el servicio de ayuda a los encarnados.

 

Parágrafo No. 78:

 ¿Cuál es el verdadero proceso que hace posible que el agua común se transforme en medicina curativa?

 Respuesta: En realidad, es el propio organismo del hombre el que ofrece las condiciones electivas, para que el agua fluidificada se vuelva medicina, en la intimidad de su organización etéreo-física.

 De acuerdo con los conceptos modernos, afirmados por la ciencia terrena, el cuerpo humano presenta un aspecto ilusorio de “ma­teria”, predominando un número inconcebible de espacios vacíos denominados “Interatómicos” que prevalecen sobre una cantidad microscópica de masa realmente absoluta.   Si fuera posible comprimir todos esos espacios vacíos que existen en la intimidad de la sustancia material del cuerpo físico, se obtendría lo que el hombre de ciencia llama “pasta nuclear”, resultando de esa desagregación quicio-física, apenas un puñado de polvo compacto que representaría la masa real y existente del hombre, y que cabría en una caja de fósforo, manteniendo también el mismo peso que se le conocía. Se comprueba así, que un hombre cuyo peso normal fuera de 60 kilos, al producirse la denominada pasta nuclear compacta, pesaría exactamente igual.

En consecuencia, el organismo humano es un portentoso acumu­lador o red de energía, que la precariedad de los sentidos humanos distingue bajo la forma de un cuerpo de carne o materia. Su individualidad intrínseca y preexistente es el espíritu eterno, cuya “hábitat” adecuado es el piano espíritual, donde utiliza sus atributos de pensar y actuar sin necesitar del cuerpo físico.

 Cuando el hombre se alimenta, apenas ingiere sustancia ilusoria, llena de espacios vacíos o interatómicos, en donde prevalece la energía cósmica, sustentando la figura provisoria del ser. Aunque la alimentación común del hombre se componga de sustancia material, ella se destina esencialmente a nutrir los espacios vacíos del “campo magnético” del cuerpo humano. El cuerpo físico funciona como un desintegrador atómico que extrae toda la energía existente en la sus­tancia que absorbe en su nutrición.

 Libera completamente la energía atómica que existe en su alimentación, o en los médicamentos que la medicina terrena prescribe para defensa de su salud orgánica. Todo se resume a la “revitalización magnética”, es decir, que adquiere la energía y no la sustancia que la provee. Los alimentos, el aire, la energía solar y los demás fluidos ocultos del orbe terráqueo, están saturados de principios similares a los de la electricidad, y aseguran la estabilidad de la forma humana en su apariencia física.

El canal es un ser humano y, por lo tanto, un receptáculo de esa electricidad biológica, transformándose en un acumulador vivo que absorbe las energías de todos los tipos y frecuencias vibratorias, para proveer las necesidades de su metabolismo carnal. Si puede potencializar esas energías y conjugarlas en una sola dirección, dirigiéndolas por su voluntad despierta y activa, podrá fluir y dinamizar el agua y transformarla en líquido vitalizante, capaz de producir curas milagrosas. Es evidente que el cuerpo humano de los enfermos, similares a otros acumuladores de cargas, pero debilitados, absorbe, cuanto le es posible, el “quantum” de energía que le provee el agua fluidificada por los canales. Esa energía proveniente de la ayuda del canal penetra en la organización periespíritual del enfermo, distribuyéndose por todos los espacios interatómicos, y eleva el “tonus-vital” por la dinamización de su estructura electro-biológica.

 

Parágrafo No. 79:

 ¿Cómo debemos interpretar que el agua fluidificada por los canales, a través de sus fluidos magnéticos, pueda superar a los más poderosos médicamentos de la medicina terrena?

 Respuesta: Hemos manifestado en varias oportunidades, que tanto el médium como el enfermo, son acumuladores vivos, cuya diferencia incide sobre la carga de energía, y que sus cuerpos reducidos en su estructura y espacios interatómicos caben perfectamente en una caja de fósforos. Al ingerir el agua fluidificada, potencializada en forma extraordinaria en su energía, el hombre absorbe directamente en su estado de pureza, las cargas de fuerzas vitalizadoras. En el caso de los médicamentos fabricados, extrae el “quantum” de energía que necesita, y también absorbe de los elementos, las impurezas y sustancias tóxicas de su natural composición química.

 Los médicos saben perfectamente que eliminar los síntomas enfermizos del cuerpo físico, no significa la cura de la enfermedad, porque neutralizando los efectos mórbidos no termina con la causa que los provoca. Esas drogas excitantes, antiespasmódicas, dilatadoras, sedativas o térmicas, aunque son benefactoras para eliminar los síntomas dolorosos, están compuestas, generalmente, de tinturas de vegetales agresivos, minerales cáusticos, sustancias tóxicas, extraídas de los insectos y reptiles y que, si fuesen suministradas en su forma química natural, causarían la muerte inmediata. Ésa es la gran dife­rencia entre el agua fluidificada y la medicina recetada. La primera es energía pura transmitida por medio de un vehículo inofensivo, como lo es el agua común, la segunda, aunque ofrezca también provechosas energías para el campo magnético del hombre, utiliza sus­tancias nocivas, que obligan al periespíritu a realizar agotadoras reacciones defensivas contra su toxicidad. Mientras tales drogas exterminan los síntomas enfermizos del cuerpo carnal, su eterismo oculto y desconocido para la ciencia común, ataca al periespíritu, porque ese eterismo se origina en el duplo etérico de los minerales, vegetales, insectos y reptiles del mundo astral primario, propio de los reinos inferiores del orbe.

 El agua es un buen conductor de la electricidad, y una vez fluidificada, eleva su padrón energético común hacia un nivel vibratorio superior. De esa forma se producen verdaderos milagros2[2]en su uso terapéutico adecuado, similar al pase del canal o magnético, que siendo aplicado por el canal a personas de fe y sanos de cuerpo, se transforma en  energías provechosas para la contextura atómica del cuerpo físico. La materia, conforme explicó Einstein, es “energía condensada”, lo cual pudo comprobarse por la desintegración atómica lograda por la ciencia moderna, y que transformo nuevamente la materia en energía. De ese modo, lo que nos parece sustancia sólida, absoluta, es un campo dinámico en continua ebullición, cuya forma es una apariencia resultante de ese fenómeno admirable llamado movimiento vibratorio. No hay inactividad absoluta en el Cosmos; hasta en el seno de la piedra hay vida dinámica, constante, acondicionada a alcanzar frecuencias cada vez más elevadas y perfectas.

 Por eso, en la intimidad del cuerpo físico, el perfecto equilibrio gravitacional de las orbitas microelectrónicas, gobernadas por las fuerzas de atracción y repulsión, son las que dan la apariencia ilusoria de la materia compacta. La anulación reciproca de la ley de gravedad en el mundo infinitesimal, permite a cada electrón mantenerse en órbita alrededor de su núcleo, y alcanzar mayor o menor velocidad, tal como sucede con los satélites artificiales lanzados por los científicos terrenos, los que, conforme a su velocidad, se mantienen en rotaci6n alrededor de la tierra entre determinado apogeo y perigeo.

 

Parágrafo No. 80:

 ¿Toda agua fluidificada por los canales produce resultados terapéuticos y beneficiosos para los enfermos?

 Respuesta: No es suficiente que los canales fluidifiquen el agua, suministren pases de los canales o recepcionen recetas, para que se logren resultados positivos. Necesitan mejorar su salud física y sanar sus desequilibrios morales. La simple operación de extender las manos sobre un recipiente lleno de agua y fluidificarla para que se vuelva un vehículo de magnetismo curativo, exige del médium el fiel cumplimiento de las leyes de la higiene física y espíritual, para elevar el padrón cualitativo de sus irradiaciones vitales.

 Aunque las fuerzas del espíritu sean autónomas y se manifiesten en forma independiente de las condiciones físicas o de la salud corpo­ral, el éxito del canal de los pases y fluidificación del agua es afectado, cuando los canales pasistas descuidan su higiene física y mental.

 

Parágrafo No. 81:

 ¿Qué nos puedes decir respecto a esa medida profiláctica de higiene que deben observar los canales pasistas?

 Respuesta: En muchos centros espírituales aun faltan el recipiente de agua y el jabón, para que ciertos canales pasistas eliminen la suciedad de las unas y manos, cuando llegan a última hora para atender los trabajos de los canales. A pesar de la buena voluntad de esos canales en el servicio caritativo por “vía espíritual”, sus manos entran en contacto con centenas de objetos, personas enfermas, animales, líquidos, sustancias químicas agresivas, médicamentos, polvo, tóxicos varios, cigarros, alcoholes, dinero, etc., que por falta limpieza previa, se transforman, a la hora de los pases, en desagradable lluvia de fluidos contaminados por los gérmenes y partículas nocivas que transmiten a los enfermos.

 Jesús era pobre, pero muy aseado; sus manos siempre estaban limpias y evitaba toda alimentación tóxica o indigesta.

 

Parágrafo No. 82:

 Los espíritualistas afirman que el mandato del canal es una tarea puramente espíritual, pudiendo dispensar de cualquier ritual, preocupaciones preventivas o recursos del mundo material para alcanzar un buen éxito. Aseveran que la buena intención y la conducta impecable son suficientes para atraer a los espíritus, que se encuentran prontos para ayudar en los servicios de socorro bajo la égida del Espiritismo.

 Respuesta: Somos del parecer de que los canales no deben confundir “rituales” con “preceptos de higiene”. El principal objetivo de la práctica de los rituales en el mundo terreno es exaltar la voluntad por la focalización en los símbolos y recursos sugestivos que impresionan la mente, para producir un estado de “fe” o de confianza excepcional, capaz de acelerar las energías espírituales del ser, para lograr realizaciones psíquicas excepcionales.

 La higiene corporal y el aseo en los vestidos de los canales, durante sus tareas de los canales, nada tiene que ver con rituales, prácticas ortodoxas o cualquier ceremonia de exaltación de la fe humana. El uso del jabón para la limpieza del cuerpo físico es una necesidad esencial a fin de eliminar la suciedad, el mal olor y los gérmenes contagiosos que puedan afectar a los pacientes.

 No tenemos la menor duda de que un Francisco de Asís o un Jesús, podrían inclusive exceptuarse de cualquier recurso profiláctico del mundo material para alcanzar éxito en su misión junto a la humanidad terrena. La luz continua que irradiaban de sus auras, impregnadas de fotones profilácticos, era suficiente para proveerlos de fuerzas terapéuticas o para preservarlos de los focos virulentos. Las oraciones y bendiciones de tales almas sublimes eran suficientes para transformar el agua común en médicamento poderoso.

Es obvio que los canales aun no pueden poseer esa cualidad, puesto que todavía son espírituales en prueba sacrificial en el mundo terreno, emprendiendo su redención espíritual por medio de intensa lucha contra las malezas y culpas de las existencias anteriores. Ante la falta de credenciales de elevada espíritualidad, no deben olvidar los recursos profilácticos del mundo físico para observar.

 

Parágrafo No. 83:

 

LAS CINCO CLASES DE MÉDICO

Como hay cinco clases de enfermedades, y como cada enfermedad debe tratarse con referencia a su causa, pueden distinguirse cinco métodos distintos de tratamiento, los cuales, sin embargo, no se deben confundir con cinco sistemas diferentes que uno  pueda escoger a su antojo, pues cada uno de estos métodos requiere la posesión de ciertas cualidades naturales distintas, las más elevadas de las cuales se encuentran ahora muy raras veces.  Mientras que se puede enseñar con bastante facilidad a cualquier persona que tenga un grado ordinario de inteligencia, la ciencia de los métodos inferiores, tales como la prescripción de drogas, el uso del agua fría o caliente, o la aplicación de cualquier otra fuerza física, el verdadero arte de la medicina requiere dotes y talentos superiores que no pueden adquirirse sino conformándose a la ley de evolución espíritual, o sea por medio del desarrollo superior del hombre interno.  El médico que posee los poderes que confiere la sabiduría, puede también adquirir el conocimiento de las opiniones y tecnicismo que componen el equipo de los médicos inferiores; pero un médico de clase inferior, no puede prácticar el arte de la clase superior, sin ser iniciado en aquella clase por medio del desarrollo del poder que para ello se requiere.

De esto resulta evidente que es tan importante la cualidad del médico mismo como el sistema que práctica.

 Paracelso distingue cinco clases de médicos: las tres clases inferiores buscan sus recursos en el plano material; las dos clases superiores emplean remedios que pertenecen al plano supraespíritual.  Pero dice también que, debido a la unidad de la Naturaleza, cualquiera de estas clases de médicos puede efectuar curaciones en cualquiera de los cinco campos; y que ningún médico debe cambiar un sistema por otro, sino que cada uno debe permanecer adherido a la “secta” a la cual naturalmente pertenece.

 Paracelso describe estas cinco clases de médicos como sigue:

 

  1. Naturales – Los que se sirve de remedios físicos que obran como opuestos, es decir, medios físicos y químicos, como el calor contra el frío, etc., etc. (Alópatas)
  2. Específicos – Los que emplean ciertos remedios que, según lo ha demostrado la experiencia, obran como specificu (Empíricos, Homeópatas).

 

  1. Característicos – Los que se sirven de los poderes de la mente, obrando sobre la voluntad y la imaginación del enfermo (curación mental, mesmerismo, etc.)

 

  1. Espírituales – Los que poseen poderes espírituales y se sirven del poder mágico de su voluntad y pensamiento (Magia, Psicometría, Hipnotismo Espiritismo, Hechicería).

 

  1. Adeptos – Aquellos por medio de los cuales se efectúan obras “milagros” en el poder de la verdadera fe (Adeptos).

 A cualquiera de estas cinco “sectas” o facultades que pertenezca un médico, debería estar perfectamente versado y experimentado en su departamento, poseyendo un conocimiento profundo del mismo y no un conocimiento superficial.

 “En cualquier facultad que uno desee adquirir un grado y alcanzar éxito debería además de considerar el alma y el cuerpo enfermo del paciente, esforzarse en tener un conocimiento perfecto de ese departamento y ser enseñado más por su razón e intuición propias que por lo que pueda decirle el enfermo.   Debería poder reconocer la causa y origen de la enfermedad que trata, y su conocimiento debería ser firme y no sujeto a dudas”.

 

Hay por lo tanto, en cada una de estas clases tres grados, a saber:

 

  • Los que poseen todos los requisitos de su arte.

 

  • Los que han alcanzado tan sólo la mediocridad.

 

  • Los zotes, charlatanes y embusteros a cuyo grado pertenece la inmensa multitud de charlatanes con o sin diplomas, los que se aprovechan de la ignorancia y credulidad del pueblo, y con sus venenos y drogas “matan anualmente más personas que la guerra, el hambre y la peste combinadas”. Pero ninguna de estas cinco clases de médicos debería considerar su propio sistema como el único verdadero, y rechazar a los demás y considerados como inútiles, pues en cada uno se halla el poder pleno y perfecto de curar todas las enfermedades que provienen de cualquiera de las cinco causas y cada uno tendrá éxito si tal es la voluntad de la ley.

 

 Parágrafo No. 84:

 

  1. Naturales

 

A esta clase pertenece la hueste inmensa de lo que hoy día suele llamarse “médicos regulares”, es decir los que siguen la vieja rutina de la ciencia médica oficial, desde el médico más o menos progresista, hasta el vendedor de drogas.  Los remedios que emplean pertenecen a los tres reinos de la naturaleza y según los elementos que representan, pueden dividirse como sigue:

 

  1. Tierra – Esta incluye todas las substancias minerales vegetales y animales que se requieran para objetos medicinales drogas yerbas y sus preparaciones, agentes químicos, etcétera.
  2. Agua – A ésta pertenece la Hidroterapia, baños calientes y fríos, y todo lo que tenga relación con ella.
  3. Aire – Los resultados terapéuticos que se pueden obtener por medio de la inhalación de ciertos gases y vapores, son ahora muy poco conocidos comparativamente, exceptuando el hecho de que para estos propósitos se suele recurrir a los cambios de clima. El empleo de tales cosas como el aire puro, la luz del sol, etc., es con mucho demasiado sencillo para ser debidamente apreciado por una generación cuyo modo de pensar es excesivamente complicado para ponerlos en aptitud de percibir las verdades simples y por lo tanto, se les considera como perteneciendo a la “higiene” más bien que a la “terapéutica”.
  4. Fuego – Entre los agentes que pertenecen a esta descripción pueden contarse toda clase de energía, calor y frío la luz y las acciones de sus rayos de diversos colores, la electricidad física, el magnetismo mineral, etc., todos los cuales, hasta ahora han recibido muy poca atención por parte de la medicina moderna, mientras que los antiguos se servían de semejantes remedios para curar muchas enfermedades.
  5. Éter – Hasta ahora, el elemento único y su acción son apenas teóricamente admitidos por la ciencia moderna, y prácticamente son casi desconocidos. Muy recientemente se ha dado un gran paso en esta dirección con el descubrimiento de la acción terapéutica del éter solar y por medio del uso de un aparato para el empleo de sus radiaciones.

Empero la esfera de actividad para el médico natural no se limita a la extensión del plano meramente físico.

 Si asciende un escalón más puede emplear no sólo los productos de la vida, sino la actividad vital misma, en una forma más elevada.  Las fuentes de las cuales recibe los remedios físicos, son los productos físicos de la naturaleza; los manantiales de los cuales saca poderes vivos, son organismos vivos.  A este departamento pertenece el uso del “magnetismo animal”; la transmisión de la vida; la trasplantación de las enfermedades y otras cosas semejantes perfectamente descritas por Paracelso, Cornelio Agrippa y otros, pero que no existen para nuestra ciencia médica oficial,

 Aún los que se sirven de los principios materiales groseros, emplean también sin tener conciencia de ello, los principios superiores que están en ellos; pues toda substancia física, cualquiera que sea el reino al cual pertenezca, es una expresión no sólo de uno de los cuatro elementos sino de los cuatro, y contiene todos los principios superiores.  Por ejemplo, se ha demostrado que la acción de ciertas drogas corresponde a la de los colores que producen en el espectro solar cada estado de materia corresponde también a cierto estado de tensión eléctrica; cada partícula de alimento prueba con ser nutritiva que en ella está presente el principio vital; cada droga venenosa que obra sobre la mente, prueba así lo que el principio mental en ella está en un estado de actividad elevado.  En el universo no hay “materia muerta”; cada cosa es una representación de un estado de conciencia en la naturaleza, por más que difiera este estado de conciencia del nuestro, y está por lo tanto, fuera del alcance de nuestra percepción; cada cosa es una manifestación de la “mente”, aunque no presenta funciones inteligentes, o lo que seamos capaces de reconocer como tal.

 Es por completo imposible comprender esto desde el punto de vista tomado por la ciencia natural moderna, pues se necesitan los conocimientos filosóficos que constituyen el primer pilar en el templo de la medicina.  La ciencia médica moderna tiene todavía un vastísimo campo que explorar; y si no conocen hoy día ciertas ciencias conocidas de los antiguos, no es porque no hayan existido tales ciencias, sino porque han cesado de ser comprendidas en razón de las tendencias materialistas de la época actual.

 

 Parágrafo No. 85:

 

  1. Específico

A esta clase pertenecen todos los médicos que en determinadas circunstancias emplean ciertos remedios que, según saben por la experiencia, han dado buenos resultados en circunstancias idénticas.  A este sistema, por lo tanto, puede llamársele “Empirismo”, y constituye la mayor parte de la terapéutica moderna, pues lo poco que se sabe actualmente con referencia a las acciones fisiológicas y terapéuticas de los médicamentos, no es después de todo, más que el resultado de la observación, y no del conocimiento de las leyes fundamentales de la Naturaleza por las cuales los médicamentos obran tal como lo hacen.

El calor es un remedio específico para el frío, y la humedad para la sequedad, pero aún los remedios opuestos tienen el mismo efecto específico.  Así, por ejemplo, el dolor ocasionado por una inflamación, y la inflamación misma, pueden curarse tanto por medio de aplicaciones frías como calientes a la parte inflamada, porque en un caso se contraen las venas, con lo cual disminuye la cantidad de sangre que se agolpo en ellas, mientras que en el otro caso se dilatan estos vasos haciéndose el flujo de sangre con facilidad y sin dolor.  La acción específica de las substancias químicas, es debida a sus afinidades (armonías) químicas.  Así, por ejemplo, la acción fortificante que resulta de la inhalación de aire fresco, es causada por la afinidad que tiene el Oxigeno con el carbono en la sangre, y por el principio vital del aire sobre el principio vital del cuerpo.  De esta manera los bacilos de la tuberculosis en los pulmones pueden ser destruidos por medio de la acción específica de ciertos gases, los cuales, al ser inhalados, forman ciertos compuestos químicos con determinados elementos contenidos en estos microorganismos, y así causan su destrucción.  En el universo cada cosa tiene lugar por cierta razón y tiene una determinada acción específica que depende de ciertas condiciones.  Si conocemos las leyes, la experiencia viene a ser una ciencia; pero sí nuestra ciencia está ciega, la experiencia no puede guiarnos.

 Lo semejante conoce a lo semejante.  Los sentidos físicos conocen solamente las cosas físicas; pero todas las cosas visibles son una expresión del alma, y ¿Qué podemos saber acerca del Alma de las cosas, si no conocemos nuestra propia alma?  No puede haber movimiento sin emoción que lo produzca, sea directa o indirectamente.  Todos los movimientos son manifestaciones de energía; la energía es una manifestación de conciencia; la conciencia es un estado de la mente; la mente es un vehículo para la manifestación del espíritu; el espíritu es el “Aliento” por el cual fue creado el mundo.

 Si se estudiasen los colores de los Tattwas y su naturaleza, se abriría un nuevo campo a la ciencia médica.  Entonces se podría explicar por qué un loco furioso se sosiega cuando se le encierra en un cuarto lleno de luz azul, y una persona melancólica mejora en un cuarto tapizado con lienzos colorados o amarillos; por qué se enfurece un toro a la vista del rojo, y una muchedumbre se vuelve rabiosa a la vista de la sangre.  Cuando no se conocen las leyes por las cuales ocurren ciertos efectos, sólo podemos registrar los hechos.  Si reconocemos una verdad por la experiencia podemos servirnos de ella, dejando a la ciencia escéptica avanzar hacia la misma apoyada en las muletas de la observación exterior y de la inferencia.

 Estas inferencias se sacan con frecuencia de premisas falsas; los efectos se toman por causas; se administran drogas cuando las fuentes de las enfermedades existen en condiciones en las cuales no tienen efecto las drogas, etcétera.  La aplicación de los remedios específicos requiere, por lo tanto, no solo el conocimiento de que éste o aquel remedio ha efectuado tales o cuales curaciones, sino también el conocimiento de las circunstancias en que volverá a producir semejantes efectos.  El verdadero Arcano es la comprensión de la relación que existe entre la causa y el efecto.  Para esos médicos miopes que no ven en cada enfermedad nada más que la manifestación de una causa puramente química o física, y para quienes los términos “mente”, “alma” y “espíritu” no tienen significado alguno o denotan meramente funciones fisiológicas de la materia inconsciente, los Arcanos de tales curaciones permanecerán para siempre misterios incomprensibles, porque no pueden ser conocidos sino de aquellos que comprenden la naturaleza interna del hombre.  Los fenómenos producidos por la vida son incomprensibles en tanto que se considera la vida como producto de formas sin vida; pero aquel que es capaz de ver en cada cosa una manifestación de la Vida Una que compenetra toda la Naturaleza, o sea una función de la voluntad universal, ha entrado en el dominio de aquella ciencia superior que no se puede explicar por medio de palabras, sino es conocida del corazón.

  

Parágrafo No. 86: 

  1. Característicos 

Pertenece a esta clase el médico cuya presencia misma inspira en el enfermo la confianza y la esperanza firme de restablecerse.  Consciente e inconscientemente semejante médico actúa sobre dos grandes facultades de la constitución del enfermo, a saber, su voluntad y su imaginación.  Aquel que puede devolver la tranquilidad del alma inspirando confianza, crea las condiciones necesarias para curar el desorden de los elementos que produce la discordancia.

 Todos los procesos que tienen lugar en el cuerpo físico, se originan en la acción consciente o inconsciente de la voluntad y de la imaginación, a la cual preciso es añadir el poder de la memoria; porque la existencia de impresiones antiguas, ya consciente, ya inconscientemente, produce ciertos estados en la imaginación, los que a su vez determinan la dirección de la voluntad.  El médico ordinario emplea a menudo estos poderes sin saberlo; el médico de la clase superior puede emplearlos con inteligencia.  Una fuerte emoción repentina puede curar en un momento una afección paralítica de mucho tiempo; un peligro súbito despierta a la voluntad inconsciente.  Es probable que, en la mayor parte de los casos, lo que efectúa la curación no es lo que toma el enfermo, sino lo que él se imagina le ha de curar; y sin este poder de la imaginación muy pocas medicinas tendrán resultados benéficos.

A esta división pertenecen también los llamados “Hipnotismo” y “Sugestión”, dos cosas antiguas descritas con nombres nuevos.  Tocante a esta acción de la voluntad espíritual dice Paracelso:

“Es como cuando uno ordena a otro que corra, y corre.  Esto se efectúa por medio de la palabra y del poder de la palabra, siendo ésta el carácter.” 

 El llamado “Hipnotismo” es la sujeción de una voluntad débil por una más fuerte.  La voluntad superior del médico domina a la voluntad del enfermo y le obliga a obrar en cierta dirección.  Es un arte que se práctica continua y constantemente por la mitad del género humano sobre la otra mitad, desde el poder de voluntad de un general que manda su ejército, hasta la influencia inconsciente que una mente ejerce sobre otra, sin saberlo aquella y sin que note ésta su origen, los malos pensamientos que se originan en una persona, crean impulsos correspondientes en otros; y si se conociesen verdaderamente la acción inconsciente de la voluntad y las relaciones que causa entre las mentes simpáticas, es probable que el libre albedrío y la responsabilidad humanas aparecerían bajo una luz diferente.

 Parecido a esto es lo que se llama “sugestión” y que Paracelso llamaba la virtud de la imaginación.  Es la imaginación de una mente sujetando a la mente de otro y creando en ella una imaginación correspondiente que es perfectamente real para el enfermo, porque es en realidad, su propia creación hecha inconscientemente por él mismo.

 “El hombre visible tiene su laboratorio (el cuerpo físico), y allí trabaja el hombre invisible.  El Sol tiene sus rayos, los cuales no es posible coger con las manos, y que, sin embargo, son bastante fuertes (si se reúnen por medio de una lente) para incendiar edificios.  La imaginación en el hombre es como un sol:  obra dentro de su mundo doquiera que luzca.  El hombre es lo que piensa.  Si piensa fuego, está ardiendo; si piensa guerra, está guerreando.  Por el poder del pensamiento la imaginación se convierte en un sol.”  (De virtute imaginativa”, V.)

 La imaginación se fortalece por medio de la voluntad, y la voluntad se vuelve potente por medio de la imaginación.  Cada una de las dos es la vida de la otra, y si se unen y se identifican, constituyen un espíritu vivo al cual nada inferior resiste.  En los ignorantes y los recelosos, en los que no conocen su propia mente y dudan del éxito  – y, por lo tanto, en la mayor parte de los experimentos que se hacen con el objeto de satisfacer una curiosidad científica o con algún otro pronóstico egoísta – la voluntad y la imaginación no son una, sino, que obran en dos direcciones diferentes.  Si miramos con mi ojo al cielo y con el otro a la tierra, o si miramos con el uno al restablecimiento del enfermo y con el otro a los beneficiosos conocimientos o fama que la curación nos puede reportar, no hay unidad de motivo o propósito, y por consiguiente, falta la condición principal para el éxito.  El médico deseoso de emplear tales medios ha de ser por tanto de carácter tan noble que ninguna consideración egoísta sea capaz de afectarlo y no tener ninguna otra intención que la de cumplir con su deber de conformidad con los mandamientos del amor divino.

 Sólo aquello que procede del corazón va al corazón:  el poder que procede tan sólo del cerebro no tiene efectos mágicos a menos que se una con el que procede del corazón.  Se parece a la luz fría e ineficaz de la luna pero se convierte en una gran poder al unirse con la luz que irradia del sol o sea del centro del corazón.

 “De este modo la imaginación viene a ser un espíritu.  Su vehículo es el cuerpo, y en este se generan las semillas que producen buenos y malos frutos.”  (“De virtute imaginativa”, III.) 

 

Parágrafo No. 87: 

  1. Espírituales .

Hasta aquí nos hemos ocupado de fuerzas que, si bien no las reconoce por completo, la ciencia moderna, al menos las admite.  Ahora vamos a ocuparnos de la acción de un poder espíritual que, como lo poseen conscientemente tan sólo unas cuantas personas, es casi por completo desconocido.  Este es el poder que el espíritu auto – consciente ejerce sobre las fuerzas ininteligentes de la Naturaleza, y que pertenece a la “Magia”, palabra cuya significación sólo muy pocos comprenden.  -“Magia” de mag. Sacerdote- quiere decir el gran poder de sabiduría, atributo del espíritu auto – consciente, santo o diabólico según el objeto al cual se aplica.  Por lo tanto, es un poder que no pertenece al hombre intelectual terrestre sino al hombre espíritual, y puede ser ejercido por éste sin que el hombre externo sepa cuál es la fuente de este poder que actúa en él.  Por ésta razón vemos a menudo que algún remedio resulta muy eficaz en manos de un médico, y por completo inútil en manos de otro igualmente instruido e intelectual.  Dice Paracelso:

 “A semejantes médicos se les llama Espírituales, porque mandan a los espíritus de las yerbas y de las raíces y le obligan.  De la misma manera, si un juez pone a un preso en los cepos, a poner en libertad a los enfermos a quienes han aprisionado, el juez es el médico del preso, porque teniendo las llaves, puede abrir las cerraduras cuando quiera.  A esta clase de médicos pertenecieron Hipócrates y otros.” 

Semejante aserción parece increíble sólo en tanto que no se sabe nada acerca de la constitución de la materia; pero si llamamos en nuestra ayuda a la ciencia oculta y con su auxilio nos damos cuenta que todas las cosas en el mundo constituyen ciertos estados de una conciencia universal, y que la fundación de toda existencia es el Espíritu, no sólo viene a ser comprensible, sino también patente que el espíritu autoconsciente de una persona puede mover y sujetar los productos de la imaginación de la Naturaleza de conformidad con su acción en ellos; y podemos decir en verdad que en tales casos es el espíritu del médico que obra por medio del espíritu de los remedios que emplea, y en esto está la solución del secreto de las maravillosas curaciones de lepra, etc., efectuadas por Teofrasto Paracelso, las cuales han sido probadas históricamente, pero que son incomprensibles si se  examina bajo el punto de vista de la ciencia material.

La investigación de este asunto nos llevaría al dominio de la magia blanca y negra, hechicería y brujería, de las cuales se ha tratado ya en una obra anterior, y que no se podrían explicar más extensamente ahora, tanto por ser prematuro como por ser imposible dentro de los límites de la presente obra.

 

Parágrafo No. 88: 

  1. Fieles (Adeptos). 

La palabra “fidelidad” -de fido, confiar- quiere decir fe, confianza, convicción que procede de la percepción de la verdad; conocimiento, cual es aquel que resulta de la experiencia, y la clase de médicos a que se hace referencia aquí incluye a aquellos que, permaneciendo fieles a su naturaleza divina,  poseen los poderes divinos que han sido atribuidos a Cristo, los apóstoles y los santos.

 “Devuelven la salud por medio del poder de la fe; pues aquel que cree en la verdad, sana por medio del poder de la misma.”

 En la mayor parte de los casos, la llamada “fe” es ilusoria, y consiste tan sólo en una creencia aceptada o pretendida en la exactitud de ciertas opiniones o teorías.  La verdadera fe del hombre elevado, es un poder vivo espíritual y divino que resulta de la certidumbre de la percepción espíritual de la ley eterna de causa y efecto.  Así como estamos plenamente convencidos de que el día sigue a la noche, y la noche al día, así también el Adepto – Médico, conociendo las causas espírituales, morales y físicas de las enfermedades, y apreciando la corriente de su evolución y progreso, conoce los efectos producidos por tales causas y dirige los medios para su curación.

 Ninguno puede destruir los efectos producidos por la ley de divina justicia.  Si uno impide la manifestación de la ley divina de un modo, se manifestará de otro modo, tal es la acción de la ley divina de la naturaleza; pero aquel que vive en la verdad y en la cual se manifiesta la verdad divina, es elevado por encima de la Naturaleza, pues entra en aquello de lo cual ha precedido la Naturaleza.  Este poder que eleva y salva todo, es la verdadera fe en el hombre, la cual puede curar todas las enfermedades. 

“No hay ni buena ni mala suerte, sino que todo efecto es debido a una causa.  Cada uno recibe su recompensa conforme a su conducta y sus obras.  Dios ha hecho a todos los hombres, de una sola substancia, y todos, les ha dado el mismo poder para vivir, por lo cual todos los seres humanos son iguales en Dios.  El sol y la lluvia, el invierno y el verano, son los mismos para todos; pero no todos miran al sol con los mismos ojos.  Dios ama todo el género humano de la misma manera; pero no todos los hombres aman a dios con el mismo amor.  Cada uno de los hijos de Dios tiene el mismo patrimonio; pero uno despilfarra, mientras que otro lo conserva.  Lo que Dios ha hecho igual, lo vuelven desigual las acciones de los hombres.  Cada hombre que lleva su cruz, encuentra en ello su recompensa.  Cada desgracia una fortuna, porque la bondad divina da a cada cual lo que más necesita para su futuro desarrollo; el sufrimiento cuando aparece el descontento, el que proviene de la ley eterna.  Cuanto mayor es el obstáculo a el combate, tanto más grande será la victoria.”  (“Philophia”, V). 

El arte de la medicina no ha sido instituido para contravenir las leyes de Dios, sino con el propósito de ayudar a restablecer la armonía, cuya perturbación causa la enfermedad, y este restablecimiento se efectúa por medio de la obediencia a la ley.  No hay “perdón del pecado de enfermedad” así como no hay perdón de pecados morales.  La curación se efectúa al volver a entrar en armonía con las leyes de la Naturaleza, las cuales después de todo, son las leyes de Dios manifestadas en el reino natural.  Tampoco se devuelve la salud, ni se perdonan los pecados, para que el hombre con menos temor al castigo vuelva a pecar repetidas veces, sino que, después de vencer los efectos de las discordancias, vuelve a tener el poder  de pecar a fin de tener nuevas oportunidades para dominar las tentaciones, y así llegar a ser dueño de sí mismo durante su vida en la Tierra.  Aquel que es dueño de sí mismo es su propia ley y no está sujeto a ninguna falta de armonía.  Esto es lo que expresó Paracelso en su lema favorito:

Non sit alterius qui suus esse potest

 Lo cual puede traducirse como sigue:  “Aquel que es dueño de sí mismo no pertenece a nada más que a sí mismo”:  pues el Yo que domina al “Yo”, es Dios, la voluntad de la Sabiduría Divina, el Señor de Todo.

 

Parágrafo No. 89: 

COMO SE FORMA EL MÉDICO. 

Es tarea de cada uno el iniciarse por sí mismo, inspirándose en tres principios.

 El  hermetismo está dirigido a los pensadores, a los que por vocación innata los empujan a profundizarlo todo.

Las leyes generales de la conservación de la generación y la trasformación de los seres solo se pueden representar por esquemas (símbolos y signos) que un espíritu superficial no sabría interpretar.

 Es así como la enseñanza de los sabios son ininteligibles para quien se queda en el sentido exterior de las palabras, cada vez que se ha intentado dar forma a nociones transcendentes se han tenido que emplear un lenguaje figurado, yo mismo (el autor) no puedo evitar el tener que recurrir a alegorías y símbolos,    no es en absoluto un capricho pues no tengo otro modo de hacerme comprender.

 El pensamiento puro solo se muestra ante nosotros con un velo, pero este velo es transparente para el que sabe discernir. La tarea es más dura cuando no estamos acostumbrados a las obras de síntesis y generalización, recordemos que los pensadores de otros tiempos conocían un sistema de álgebra mental que nosotros con nuestra costumbres modernas, hemos perdido al haber dejado elevarnos por encima del terreno de la constatación experimental, hemos olvidado a los antiguos autores que se basaban en las leyes racionales de toda existencia, sus teorías sobre la naturaleza y el secreto de las operaciones nos parecen pueriles, es por lo que la filosofía hermética aparece ante nuestros ojos como  un cúmulo de fantasías,  y por lo que la alquimia parece haber sido relegada al baúl de las ciencias muertas, hemos perdido la llave del lenguaje que servía para expresarla. La manera de hablar en estos días es diferente.

 En otros tiempos se ignoraba la necesidad que hoy sentimos de servirnos de términos completamente precisos, era suficiente con buscar aproximaciones pues la verdad es fatal mente inexpresable el ideal de la verdad no se deja aprisionar en ninguna fórmula, el resultado es que hasta cierto punto, toda palabra es una mentira, pues no expresa más que imperfectamente la idea que se quiere traducir, la intimidad del pensamiento, su espíritu fundamental es incompresible es una divinidad que se esconde constantemente y que no conste más que, como máximo, reflejarse en una imagen.

Solo me resta decir como en el evangelio de SAN MARCOS 4: 11-12  “ para que viendo vean, y no echen de ver y oyendo, oigan y no entiendan.”

 Hasta cuándo vamos  a ignorar que existe un saber del misterio DEL REINO DE DIOS, y a los que están fuera, por parábolas todas las cosas.

(La Revelación  por espíritu de DIOS – 1 Corintios 2: 6 – 16.

NOTA: Esto mismo ocurrió con la homeopatía ni vieron, ni oyeron, ni entendieron.

 

Parágrafo No. 90: 

¿Cuál es la virtud de un sanador? 

“Virtud” quiere decir poder; se dice que se deriva de VIR, hombre, y significa poder viril, eficacia, fuerza.  Siendo el hombre algo más que un cuerpo físico o un animal, quiero decir un poder substancial.  Espíritual, superior, que se manifiesta como nobleza de carácter, pureza de corazón, claridad mental, fuerza de voluntad, firmeza de decisión, percepción pronta, penetración de pensamiento, benevolencia, honradez, veracidad, altruismo, modestia.  Esta virtud es algo infinitamente superior a la llamada “Virtud” que consiste en aparentar ser virtuoso y piadoso, por temor a la censura y a la crítica, y es también infinitamente superior a lo que los moralistas llaman “Moralidad”, cosa alabada como el objeto más elevado que se pueda alcanzar, pero que en verdad, no es nada más que el conformarse a ciertas costumbres y opiniones.

 No hay necesariamente abnegación alguna en prácticar la moral, sino que es con frecuencia un medio de satisfacer la propia vanidad.  La palabra “Moral” se deriva de Mores, maneras y costumbres.  Lo que es conforme a las maneras y costumbres en un país, y por tanto considerado como “Moral” allí.  Es inmoral en otra parte donde existen maneras diferentes.  Una moralidad sin espíritualidad no tiene ningún valor verdadero.  Otro tanto puede decirse de la “Ética” (de Ethos, costumbre) cuyo término parece ser uno de los que se han inventado con el propósito de crear confusión y evitar el llamas las cosas espírituales por sus nombres verdaderos.

 La virtud, es la cuarta columna del templo de la medicina, no se ha de fingir, significa el poder que resulta de ser un hombre en la verdadera acepción de la palabra y de poseer no sólo las teorías respecto al tratamiento de la enfermedad, sino el poder de curarla uno mismo.

Esto nos lleva de nuevo a una base religiosa (si se nos permite emplear esta maltratada y mal comprendida palabra), y a la necesidad de que aquel cuya profesión es servirse de las leyes de la naturaleza y tratar el cuerpo del hombre, conozca la posición que ocupa el hombre en la naturaleza, y la posición que ocupa la naturaleza respecto al origen del cual procede.  Esta ciencia no requiere meras palabras, sino conocimiento propio.  La sabiduría no puede ser enseñada, sino por ella misma; pero una ciencia basada en el reconocimiento de la verdad, disipa las nubes que impiden a la luz de la verdad entrar en el corazón e incorporarse y manifestarse en el hombre.

 

NOTAS ACLARATORIAS JUVERIANAS. 

En Colombia no es raro escuchar a los Doctores alópatas, soy holista, como también verlos con bolsos llenos de imanes, y muchos son alternativos, otros dicen que están aprendiendo con el shaman, Taita o abuelo sabedor tal de nuestra comunidades, esta búsqueda  de nuevos conocimientos empezó hace algunos años, hasta la homeopatía que tanto atacaron y denunciaron como brujería, ahora es de ellos, ya no es brujería así sea esta un fraude disfrazado de ciencia.

          

Para una medicina del alma, una anatomía sutil Bioenergética.

 

Médicos serios y de mente abierta, han comprendido que su medicina se quedo anclada en su paradigma mecanicista y que en estos 30 años no han avanzado nada, todavía creen que las enfermedades se pueden superar actuando a nivel bioquímico y de forma aislada sobre órganos y sistemas.

Los médicos, Biólogos y farmacéutas siguen inmersos en su paradigma Newtoniano, cartesiano y mecanicista que no tiene en cuenta los principales descubrimientos científicos alternativos de las últimas décadas, han perdido espacio sobre todo en la parte rural por la mala preparación y el manejo del lenguaje.

Muchos se fueron a la selva buscando superar la naturaleza del mundo material para adentrarse en el espíritu y así liberar su potencial terapéutico.                 

La medicina energética y vibracional es la que marcara el futuro de la curación de las enfermedades. 

No ha entendido que el hombre,  símbolo por excelencia, es al mismo tiempo mucho más de lo que cree ser,  y mucho menos de lo que cree que es la solución de esta aparente contradicción nos la aportara la noción de “Hombre Interior” y “Hombre exterior” hay dos especies de hombre, el hombre espíritual y el hombre terrenal. El hombre celestial en cuanto creado a imagen de DIOS, no participa de la realidad corruptible y en general terrestre, el hombre terrestre ha surgido de una materia dispersa que se llama arcilla, así la escritura dice: “Que el hombre celestial no ha sido modelado, sino formado a imagen de DIOS” y que el hombre terrestre es modelado pero no engendrado por el artista.

  

Yo también viaje a la selva y tampoco encontré nada de conexión espíritual.

 

Cuestionario para el Homeópata:

 

Nota Juveriana: Es conveniente resolver la 1ª parte del cuestionario, para que no se le acumule.

 

Continuación del Cuestionario.

 

  • 24) ¿Entonces que es polaridad?

      Respuesta: Es un programa holista, referente al flujo energético, que valora de manera tal, la desequilibrada energía de un individuo.

  • 25) El remedio actual está a la altura del flujo magnético?
  • 26) Como se mide este flujo Energético en el remedio? 
  • 27) ¿Y cómo se mide este flujo energético en el paciente?
  • 28) Como se preparó dicho remedio energético?
  • 29) Cuál es la frecuencia para tratar la triada con dicho remedio, (Cuerpo mente y espíritu)?.  30) ¿Qué papel juega el médico en cuanto a remedio enfermo?
  • 31) ¿Que pasara si descubrimos que el remedio no cumple con el flujo energético requerido?
  • 32) ¿Cómo podremos demostrar el menos masa y más energía?
  • 33) ¿También dicen algunos que después de la sexta no se encuentra trazas de la sustancia, entonces como hace para curar?
  • 34) ¿Dicen que trabaja con solutos, que no son ni centesimales ni decimales?
  • 35) ¿Cómo no hay nadie especializado en farmacia homeopática que cumpla con el perfil exigido por la norma, por lo tanto ni químicos, alópatas, homeópatas, universidades, farmacias o laboratorios no tienen ni idea de lo que es una verdadera farmacia homeopática?.
  • 36) ¿Tarea para en general, de acuerdo a lo expuesto sobre las 5 clases de médicos, es conveniente que los médicos escriban en 5 paginas la clase de médico que quiero ser, esperando lo tenga terminado el próximo miércoles?.

 

            FISIOLOGÍA ESPÍRITUAL. 

Para continuar con nuestra exposición la vamos  a  llamar superfisiologia la medicina del alma.

 ¿Cómo cura la nueva medicina del alma?                  

Las emociones atrapadas son emociones negativas que se han enquistado, es decir, que se han quedado atrapadas en una parte concreta del cuerpo y no se han liberado, formando así un Bloqueo que impide que fluya nuestra energía correctamente. Las emociones atrapadas, a la larga, causan dolores, enfermedades, depresión, etc. y es muy fácil liberarlas.

 Cada ser tiene un campo magnético (energía) y cuando ésta no fluye correctamente, es cuando aparecen las enfermedades. Las emociones son las causas principales de que nuestro campo magnético no fluya correctamente. Por ejemplo, cuando hemos tenido experiencias muy dolorosas en nuestra vida, que nos han causado sufrimiento, estas emociones no se liberan y quedan atrapadas en nuestro cuerpo. Para liberarlas, una técnica muy fácil es con un imán, pero ¿cómo se hace?.

Del mismo modo en el que se basa la acupuntura – de equilibrar el campo magnético (la energía) de nuestro organismo, a través de poner agujas de acupuntura en los meridianos (puntos de acupuntura) – también es parecida la práctica con imanes. Los meridianos pueden pensarse como pequeños ríos de energía que fluyen justo debajo de la piel. Siguen huellas muy precisas sobre la superficie del cuerpo que no varían de persona a persona. Determinados meridianos funcionan como reservas de energía, que se conectan y abastecen a todos los otros meridianos de acupuntura. El más importante de estos meridianos es el Vaso Gobernador, que comienza en el centro del labio superior de la boca, se dirige hacia arriba y por encima de la cabeza y va hacia abajo por el centro de la columna, terminando en la rabadilla chakra 2.  

Debido a las interconexiones entre el Vaso Gobernador y todos los otros meridianos, éste provee el camino más ideal para lo que queremos hacer cuando tratamos al cuerpo por emociones atrapadas usando los imanes. Una emoción atrapada es energía. Para deshacernos de una emoción atrapada, necesitamos vencerla con otra forma de energía. Para liberar una emoción atrapada, debes preguntar a tu subconsciente si tienes una emoción atrapada e ir preguntando para saber cuál es.

 Una vez ya sabes cuál es la emoción atrapada, ya has tomado conciencia de ella, mantienes la intención en tu mente de liberarla y simplemente pasas un imán sobre el Vaso Gobernador. Tu intención aumentada para liberar la emoción atrapada entra en el Vaso Gobernador y desde allí esta energía-pensamiento fluye rápidamente hacia todos los otros meridianos y áreas del cuerpo. Esta repentina afluencia de energía-intención tiene el efecto de liberar la emoción atrapada de manera permanente. No necesitas conocer ningún punto de acupuntura. No necesitas comprender cómo funciona todo, realmente, todo lo que necesitas hacer es tener intención y creencia (fe).

¿A dónde va la emoción atrapada? Un ejemplo son las tarjetas de crédito. La banda magnética en la parte de atrás de la tarjeta de crédito está codificada con información específica. Cuando pones un imán sobre ella, puedes borrar la información codificada destruyendo la utilidad de la tarjeta de crédito. Liberar una emoción atrapada se parece a que esa energía emocional codificada es borrada de manera rápida, fácil y permanente cuando pasas un imán por el Vaso Gobernador.

Por lo general, los imanes se consideran bastante seguros, pero existen algunas ocasiones en las que no deberían usarse, o sólo deben utilizarse con la aprobación de un médico. Éstas incluyen el embarazo, uso de implantes para el dolor o bombas de insulina, implantes coclear y marcapasos.

Eres un ser hecho de energía pura. Las emociones atrapadas también son energía, pero negativa, pueden afectarte física, emocional y mentalmente. Cuanto antes te deshagas de ellas, mejor vas a estar. Un simple imán de refrigerador, que probablemente ya tengas, funcionará para liberar emociones atrapadas.

 

 Próxima Entrega 90 a 120 parágrafos.

 

 

 

 

 

 

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