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FISIOLOGÍA ESPIRITUAL Entrega 2  

ORGANON COLOMBIANO

EN 200 Parágrafos  

JUVER OSORIO R.

Farmacista de 2° orden.

 Cuestionario para el Homeópata: al final del escrito

LA  TERAPÉUTICA  HOMEOPATICA

                               ENTREGA 2. 

Parágrafo No. 30:

 

Hemos tenido ocasión de observar que algunos médicos homeópatas, al examinar a sus consultantes, dejan de lado el cuidadoso examen clínico propio de los médicos alópatas, pareciendo que son indiferentes a los exámenes de laboratorio, radiografías, reacciones sanguíneas y, algunas veces, se limitan a anotar una serie de indagaciones que nada tienen que ver con la enfermedad. Creemos que tal sistema de hacer clínica, inspira cierta desconfianza, pues el cliente observa que no está siendo examinado bajo la técnica médica a la que todo el mundo está acostumbrado.  ¿Qué podéis decirnos al respecto?

 

Respuesta: El médico homeópata experimentado, integrado suficientemente en su función terapéutica, estudioso de las leyes espirituales, a pesar de ser un científico limitado por los cinco sentidos, casi siempre es un ser intuitivo y de sensibilidad psíquica agudizada, capaz de sondear al enfermo, no solamente en función de su molestia, sino también en su todo “cuerpo y alma”, o sea, de conformidad con lo que el enfermo piensa y siente, y como actúa. Su tarea consiste en individualizar el remedio más afín y en mayor sintonía con su carácter, con su temperamento y con el todo psíquico de su paciente. Se preocupa mucho más por el enfermo que en diagnosticar su enfer­medad. 

El paciente del médico homeópata, no debe ser considerado simplemente como el portador de un órgano o de un sistema afectado, o en función de una dolencia específica y, por encima de todo, investigado en razón de su tipo psicosomático, considerando todas sus idiosincrasias y síntomas mentales. La suma del todo mental, psíquico y físico del individuo, es lo que interesa particularmente al médico homeópata;  su entendimiento Psicológico, su sentimiento, su emotividad y su raciocinio, en atención al ambiente en que vive. Es fuera de duda que en cualquier manifestación enfermiza, no se opera en el individuo la separación del sentimiento y la razón, o voluntad y entendimiento, por cuanto, si tal cosa sucede, resultaría la alienación mental, el completo descontrol orgánico y hasta su muerte fatal. 

De ahí que es preciso considerar que la sabiduría homeopática se deriva de la sabiduría divina, pues si el hombre es un todo manifestándose intensamente en el escenario del mundo físico, es obvio que, cuando él se enferma debe ser tratado también “de conformidad con sus obras”, o sea: de acuerdo con sus realizaciones, pensamientos, voluntad y sentimientos consagrados en su vida psíquica y física. Para el médico homeópata, lo que importa del paciente es su temperamento, sus manías y sus reacciones emotivas; y si fuera posible, ¡hasta sus virtudes y sus pecados! De este modo, el médico puede recetar en perfecta conformidad con el carácter y cuadro mental del enfermo, escogiendo la dosis capaz de cubrir lo más posible toda la manifestación mórbida del alma y del cuerpo de su consultante. 

El médico homeópata compone el retrato físico y mental del individuo, investigando su sentido personalísimo y la elasticidad de sus concepciones morales, religiosas o filosóficas; la capacidad de su raciocinio y hasta sus excentricidades en las relaciones de la vida común. De esa forma, individualiza el reme-dio que mejor corresponde a la sinopsis mental psicofísica que pueda neutralizar las perturbaciones en su fuente original. Modifica, en fin, los síntomas mentales y expele los residuos tóxicos que oprimen el periespíritu del enfermo debido a los desequilibrios temperamentales de la personalidad humana. Es indiscutible que esa investigación cuidadosa, exige del médico homeópata un profundo conocimiento de las leyes espirituales que gobiernan la vida humana, con el fin de poder aplicarlas dentro del principio básico de la Homeopatía. Hay, así, gran semejanza entre el proceso homeopático, en la búsqueda de los ascendientes psíquicos del enfermo, y la acción de la ley del Karma, de la ley de Causas y Efectos que disciplina los procesos reencarnatorios y las rectificaciones de los espíritus, en los mundos físicos.

De ahí el hecho que el mayor éxito del homeópata, depende mucho del tipo de su convicción espiritual, pues además de su tarea científica, psicológica y de buen “lector de almas”, ha de ser también eficiente filósofo de las leyes de la vida y del espíritu sobreviviente. 

Parágrafo No. 31: 

¿Cómo podríamos apreciar mejor esa profunda relación entre la Ley Kármica y el tratamiento empleado por la Homeopatía, a que os habéis referido hace poco? 

Respuesta: Los mentores del orbe terrestre responsables de los destinos humanos, prescriben muchas veces la cura reencarnatoria subvertida la acción bienhechora de las leyes de la vida en su actuación en los mundos físicos. El cruel, el déspota que abusa de su poder sobre los pueblos humillados, puede ser comparado a un individuo intoxicado por un medicamento violento. 

Entonces, la Ley Kármica, actuando bajo la ley “de los semejantes”, prescribe para la curación de esa intoxicación espiritual, la reencarnación del culpable en situación humillante, ligado a viejos adversarios encarnados en la figura de parientes, desafectos o jefes tiránicos, que lo atormentan desde la cuna hasta la sepultura, a semejanza de verdaderas dosis pequeñas de medicamentación homeopática. La Ley Espiritual, en lugar de violentar el alma enferma de tiranía, sujetándola a una terapia de tipo alopático que puede eliminar drásticamente los efectos sin extinguir la causa de la enfermedad, prefiere someterlo a la dinámica de las dosis homeopáticas, situándolo entre los tiranos menores que, entonces, activan o destacan gradualmente su estado enfermizo. En el primer caso, el tirano seria castigado “alopáticamente”, por el hecho de ser considerada la tiranía como digna de la más drástica eliminación; en el segundo, la Ley del Karma reeduca al tirano, haciéndole sentir en sí mismo los efectos dañinos que sembrara antes. Pero deja su raciocinio abierto para emprender su rectificación psíquica, a semejanza de lo que hace la Homeopatía, que reeduca el organismo sin violentarlo y lo ayuda a renovarse bajo menor cohesión mental y reflexión sensata del enfermo.

 

Como Dios no castiga a sus criaturas, todas las leyes fundamentales de su Creación, objetivan la renovación y el reajuste progresivo del “pecador”, impeliéndolo para que logre su más pronta ventura espiritual. Ese tratamiento gradual de recuperación del espíritu a través de las distintas reencarnaciones físicas, actúa, pues, como una especie de homeopatía espiritual, mediante la cual la Ley ajusta la maquinaria psíquica del hombre, sin violentar su conciencia formada en el tiempo.

 

Parágrafo No. 32:

 

¿Cuáles son los mayores factores que al comienzo pueden dificultar la cura definitiva del enfermo, bajo el tratamiento homeopático?

 

Respuesta: La impaciencia y la prisa del enfermo deseando una cura instantánea, creyendo que removidos los síntomas dolorosos, queda también removida la causa, produciendo estados psíquicos de angustia y desconfianza, que constituyen cortinas de magnetismo negativo que resisten y perturban la plenitud del efecto potencializado de la Homeopatía.

 

En general, las curas por la Homeopatía, no son tan espectaculares y tan rápidas como las que se obtienen con la terapéutica alópata, toda vez que esta suprime los síntomas dolorosos de modo brusco, aunque puedan ocurrir futuras recaídas más peligrosas o recrudecer las enfermedades crónicas e incurables incubadas en el organismo. Las dosis homeopáticas, cuando son individualizadas con precisión por el homeópata, no solo solucionan las causas de la enfermedad extinguiendo los síntomas mórbidos que afectan cualquier región orgánica, sino que actúan profundamente en la intimidad del organismo y resuelven otros estados enfermizos que puedan presentarse en el futuro.

 

Los que recuren al tratamiento por la Homeopatía, quedan generalmente, vacunados contra varios tipos de brotes epidémicos contagiosos, sin tener que sufrir el peligro de la saturación medicamentosa.  La homeopatía reeduca el organismo para mantener   activa   su   defensa   y   proporcionarle   energías   que   serán controladas  por  el   espíritu,  para  atender con   mayor  prontitud „ al equilibrio psicofísico.   Las altas dosis, higienizan el aura vital haciéndola  más  lucida,   pues   no   solo   favorecen   la   circulación desahogada  de  las  energías  que  vitalizan  todo  el  sistema,  sino que establecen en el ritmo del trabajo  armonioso y coherente de los “chakras” sobre el “duplo éterico’, que es el cuerpo intermediario entre las relaciones del espíritu y el organismo carnal.

 

Es cierto que la depuración del espíritu se debe procesar de dentro hacia fuera a través de la evangelización consciente de una vida digna a la luz del día; pero, así como la absorción de fluidos animales inferiores ofusca y oscurece el campo áurico del periespíritu, este también se aviva y aclara cuando la prescripción homeopática es acertada.

Por tanto,  la terapéutica homeopática,  es la gran  auxiliar de la terapéutica del propio espíritu.

 

EL   TIPO   DEL   ENFERMO Y   EL   EFECTO    MEDICAMENTOSO.

 

Parágrafo No. 33:

 

¿Qué se entiende por “individuo electivo” en el tratamiento homeopático, al cual os habéis referido en distintas ocasiones?

 Respuesta: El tipo electivo, es el que presenta predisposición para la terapéutica homeopática, Así como hay individuos con mejores disposiciones para la música, la pintura o la escultura, los hay también que son sensibles al medicamento homeopático, de psiquismo confiado en la medicina, a pesar de ser aparentemente inocua. Esos individuos son capaces de ahorrar las energías y evitar los excesos, cuando se entregan al tratamiento infinitesimal. Íntimamente, se eligen para la absorción del remedio; dinamizan, en sí, no la fe inconsciente del sentimentalismo popular y si la disposición animadora, científicamente dinámica en las vibraciones curativas; siguen al encuentro de la poderosa emisión energética de la alta dinamización. 

La homeopatía es una terapéutica que se encuentra en las fronteras espirituales, y las condiciones psíquicas negativas perjudican su incorporación energética, mientras que la disposición ” favorable es base para el éxito. Solamente en los casos “neutros” de los niños, es cuando la Homeopatía actúa en forma de prescripción pura.   El otro tipo electivo para el tratamiento homeopático, tipo casi congénita, es del individuo con gran sensibilidad espiritual, accesible a las ideas nobles, delicado, de psiquismo bien formado y afecto al dinamismo creador.  La creencia en las fuerzas magnéticas y la convicción de la supervivencia del alma, son factores que operan en la condición  electiva.   Ya  hemos explicado que la Homeopatía será la ciencia de más éxito en el futuro, porque exige, también, mayor cuota de espiritualidad.

 

Parágrafo No. 34:

 

Nos cuesta creer que la cura por la homeopatía pueda ser auxiliada o perjudicada conforme al carácter del paciente.   ¿Podéis aclararnos mejor ese asunto?

Respuesta: Si no fuera así, la medicina homeopática ya habría curado todas las enfermedades físicas de la humanidad terrestre. 

El glotón, el falto de piedad, el incrédulo, el libidinoso, el alcohólico, el colérico y el avaro, no son pacientes electivos y de éxito absoluto para la terapéutica suave y generosa de la homeopatía, como lo son el frugal, el piadoso, el pacifico, el honesto, el casto, el espiritualista, el abstemio o el manso de corazón. Es la ley admirable y exacta de los “semejantes que se curan por los semejantes”, actuando en perfecta afinidad con ciertos caracteres, que determina a los primeros el tratamiento y la cura por medio de la terapia toxica y dolorosa de la Alopatía; mientras que los segundos quedan liberados de grandes sufrimientos, porque psíquicamente son electivos a la medicación suave de la homeopatía.

 Resulta bien grande la dificultad de los médicos homeópatas, cuando necesitan trasponer el paredón granítico de ciertas almas embrutecidas, en donde la terapéutica suave de las dosis infinitesimales deja la impresión del esfuerzo que haría el rayo de sol para penetrar en el seno de un vaso sucio.

 

Parágrafo No. 35:

 

A pesar de vuestras explicaciones, nos extraña que hasta la disposición de la creencia o de la incredulidad espiritual, así como la naturaleza de ciertas virtudes o pecados, pueda influir en el tratamiento homeopático. Su acción esencial, ¿no es la de curar el cuerpo físico antes que la moral del enfermo? 

Respuesta: Las dosis homeopáticas despiertan energías en la intimidad imponderable de las fuerzas creadoras del mundo infinitesimal, es obvio también que ejerzan mayor acción en el individuo de gran sensibilidad espiritual, accesible a las ideas nobles y a los principios superiores de la vida. Su cuerpo magnético, es de frecuencia elevada y noble, sintonizándose más fácilmente con la efervescencia de las fuerzas y magnetismo de las dosis potencializadas, sin debilitarlas por la presencia de energías inferiores y sin bombardearlas con los petardos tóxicos de la mente desordenada.

 

Por eso que las criaturitas, al ser menos capciosas y más espontáneas en sus manifestaciones infantiles, son curadas con más facilidad por la Homeopatía.

Aunque para muchos científicos y académicos parece ridícula que hasta la creencia vehemente en la inmortalidad del espíritu llegue a influir en el éxito de la terapéutica homeopática, también es cierto que el espiritualista alimenta una disposición magnética más positiva en su contextura espiritual. El Hombre sinceramente creyente en su supervivencia espiritual, emite mejores esfuerzos para elevarse a frecuencias vibratorias psíquicas superiores, contribuyendo al éxito de una medicina que tiene por función dinamizar las energías del cuerpo físico. 

Cuanto más consciente y convencido se halle el hombre de su supervivencia espiritual, tanto más lleno de esperanza y optimismo estará sobre su futuro, manteniendo un magnetismo receptivo y excelente que se aviva bajo la acción energética de las dosis infinitesimales. Es evidente que el médico homeópata ha de tener más complejo para tratar y curar a un zulú embrutecido, que para administrar las dosis dinamizadas a un místico hindú sereno, frugal y pacífico, que tanto domina sus pasiones como se mantiene por encima de todas las vicisitudes humanas. El primero, es la criatura que emerge todavía de la primitiva animalidad con raciocinio primario y sentimiento rudo, inaccesible al energismo delicado de las altas dosis homeopáticas. El segundo, místico, sereno y comprensible, es un alma profundamente electiva y receptiva al catalizador homeopático que potencializará  las  energías  sutilísimas  de  su  elevado  psiquismo.

 

Parágrafo No. 36:

 

¿Crees que el tratamiento homeopático actual es más eficiente que en el tiempo de Hahnemann?

 

Respuesta: Independientemente de cualquier época, la Homeopatía cuenta con avanzados recursos terapéuticos de éxito seguro, pues aplica los principios y las reglas establecidos por Hahnemann, que son definitivos, sólidos e inmutables, tanto co­mo las leyes que rigen los fenómenos de la vida humana. Es cierto que los enfermos del siglo XX, además de ser menos electivos en relación con las dosis infinitesimales de la Homeopatía se muestran más onerosos para el tratamiento imponderable enérgico, pues desde la cuna, se saturan de antibióticos, sulfas, salicilatos, barbitúricos y toda clase de medicación violenta que dejan residuos tóxicos. Ante el más inofensivo resfriado, flujo nasal o dolor de oídos del bebe, que las abuelitas liquidaban con conocimientos de yerbas caseras o aceite caliente, los progenitores modernos los someten a la tremenda ofensiva de hipodérmicas, que lanzan en la circulación sustancias minerales ofensivas y antibióticos en exceso para una tierna organización que está despertando a la vida terrenal.

 

Por eso los homeópatas modernos, en muchos casos, antes de prescribir la medicación fundamental para el enfermo, necesitan someterlo a un tratamiento preventivo y específicamente desintoxicarte, drenando tóxicos y residuos remanentes de la medicación inmoderada, maciza y tóxica. En general, los enfermos que buscan al médico homeópata, lo hacen después de haber “perdido la fe” en la Alopatía, cuando se encuentran desorientados, saturados de medicamentos y exhaustos por la incesante peregrinación a través de los consultorios médicos, en los cuales han recibido tratamiento de acuerdo con el tipo de la clínica especializada. Aquí, ante un ritmo irregular acusado por el examen del electrocardiograma, el médico señala una disfunción cardíaca; allí, examinando la colecistografía del mismo enfermo, otro facultativo opina sobre avanzada estasis biliar o adherencia de la vesícula; allá, después de haber sido sometido a nueva serie de radiografías, se puntualiza el diagnóstico de la ulcera duodenal con las tradicionales “cavidades” de la terminología medica. El paciente, acuciado y viciado en la búsqueda de una “enfermedad”, olvidando que su problema mórbido es solo uno y que tiene origen en su psiquismo perturbado en esta o en la vida anterior, prosigue sometiéndose a nuevos exámenes, placas radiográficas e investigaciones  de laboratorio. Procede a nueva investigación en todo su organismo, ya minuciosamente escudriñado por los más eficientes aparatos modernos, aunque evidentemente sin resultados satisfactorios. No es difícil que después de esa crucial peregrinación y sometido a todos los métodos de tortura impuestos por el tratamiento moderno, el en­fermo oiga de un sensato médico la afirmación siguiente: ¡”usted no tiene enfermedad alguna orgánica, pues su mal es de origen nervioso”! Y le prescribe la necesidad de absoluta despreocupación, mucho reposo y pocas medicinas, con el fin de evitarle mayor intoxicación.

 

Sin duda, para ese tipo de enfermo, el tratamiento homeopático seria excelente si no se hallase grandemente intoxicado por la Alopatía y sin fe en la medicina terrestre, lo cual lo  llevaría también a desconfiar de las dosis infinitesimales. Pero lamentablemente, todavía es pequeño el porcentaje de individuos que se encuentran realmente en condiciones mentales, emotivas y de confianza, para ser tratados por la terapéutica suave y exacta de la Homeopatía.

 

Parágrafo No. 37:

 

¿Podrás darnos algunas explicaciones más sobre esa predisposición mental y emotiva o de confianza para con la terapéutica homeopática? 

Respuesta: En el ejemplo que os hemos dado antes, hemos procurado aclarar que no había enfermedad, sino un enfermo mental y emotivo que buscaba el diagnóstico externo de cualquier enfermedad clasificada científicamente. Su mal residía en el todo del individuo, actuando en su psiquismo y desorganizando sus nervios. Actualmente, el miedo al cáncer incurable afecta de tal modo la mente de ciertas personas que, en algunos casos, perturba su equilibrio biomagnético y llega a producir desarmonías orgánicas y estados de enfermedad extraños. Se acentúa esa angustiosa expectativa cancerígena, ante el temor común contra el más sencillo golpe, verruga, quiste sebáceo, etc., tranquilizándose únicamente los más pesimistas, cuando el médico le diagnostica otra enfermedad cualquiera diferente y que les inspire menor temor, aunque sea la ulcera gástrica, la colitis, la amebiasis o la diabetes. 

Obviamente, cuando ese tipo de enfermo tan pesimista pierde la fe en la ciencia médica alópata, no obstante haberlo impresionado con todo su aparato técnico sensible a su organismo, tampoco deposita mucha fe o confianza en el facultativo homeópata, que le prescribe cosas insignificantes sin color y sin gusto… Ante tanto agotamiento neuropsíquico, saturación medicamentosa y completa desanimo, se hace mucho más difícil despertar por la Homeopatía la dinámica del cuerpo torturado y víctima de profunda melancolía. Realmente, para el homeópata, tal enfermo representa un serio problema, por haber sido inyectado, saturado de grageas, vitaminas y minerales diversos. Sin duda, ha de haber experimentado todo el arsenal de antibióticos, barbitúricos, salicilatos, sulfas, sustancias mercuriales y estricninas. En ciertos casos, su memorial puede ser aún más extenso, pues tal vez  haya  sido  sometido  al psicoanálisis  por  algún discípulo de Freud, que activó las emersiones del subconsciente y le fijó los recuerdos de la infancia, o haber sido sometido al examen de afamado psiquiatra que puede haberlo encuadrado bajo la terminología pintoresca de los tipos esquisotímicos o ciclotímicos, según los estudios de los temperamentos, hechos por Kretschmer. 

Pero no cabe duda que se trata de un tipo de enfermo sin disposición electiva alguna y sin simpatía mental emotiva para con el tratamiento homeopático y por no poder demostrar los efectos medicamentosos de la Homeopatía en su organismo físico, tal como sucedía con los remedios alópatas, aumentara su desconfianza y desinterés por el tratamiento infinitesimal. Ignora, comúnmente, que son las energías vitales del organismo las que, bajo la acción dinámica de la Homeopatía, despiertan y efectúan la curación definitiva, atendiendo a la sabia dirección del espíritu inmortal.

 

Parágrafo No. 38:

 

Creemos que tal paciente, habiendo fracasado en el tratamiento alópata, tampoco será curado por la Homeopatía. ¿No es así?. 

Respuesta: La curación dependerá del propio paciente, como consecuencia de su celo, perseverancia, paciencia y confianza en el tratamiento prescrito por el médico homeópata, pues es evidente que no debe considerarlo un mago o un ser milagroso y si, un científico que opera obedeciendo las leyes inmutables del gobierno espiritual de su alma sobre el cuerpo físico. En vista de la inmutabilidad de los principios homeopáticos, y a los medicamentos que continúan con la misma eficiencia comprobada hace más de un siglo, la medicina homeopática podía curar también ciertos enfermos desengañados por la ciencia médica alópata, toda vez que el homeópata consiga identificar su tipo psicofísico exacto y, prescribirle el medicamento constitucional. Para probar esa eficiencia secular de la medicamentación homeópata, basta recordar que los mismos tipos de enfermos que hace casi dos siglos, Hahnemann curaba con China, Thuya o Natrum Muriaticum, continúan siendo curados todavía, actualmente, por los mismos medicamentos, siempre que esos enfer­mos presenten idénticos cuadros psicofísicos que son individualizados para la prescripción de tales remedios. El mismo dolor de cabeza producido por el reumatismo blenorrágico, que Hahnemann curaba con Thuya Occidentalis cuando se manifestaba en individuos impacientes, de hablar rápido, que se irritaban o excitaban con facilidad, los homeópatas modernos continúan curándolos actualmente con la misma Thuya, siempre que sean los mismos tipos psicofísicos, aunque la terminología medica pueda clasificarlos modernamente como casos de cefalalgia nerviosa, jaqueca crónica o con cualquier otra designación patogénica.

 

Lo que importa realmente al homeópata, no es el nombre o la terminología que oriente el diagnostico de las enfermedades, pero si saber cuál es el tipo del enfermo, valorado en su todo psicosomático. En el ejemplo que precede, el homeópata lleva en cuenta que, además del dolor de cabeza oriundo del reumatismo gonocócico, el enfermo presenta la característica psicológica de ser fácilmente excitable o irritable, impaciente y nervioso por cualquier bagatela, y teniendo a la vista ese cuadro psicofísico, prescribe la Thuya Occidentalis. Además de tener en cuenta el aspecto enfermo del organismo del individuo, la sabiduría homeopática funda la prescripción de cada remedio bajo el mismo paño de fondo mental, psíquico y emotivo del enfermo en cualquier época, por eso permanece siempre estable su farmacología tradicional. La técnica homeopática, que es un proceso definitivo y científicamente comprobado por la experiencia, no cambia en su forma consagrada en el tiempo, puesto que, como ya os lo hemos dicho, ¡cambian las enfermedades pero no cambian los enfermos!

 

Parágrafo No. 39:

 

Nos agradaría comprender mejor porque motivo ciertos enfermos pueden dificultar el diagnóstico y la selección del medicamento homeopático electivo a su tipo psicofísico, solo porque están saturados de remedios compactos alópatas o porque se sometieran a prolongado tratamiento médico antagónico con la Homeopatía. ¿No es suficiente al médico homeópata conocer la constitución temperamental o la característica fundamental del enfermo, para hacer con éxito la prescripción? 

Respuesta: En nuestras consideraciones, hemos aludido las alteraciones secundarias que pueden ocurrir en el enfermo cuando por fuerza de las circunstancias se modifica su temperamento acostumbrado o cuando, debido a cualquier perturbación emotiva demorada, haya algún trastorno en su patrón mental congénito, dificultando al homeópata el reconocimiento exacto de su verdadero tipo psíquico. Hemos dicho que existen ciertas drogas entorpecíentes o productos tóxicos, algunos usados en la farmacología alópata, que pueden influir en la mente del individuo y establecer condiciones desarmónicas, tales como el alcohol, el opio, la morfina, la quina y la belladona, los cuales, aplicados en exceso, provocan perturbaciones visibles y orgánicas. Hay enfermos, pues, que en virtud de cierta saturación medicamentosa, se contradicen en su real individualidad y difieren en su psicología fundamental  o  en su  tipo  original psicofísico.   Algunos traen cierto artificialismo mórbido, como si un nuevo temperamento secundario se sobrepusiese a su real identidad. El enfermo que peregrina mucho tiempo por los consultorios  médicos  sin lograr la curación tan deseada, se somete continuamente a toda clase  de  exámenes  radiográficos,   sueros,   tubos,   radioterapias, operaciones, anestesias, cauterios, inyecciones, etc.  Termina volviéndose una criatura violentada  en su temperamento normal y excesivamente irritado o melancólico.   Viviendo bajo afirmaciones llenas de esperanzas e incesantes desengaños, y perspectivas  animadoras cuando  “descubren”  la  enfermedad,   angustias desalentadoras por el fracaso, perplejidad o vacilaciones médicas, ¡cada día se fortalece  en la  mórbida  convicción  de  su caso incurable!   Entonces, su temperamento fundamental sufre alteraciones,  dominado  por incontrolable  pesimismo.    El   enfermo procura nuevos facultativos, variando más y más veces sus tonos emotivos, así como sus esperanzas y desengaños.   Se somete a otros diferentes métodos psicológicos de indagación médica; recibe renovado trato terapéutico y colecciona nuevas opiniones y puntos de vista particulares.  Algunos médicos son extremadamente severos o rudos, con el propósito de impresionar y dominar a su paciente, mientras otros son dóciles y afables.  Hay médicos optimistas que alientan al enfermo y los  hay pesimistas  que optan por la fría realidad y se despreocupan de velar el diagnostico. 

Cuando el caso se hace difícil de resolver y el organismo del enfermo se agrava, éste se vuelve cada día más dudoso del poder de las drogas milagrosas de la farmacopea moderna; indeciso en cuanto a optar por esta o aquella prescripción, afligiéndose entre la sugestión de operarse o de confiar exclusivamente en su clínico, poco a poco se va convirtiendo en un pesimista, en un hipocondríaco, muchas veces desconfiado e incrédulo hasta de los propósitos sabios y educadores de la vida humana. Amargado por su melodrama interior, por su “enfermedad” considerada bajo los más variados rótulos profesionales y terminología médica, siente recrudecer aún más su estado enfermizo, mientras se descontrolan sus nervios y se intoxica su mente afligida. El desánimo, la melancolía y la incredulidad en la ciencia humana, llevan a ese paciente a la extrema neurastenia, pudiendo hasta perturbarlo en sus juicios y ponerlo siempre de mala voluntad con todo y para todos. 

El recuerdo de sus padecimientos y la inutilidad de los diagnósticos sentenciosos sobre su mal, bastan para producirle perturbaciones mentales o modificaciones emotivas en su temperamento común. Es un estado mórbido que lo lleva a profunda depresión moral y que en algunos casos le impone hasta la incredulidad espiritual y un estado de rebelión fría contra cualquier sugestión superior. El verdadero temperamento fundamental y congénito de ese enfermo, que es torturado y modificado por fuerza del clima angustioso que “vive en el silencio de su alma, el médico homeópata tendrá que descubrir y exhumar su coraza pesimista, de su melancolía y rebelión que son las manifestaciones accidentales provenientes del fracaso médico anterior De ahí, pues, la necesidad que tiene la terapéutica homeopática moderna, de abrir el camino y desintoxicar ciertos enfermos, a fin de auscultarles la realidad temperamental y psíquica exactas, para poder prescribir con éxito las altas dosis constitucionales.

 

Parágrafo No. 40:

 

En algunas ocasiones, dijiste que para la mayoría de los hombres modernos es difícil el éxito inmediato por el tratamiento homeopático.   ¿Podéis aclararnos mejor, esto?. 

Respuesta: Antiguamente, el paciente que se sometía al examen médico homeópata, era menos complejo en su todo psicofísico y, por tanto, podía predecir con facilidad la naturaleza de su morbo y anotar las causas exactas y perturbadoras de su psiquismo. Pero, al ser la vida moderna tan contradictoria, contaminada por costumbres perturbadoras, de vicios elegantes y conflictos emotivos que se inician en la infancia y acompañan al hombre hasta la cueva del cementerio, se crea en él una segunda naturaleza humana más artificiosa, que se impone a la característica psíquica del ser. Se sobrepone a la verdadera individualidad fundamental del enfermo. En verdad, oscurece su verdadero retrato psicofísico, lo que induce al homeópata a vacilaciones, para preceptuar la dosis electiva fundamental. 

El hombre civilizado del siglo XX, es un individuo habituado a una alimentación defectuosa; abusa imprudentemente de la vitamina-terapia y de los antibióticos a granel; vive intoxicado por la radiactividad exhalada por las experimentaciones atómicas, subvertido por los venenos corrosivos y viciosos del alcoholismo, el cigarro y de los entorpecíentes; atormentado por el bullicio de las ciudades; victima constante de los tóxicos medicamentosos; curtido por la violencia de las hipodérmicas y atrincherado detrás de los barbitúricos, con el fin de mantener el control nervioso y conseguir el reposo nocturno. Cada día pone en peligro su equilibrio nervioso, que es acicateado continuamente por las emociones desordenadas, aumentando, así, el número de los neuróticos. Aumenta la codicia por ganancias exageradas; se piensa en la angustia de la guerra atómica, en el alto costo de la vida, de esa vida que se agrava por el exceso de ruidos, de luz, de radiofonía, de humo por la combustión del aceite y la gasolina, y las emanaciones químicas industriales; cosas éstas con las cuales no se enfrentaba en otros tiempos el ser humano. 

Ante ese bombardeo incesante, el psiquismo se halla indefenso, descontrolado y mórbido; agravado además por la fatiga orgánica, por las intoxicaciones alimenticias y medicamentosas, por las constipaciones crónicas, por las alteraciones barométricas y térmicas consecuentes de las adaptaciones imprevistas del hombre al transporte veloz moderno. Entonces, se perturban las colectividades microbianas responsables de la sustentación física, llegando hasta provocar cierta desintegración mórbida del protoplasma. Es cierto que la descomposición microorgánica es necesaria, con el fin de producir el elemento nutritivo a los virus y miasmas psíquicos desconocidos y ocultos, que “bajan” o se “materializan” desde el mundo astral para atender a la progenie de las bacterias y de los vermes necesarios como organismos simbióticos, útiles a la desintegración de los residuos de la alimentación en los intestinos. Pero ese acontecimiento biológico, debe ser realizado a través de ciclos disciplinados y no por fuerza de un psiquismo perturbado, como ocurre generalmente entre los terrícolas. Aun sabiendo que los microorganismos son productos orgánicos que resultan de la muerte de las células o por el desorden de las funciones orgánicas, se podría decir que en la intimidad oculta del cuerpo humano, se procesan fenómenos muy parecidos a los cuadros de las estaciones del año, cuando caen las hojas en otoño, descansa la naturaleza, y se activa cuando prolifera la vegetación en la primavera. La excesiva desorganización mental moderna y el estado de irritación constante de la humanidad, actúan perjudicialmente sobre el hombre, tal como sucede en los días tempestuosos cuando la atmósfera sobrecargada de electricidad, pesa y perturba toda la naturaleza.

 

Parágrafo No. 41:

Habrás aludido a ciertas situaciones emotivas y mentales que pueden ser modificadas por el uso de la homeopatía. ¿Debemos creer en una terapéutica especial, capaz de modificar mecánicamente hasta la conducta del individuo? Bajo tal aspecto, ¿no desaparecen la responsabilidad y el mérito espiritual del hombre de conocerse a sí mismo y orientar conscientemente su propia evolución?

 Respuesta: El ciclo de las reencarnaciones, ¿no es una terapéutica divina que obliga al espíritu a rectificar y a progresar compulsoriamente, situándolo en los ambientes hostiles o entre la parentela terrestre adversaria, para hacerlo purgar sus enfermedades espirituales? ¡Cuántas veces, el hombre cercado por la deformidad física, por una molestia congénita, por una parálisis orgánica y hasta sujeto a vicisitudes económicas y morales, está obligado a encuadrarse en los dictámenes del Bien! Sin embargo el espíritu no pierde el mérito de su rectificación espiritual, pues ante la escuela implacable de la vida física, su conciencia decide aprovechar o despreciar la inexorable terapéutica kármica, aplicada compulsoriamente por la Ley Justa del Padre!

 

Las dosis infinitesimales por el proceso homeopático, pue­den realmente modificar ciertos síntomas mentales del paciente, pues descargan y hacen volátiles los residuos psíquicos que pue­den hallarse acumulados hace largo tiempo, ya sea intoxicando el espíritu, ya sea descontrolando las emociones, o afectando la dirección normal del espíritu. Es de sentido común que ciertas drogas tóxicas y determinados tipos de estupefacientes, tales como el opio, la morfina, el aurum metalicum, la mezcalina, el ácido lisérgico, el gas hilarante, la belladona o la cocaína, pue­den influir en la mente de modo pernicioso, pues provocan distorsiones mentales, delirios alucinatorios, estados esquizofrénicos o melancolías, en el psiquismo del hombre sano. De acuerdo con la ley homeopática en donde ‘los semejantes curan a sus semejantes”, esas mismas sustancias toxicas que en dosis alopáticas provocan estados mórbidos en sus pacientes o viciados, después de ser inteligentemente dinamizadas y administradas en dosis infinitesimales, pueden realizar curaciones en los casos cuyos síntomas mentales se asemejen.

 

Sucede también, que los estados frecuentes de rabia, melancolía, cólera, tristeza, exaltación intima, injuria o celos, producen varios tipos de miasmas, virus psíquicos, toxinas y residuos mentales, que sobrecargan el psiquismo y lanzan al espíritu a un círculo vicioso, encadenándolo, indefenso, a la mente rebelde y a la emotividad mórbida, a pesar de querer modificar su patrón psíquico enfermo.

 La función homeopática, pues, es la de administrar la dosis catalizadora extraída de la misma sustancia, capaz de provocar estados mórbidos semejantes en el individuo sano. El impacto energético de la dosis infinitesimal, libera el psiquismo enfermo de la carga que allí se condensó por esos virus tóxicos, residuos o miasmas, que impregnan el aura mental e influyen en la región astralina de los sentimientos. 

Es cierto que más tarde, el mismo paciente ha de encolerizarse, posiblemente de nuevo, así como odiar y sentir celos, ya que si la Homeopatía puede aliviarlo de la carga mórbida que pesa sobre su psiquismo, su función no es la de violentar su “libre albedrío” o efectuar modificaciones definitivas en su carácter espiritual, lo que únicamente podría ser concretizado por la sublime evangelización recomendada por Jesús, el Médico Divino. Las dosis infinitesimales pueden actuar en la mente y proporcionar la curación emotiva, pero eso no sucede porque se haya alterado mecánicamente el temperamento o el carácter del paciente y si por haber reducido el morbo acumulado, como resultante de las contradicciones psíquicas.

Ellas producen determinadas modificaciones temperamentales y hacen cesar algunas tendencias e impulsos mórbidos que estén excitados bajo la presencia excesiva del residuo psíquico toxicó, pero no poseen la fuerza suficiente para imponer definitivamente los principios morales superiores. La criatura descontrolada, podrá con el tiempo enfermarse nuevamente en su psiquismo, aun después de haber sido aliviada por la Homeopatía, si es que vuelve a cometer los mismos desatinos espirituales  acostumbrados.

 

La Homeopatía consigue actuar  en la  intimidad  del  ser, así como lo ayuda a mantener un control psíquico desahogado durante la fase de su tratamiento, porque distribuye armoniosa-mente la energía potencializada en el seno de la vitalidad orgánica, ayudando al espíritu a conseguir las modificaciones urgentes y saludables en su cuerpo físico. Obviamente, es el psiquismo el que modifica el quimismo orgánico, por cuyo motivo — conforme a su mejor disposición emotiva y energética — de él depende el auxilio necesario al cuerpo carnal y a su equilibrio fisiológico. El impacto energético que se produce en el campo mental y psíquico del paciente con la penetración de la energía extraída de la sustancia material potencializada, eleva la frecuencia vibratoria emotiva del espíritu enfermo, proporcionándole condiciones optimistas y estimulantes para sus reacciones favorables. Sin duda, mejorando el estado mórbido, se reduce también el pesimismo y la melancolía. 

De todo lo que dejamos expuesto, verificareis porque mo­tivo existen individuos electivos para el tratamiento homeopático, al paso que otros no obtienen éxito inmediato a través del tratamiento.

  

HOMEOPATÍA   Y   ALOPATIA

 

Parágrafo No. 42: 

¿Cómo consideras la Homeopatía en relación con la Alopatía? 

Respuesta: Preliminarmente, hay que considerar que la Homeopatía difiere de la Alopatía, porque está fundamentada en la regla de “los semejantes curan a los semejantes”, lo que se traduce prácticamente en la afirmación siguiente: Toda sustancia puede curar los mismos trastornos que es capaz de producir. Las dosis pequeñas de una sustancia o los pequeños estímulos, producen efectos contrarios a los producidos por esos mismos agentes, cuando son aplicados en cantidades mayores o en dosis compactas. 

La medicina alópata, entretanto, cuyos beneficios aportados al mundo terrenal la hacen digna de los mayores elogios, consiguió corregir el empirismo bárbaro de la terapéutica de los tiempos medievales, se funda en los principios opuestos a los de la Homeopatía, pues todavía se basa en el famoso aforismo de Claudio Galeno, que decía: “Para curar, es necesario buscar los elementos que sean contrarios a los que causan la enfermedad.”

La principal preocupación del médico alópata, es, por tanto, la de diagnosticar la enfermedad con el fin de hacer desaparecer sus síntomas mórbidos; al paso que la del homeópata, es la de descubrir el origen de la enfermedad. Hay que agregar que además de proceder conforme a la escuela que adoptó, el médico alópata se ve forzado a orientarse en el tratamiento del enfermo, por el último descubrimiento científico farmacéutico, suministrando casi siempre el medicamento consagrado en la época. De este modo, se ve obligado a cambiar constantemente sus métodos y teorías aceptadas anteriormente. Debido al efecto de los medicamentos tóxicos, drogas estupefacientes e inyecciones de efecto violento y rápido en los síntomas de ciertas enfermedades, se produjo una serie de éxitos inmediatos, testificados por la remoción de los padecimientos, lo cual dio fuerza para que la Alopatía se convirtiera en la Medicina oficial de vuestro mundo. La Homeopatía no logra una pronta oficialización, debido a la demora en hacer desaparecer determinados síntomas dolorosos, llegando a veces a agravarlos, no solo por la preocupación en saber qué es lo que produce la enfermedad, sino por ser indiferente a las enfermedades, interesándose más en diagnosticar a los “enfermos”.

 

Parágrafo No. 43:

 

Entonces, ¿consideráis que la Homeopatía es medicina superior a la Alopatía? 

Respuesta: No nos preocupamos por destacar la superioridad de esta o de aquella terapéutica, pues siempre representa un bendito esfuerzo para atender a las necesidades del espíritu encarnado, de acuerdo con su progreso científico, comprensión moral y merecimiento espiritual. Para nosotros, como desencarnados, que sabemos bien que la curación definitiva del espíritu será alcanzada bajo la terapéutica sublime y cierta de los principios vividos por Jesús, nos interesa destacar particular-mente los métodos que permiten operar profundamente en el psiquismo, que es la sede verdadera de toda enfermedad. Por eso, sin menospreciar el valor de la alopatía y su justa necesidad en varios casos de enfermedades, nos sentimos inclinados a des­tacar el valor de la Homeopatía, ya sea en cuanto a su acción en el todo psicofísico del ser, como interviene con más eficiencia en su esfera mental emotiva, imponiéndose, poco a poco, como uno de los métodos más lógicos y sensatos para el mantenimiento de la salud.

El médico homeópata experimentado, no se aflige por tratar de suprimir de inmediato los síntomas enfermizos y constatables a su capacidad objetiva, mientras que la verdadera causa pueda continuar latente y generando el cuadro doloroso. Sabe que allí interfieren factores psíquicos, mentales y emotivos, que provocan choques emocionales, generan el desequilibrio orgánico y conducen al estado de enfermedad, cuya remoción solo es posible des-pues del tratamiento profundo de la causa mórbida.

Muchas veces, la enfermedad aguda, al ser reprimida violentamente, es sustituida por otra dolencia que, en breve, recrudece en la forma de cualquier molestia crónica incurable. ¿No os parece algo impresionante que a medida que la Medicina elimina gran cantidad de enfermedades y se aumenta la terapéutica indiscriminada de los antibióticos, la aparición del cáncer recrudezca y asuma nuevas formas mórbidas, que van sustituyendo otras tantas molestias agrupadas modernamente bajo la etiología cancerosa? Es que las enfermedades antiguas están recibiendo nueva rotulación clásica de la patología moderna. El espíritu agudo percibe que, en verdad, ¡se sustituyen molestias, pero el organismo de la humanidad continua del mismo modo enfermo! De ahí cierta confusión en la Medicina Alópata que, regida específicamente por el principio de los “contrarios”, se preocupa en particularizar los resultados finales de la enferme­dad, cuando ésta se agota a la luz de los sentidos físicos, en su manifestación sintomatológica por el médico. Le interesa profundamente verificar el funcionamiento de los órganos, tejidos y sistemas físicos del cuerpo humano: observa la enfermedad como una entidad que se hace identificar bajo el examen material, dejándose auscultar y conferir minuciosamente bajo la avanzada instrumentación de la ciencia médica moderna. El método alópata, en general, tiende a despreciar las leyes espirituales que coordinen la vida “mentopsiquica” del enfermo, como también ignora las sutilezas del vehículo etéreo astral, el conocido periespíritu de los espiritistas, que preexiste y sobrevive a todas las muertes del cuerpo de carne, ocurridas en varias reencarnaciones anteriores. El alópata, intenta curar los enfermos enfrentando la enfermedad por sus síntomas y exámenes objetivos, tal como si un ingeniero intentase dominar una vasta inundación oponiéndole obstáculos sucesivos, en vez de procurar desviar el agua desde su fuente original. Modernamente, procura alcanzar el cuerpo físico y el reducto de las colectividades microbianas alteradas, con el bombardeo en masa de los antibióticos, pero ignorando los principios espirituales o las leyes psíquicas que, contrariadas, generan el conflicto y producen la manifestaci6n que se hace desde el interior hacia el exterior o del centro hacia afuera, procurando seguir toda la trayectoria del “morbo” desde el mundo sutil del espíritu hasta su manifestación grosera en la carne. Su papel es identificar la causa real y oculta del estado enfermizo para poder controlar la manifestación  de  sus   efectos  dañinos.    En  vez  de  diagnostica basándose en las ramificaciones mórbidas, que se esparcen a diestra y siniestra por los órganos y sistemas del cuerpo humano, la Homeopatía prefiere estudiar el fenómeno desde su origen imponderable y en su vertiente espiritual, anotándolo desde las primeras desarmonías de la frecuencia vibratoria de la mente y del psiquismo milenario e inmortal del hombre.

 

Parágrafo No. 44:

 

Entonces, ¿porque motivo la medicina alópata viene subestimando tanto desde el pasado los esfuerzos terapéuticos de los homeópatas, ironizando la medicina que emplea y a veces hasta tachándolos de charlatanes? ¿Desconocen, pues, los alópatas, que la Homeopatía posee sus reglas científicas respetables? 

Respuesta: Ese es un fenómeno que se repite en todas las épocas, cuando se trata de nuevos descubrimientos y nuevas concepciones humanas que se distancian de la ética conocida, como del sentido común. En el caso de la Homeopatía, la crítica es todavía menos comprensible, porque se trata de medicina que escapa a la comparación objetiva de los cinco sentidos físicos. Tal como la convicción de la sobrevivencia del espíritu depende en mucho del grado de sensibilidad intuitiva de la criatura y no tanto de su sentido intelectual, la Homeopatía, que es me­dicina basada principalmente en la dinámica psíquica del alma actuando profundamente en el campo periespiritual y vital radiactivo del hombre, exige también cierta disposición electiva y libre de la sistematización costumbrista de los científicos ortodoxos. Es una doctrina de mayor penetración en el mundo astral “del lado de acá”, en donde las fuerzas libres operan en su campo original y no en su potencial vigoroso.

 

Son pocos, todavía, los médicos alópatas interesados en familiarizarse con la realidad del mundo psíquico, que por encima de la terapéutica académica, se disponen a auscultar la intimidad espiritual del paciente, conscientes que en su mundo oculto e imponderable es donde se encuentra el verdadero origen de la enfermedad. Muchos de ellos, prendidos por demás a la instrumentación material cada vez más complicada y sujeta a las definiciones comunes de la fabricación humana, se esclavizan por completo a un circulo de raciocinios y experimentaciones que, siendo dignos y consagrados por otros técnicos y facultativos, no puede comprobarse que sean, realmente, los más exactos y absolutamente afines con las leyes del psiquismo humano. Así como ciertas criaturas de mentalidad primitiva desconfían de la investigación filosófica, considerando que tal especulación es propia de locos y de tontos, del mismo modo algunos médicos de cultura académica ortodoxa, desconfían de la Homeopatía, ya que, en realidad, ¡ella es también una filosofía! Si la Filosofía es una ciencia que procura relacionar el principio y la causa del ser, especulando altamente en el reino del espíritu para después reflejarse con acierto sobre los fenómenos del mundo humano, obviamente, la Homeopatía es también una ciencia filosófica, ya que su propia terapia se relaciona profundamente con las leyes que gobiernan y relacionan el principio y la causa del Universo.

 

Reconocemos la cultura, el talento y la abnegación de la mayoría de los médicos alópatas, muchos de los cuales se han sacrificado en el tratamiento y curación de las enfermedades humanas, pero no podemos dejar de considerarlos bastante ligeros cuando emiten pareceres burlones sobre la ciencia homeopática, cuyos principios fundamentales se derivan de las leyes espirituales que gobiernan las manifestaciones del espíritu inmortal sobre la materia. Cualquier alópata que pretenda juzgar con desaire la Homeopatía, deberá hacerlo después de dedicarse con honestidad y con sano criterio al estudio de sus leyes y experimentaciones terapéuticas, como lo haya hecho con la Alopatía. Mientras tanto —así lo creemos— aquel que lo hiciera, debe convencerse asimismo de la sabiduría y exactitud científica de todos los principios homeopáticos, basados en las leyes que gobiernan el espíritu situado en el cuerpo carnal.

 

Y, como ya ha sucedido muchas veces, ese antiguo detractor de la Homeopatía, ¡acabara por convertirse en uno de sus más entusiastas cultivadores!

 

Parágrafo No. 45:

 

Los médicos homeópatas, ¡No confrontan sus dificultades y momentos de indecisión cuando determinados medicamentos o procesos homeopáticos no han sobrepasado la fase de su experimentación empírica? 

Respuesta: Es fácil poder comprobar, que hasta ahora no cayó fuera de moda ninguno de los medicamentos preceptuados por los viejos homeópatas, mientras que la medicina alópata vive en desesperada lucha y dificultad a fin de prescribir a cada molestia el medicamento apropiado, necesitando escogerlo entre los millares de productos farmacéuticos que surgen diariamente como si fuesen hongos que brotan en días lluviosos. Mientras los homeópatas continúan con la reserva medicamentosa secular, en la esfera de la Alopatía se procesa atribulada competencia comercial entre los laboratorios e institutos farmacéuticos, en los que se mueven artistas, historiadores, médicos y científicos, a fin de producir millares de “prospectos” a fuerza de propaganda sugestiva, con el propósito de incentivar la versatilidad de la moda terapéutica. ¡Mientras ellos prescriben productos científicos milagrosos que “deben” ser usados en el momento, siguen fatigándose, apresuradamente, para lograr otro descubrimiento farmacéutico que pueda, con éxito comercial, superar los demás competidores! Tal como los modistos europeos se hacen la guerra para imponer a las mujeres del mundo sus últimas creaciones originales, así luchan los industriales y químicos farmacéuticos para imponer sus nuevas líneas de producción, en donde las viejas enfermedades milenarias son rotuladas, a la carrera, con sugestivas denominaciones técnicas modernas que van a ser curadas milagrosamente por el último descubrimiento médico. 

En tanto, ninguno de los medicamentos elaborados por la antigua técnica homeopática, ha caído jamás en desuso; pues aquellos que Hahnemann y sus seguidores han descubierto, permanecen todavía en actividad, fundamentando el necesario tratamiento homeopático. La China, por ejemplo, es de gran valor histórico para los homeópatas, porque a través de la experimentación de su sustancia, Hahnemann consolido la ley de “los semejantes curan a los semejantes”, y se está usando todavía con el mismo éxito por los homeópatas modernos, al mismo tiempo que se amplía proporcionalmente el área psicofísica de su aplicación terapéutica. En el método de curación homeopática, se podría decir que sus medicamentos no caen en el ostracismo médico. De acuerdo con lo que Hahnemann afirmo en su “Organon”, no existen enfermedades y si enfermos, y cada uno de los productos homeopáticos puede servir con eficiencia en cualquier momento, siempre que el enfermo sea electivo para su aplicación dinámica.

 

Mientras tanto, existen centenares de medicamentos y prácticas de la esfera alopática, que se hallan en desuso o retornan, en parte, bajo nueva presentación y dosificación moderna; lo cual nos lleva a creer que todavía vuelva a imperar la moda de las  antiguas  sangrías,  los  vejigatorios,  ventosas,   sedales, exutorios o el cauterio de hierro al rojo vivo,  haciendo padecen a veces, al enfermo, sufrimientos peores a los producidos por la  molestia diagnosticada por el médico.   Si fuésemos a relacionar la copiosa cantidad de los famosos remedios y las sustancias inyectables que surgieron hasta ahora como descubrimientos tipo “cúralo todo” y que luego fueron lanzados al ostracismo terapéutico, serían necesarias, sin duda alguna, algunas resmas del papel para enumerarlas con toda fidelidad.   En general, es la propia ciencia médica oficial la que, después de tejer olores incondicionales a determinadas drogas, termina lanzando el grito de alerta ante los peligros terapéuticos de su toxicidad o de las posibles alteraciones que podrán provocar más tarde en la economía nutritiva del organismo humano.   

Entre algunos de los casos más comunes, apuntamos la digitalitis, la sulfa, el bismuto el arsénico, la tuberculina y el aurum metalicum. Actualmente, la prescripción de los antibióticos ha sufrido una serie de advertencias, debiendo ser combinados con otras sustancias preventivas f para aminorar los efectos tóxicos y provocar las defensas orgánicas contra las probables consecuencias alérgicas o los efectos; secundarios   de  aquellos  medicamentos. Las  sanguijuelas, las sangrías, los cauterios y las aplicaciones cáusticas, fueron sustituidas por las inyecciones, sueros, baños de luz, vacunas, diatermia, choques eléctricos, las insulinas, etc.   Ahora, se acrecienta el empleo de los estupefacientes y analgésicos, pareciendo que los productos de la industria químico farmacéutica desafían la lógica de la propia ciencia médica. Cansados de la quimioterapia,  los fabricantes  de  drogas  farmacéuticas  vuelven  la vista’ hacia la fitoterapia, en la nostalgia de la curación por los vegetales.   Algunos científicos modernos, menos confiados, prefieren la mixtura compensadora del extracto vegetal con el producto químico moderno.

 

Sin duda, hay bastante razón en el aforismo de cierto médico famoso y desconsolado, de vuestro país (Brasil), que, en un momento de desahogo, se quejó diciendo: “¿Qué hacer, ahora? ¿Matar al modo antiguo, por el agotamiento de la sangría o matar por el sistema moderno, intoxicando al enfermo?”

 

No vemos razón alguna, que ante esa situación inconveniente, los alópatas se rían de los homeópatas, pues estos les llevan considerable ventaja, puesto que no violentan el organismo del enfermo con intervenciones peligrosas ni perturban su equilibrio en el comando del cosmos psíquico. ¡Sin duda, la verdadera ciencia de curar, todavía es, la profilaxis evangélica preconizada por el Cristo, el Divino Médico, como principal garantía de la salud e integridad mental y moral del hombre! El amor, la bondad y la pureza de espíritu, son aun los medicamentos más su­blimes de esa terapéutica crística, que todavía está en perfecta relación con las leyes espirituales que gobiernan el Universo. ¡En el “Sermón de la Montana” del inolvidable Jesús, existe mayor éxito profiláctico y curativo para el ser humano, que en todas las drogas farmacéuticas y procesos médicos existentes hasta hoy en el orbe terrestre! 

No obstante la opinión de muchos médicos alópatas que todavía previenen contra la Homeopatía, jamás podrá ser destituida porque su magnitud la hace figurar como la terapia más sensata para el hombre. El verdadero homeópata, además de ser un científico hábil, debe ser un filósofo inteligente, ¡con el fin de poder relacionar la terapéutica del mundo infinitesimal, con los principios inmortales del ama!

 

LAS   DINAMIZACIONES   HOMEOPATICAS

 

Parágrafo No. 46:

 

¡Se nos hace difícil comprender cómo es que las dosis infinitesimales de la Homeopatía — que no pueden ser comprobadas por ningún aparato físico capaz de demostrar que son portadoras de determinada cantidad de medicamento— puedan producir efectos tan positivos como los de la terapia de las inyecciones, jarabes, comprimidos o antibióticos! ¿Podéis darnos aclaraciones al respecto?

 Respuesta: La medicina homeopática es profundamente energética, y  aunque no  se perciban  sus  efectos  objetivos,  como sucede con la Alopatía, sus drogas dinamizadas producen resultados terapéuticos decisivos. Se trata de una terapia definitiva, que actúa a través del potencial de energías libres, ínterpenetrando el periespíritu inmortal del hombre, procediendo a efectuar modificaciones “de adentro hacia afuera”, con una actuación que „ se procesa desde la esfera mental hasta la periferia del cuerpo físico.  No obstante, la acción terapéutica de los remedios alópatas, se ejerce más “de afuera hacia adentro”, como operación, menos profunda y más dificultosa, efectuada apenas en el campo físico, en la energía condensada, de acuerdo como se concibe ahora la materia por los sabios terrestres. Sin duda, la energía libre es ilimitadamente superior a la energía condensada que compone la materia de vuestro mundo. En realidad, el hombre físico no es otra cosa que una agregación de fuerzas condensadas en el escenario del mundo físico, cuya materialización se inicia en el vientre materno.  Durante la gestación, el individuo surge lentamente de un mundo invisible a la vista física, cuya forma se objetiva  en incesante trabajo  de  “reducción” vibratoria  de la energía libre.

 

Pero  la  verdadera  morada  del  hombre espíritu,  aun después de su descenso a la escafandra de la carne, continua siendo  aquel mundo oculto de energía libre, en el cual permanece ínter penetrado  por las  fuerzas  de  todos  los  pianos  de  la vida creada ¡por Dios.   En consecuencia, es obvio que solo tendrán éxito definitivo en el restablecimiento de la salud del cuerpo carnal, los medicamentos que sean particularmente dirigidos al mismo campo de fuerzas que en el hombre se originó.   Y eso solamente es posible mediante el remedio homeopático, porque es fundamentalmente,  energía y no masa;  es más dinámica y menos letárgica; más fuerza y menos medicamento; más operante y menos   estático.    Es   un  poderoso  catalizador  que   despierta energías  acelerando reacciones  en  el organismo  abatido,  pues intensifica y eleva su “quantum” de vitalidad adormecida, ajustando el potencial psicofísico desarmonizado y opera a través de su energía infinitesimal potencializada. 

Mediante las recientes aplicaciones terapéuticas del sonido, la radiactividad y la conquista de la energía atómica, se puede comprobar actualmente el poder asombroso del  mundo infinitesimal, así como la realidad poderosa del mundo de la energía que se oculta a los sentidos físicos. 

 

Parágrafo No. 47:

 

¡Hemos reflexionado largamente sobre esa vaga  posibilidad, que algunas gotas de fugitiva emanación de determinada sustancia o toxico dinamizado, puedan curar infecciones, ulceras, hidropesía y hasta restablecer las funciones de un enfermo cardio hepatorenal!   ¿Qué puedes decirnos sobre nuestra duda? 

Respuesta: La Naturaleza es pródiga en demostrarnos que concretiza sus mayores realizaciones a través de las operaciones más diminutas. El gigantesco Amazonas es el resultado de un sencillo hilo de agua que desciende de la región del Perú; el más espantoso incendio puede tener su origen en la más inofensiva, chispa de fuego; el arrasamiento de Hiroshima, se debió únicamente a la liberación de la energía atómica contenida en una. Esfera del tamaño de una bola de “ping-pong”; el roble secular, es el producto de una diminuta bellota; ¡la ternura de Francisco, de Asís y la genialidad de Einstein, se pudieron manifestar en nuestro mundo, gracias a la vida invisible de dos espermatozoides!   Por tanto, la energía infinitesimal que dormita en el seno, de una gota homeopática, ¡puede desatar, también, el poderoso campo de fuerzas que acciona el psiquismo humano y comanda el cosmos orgánico del hombre!

 

 

Parágrafo No. 48:

 

¿Cómo podríamos comprender mejor esa acción energética de la medicina homeopática? 

Respuesta: Cuando el paciente ingiere una dosis de “alta dinamización”, y el médico homeópata haya acertado con éxito la medicación de fondo, o la dosis constitucional efectiva, su “aura vital” se reviste de brillante nube radiactiva que la en vuelve intensamente, aunque sea invisible a los ojos de los encarnados. Las energías que se  liberan por la acción catalizadora de la dosis homeopática, rodean al individuo hasta una distancia de tres a cuatro pulgadas en todos los sentidos de su aura vital, formando una irradiación en forma de huevo, en tono metálico muy brillante, que en principio se asemeja bastante a la miniatura del impacto de una bomba atómica. Sobre el ápice del “aura vital” humana, se percibe, la figura del sugestivo hongo atómico, aunque apenas en la forma de una radiación transparente que fluctúa y se expande directamente del vehículo acuoso de la dosis homeopática ingerida por el doliente. Tan pronto como  los “chakras” o centros de fuerzas del duplo-entérico captan esa energía libre y potencializada, y la absorbe por sus vértices irisados, se produce el descenso vibratorio del energismo despierto en combinación con el medicamento homeopático, haciéndose la necesaria condensación en la intimidad del cuerpo físico. 

La energía potencializada y que se libera de la “alta dosis” homeopática, tiende a concentrarse rápidamente en la región áurica del cráneo, convergiendo vigorosamente hacia la región cerebro-espinal, diseminándose, poco a poco por las zonas de los plexos nervioso braquial, cervical y dorsal, para, en seguida, alcanzar el plexo solar en la región abdominal. Bajo la influencia de esa carga energética poderosa, el sistema nervioso funciona  activamente y restablece el metabolismo del sistema endocrino debilitado, operando gradualmente en el equilibrio de todas las funciones orgánicas perturbadas.  

La glándula hipófisis, que es la regente orquestal del cosmos orgánico del hombre, se renueva entonces en función conjugada con la epífisis, constituyéndose
en el “eslabón” de la esfera mental y psíquica, entregando al cuerpo físico todas las energías disponibles, proporcionadas por el despertar energético de la dosis infinitesimal homeopática. Bajo ese socorro dinámico, es posible, entonces, que se efectúen las correcciones necesarias y atender con urgencia a todas las solicitudes destinadas a mantener la armonía y la salud humana.

 El maravilloso potencial de fuerza que constituye el periespíritu, gran responsable del equilibrio del organismo carnal, acelera su producción energética cuando recibe refuerzo dinámico de la alta dinamización homeopática.  La Mente Divina, como principio coordinador de toda la creación cósmica, se manifiesta también a través del alma del propio enfermo, ya sea orientándolo en cuanto a los medios más urgentes para restablecer la armonía  en su salud, como procesando cambios vitales orgánicos; aprovechando para eso, todas las fuerzas internas disponibles. La terapéutica homeopática despierta las fuerzas del cosmos orgánico del hombre y reeduca el trabajo de los órganos debilitados, poniéndolos en relación armoniosa con sus sistemas directores. Es una acción extraordinariamente benéfica para el cuerpo humano, que se constituye en el coeficiente de fuerzas, colocadas dócilmente bajo el control mental de la “divina naturaleza”, realizando movimientos inteligentes a través del más riguroso estado científico éterico trascendental.

 El impacto de la energía infinitesimal que se libera de la sustancia dinamizada en la alta dosis, se transforma en socorro eficiente y poderoso con que la ciencia divina atiende al cuerpo debilitado de la criatura humana. El efecto de la alta dinamización homeopática en el cuerpo físico, podría compararse a un vigoroso pase magnético de energía potencializada y de acción continua. En realidad, tal como saben los ocultistas, la dinamización homeopática potencializa la propia alma vital de la planta, del mineral o de la sustancia tóxica extraída del animal, por cuyo motivo no violenta el organismo y si lo ayuda, sabia mente, a conseguir sus propias fuerzas, equilibrio y salud.

 

Parágrafo No. 49:

 

La “alta dosis” a la que te refieres, ¿se distingue de la acción de cualquier otra dosis homeopática? La medicamentación homeopática, ¿no es siempre la misma cosa?

 Respuesta: En general, el pueblo solo conoce la 5ª  dinamización popular que puede suministrarse bajo menor responsabilidad, porque se sitúa en el límite de la dosificación de mayor drenaje y de fondo constitucional. De la 5ª dinamización para abajo, las dosis homeopáticas se prestan para actuar con más urgencia, por ser capaces de provocar una acción energética y apropiada para los brotes agudos.  Esas dosis bajas, son los medicamentos   adecuados  para  la   eliminación  de  los  residuos  y toxinas orgánicas, pues drenan los órganos afectados y auxilian también el trabajo de las altas dosis que, por ser remedio de fondo   constitucional,   pueden   provocar   aumento   de   gravedad momentánea en el estado del enfermo.

 Las bajas dinamizaciones, además de su efecto local y apropiado para los casos agudos, funcionan a semejanza de verdaderas escobas que, a través de los riñones, de la piel o del intestino,   expulsan  la  sustancia residual   enferma,   desagregada del cuerpo físico. 

Es por eso que el uso de la 5ª dinamización se “hace más común, pues es el tipo que mejor atiende a las necesidades espiritas. Es la medicamentación intermediaria entre los  casos agudos y los crónicos; es la terapéutica cotidiana más común, aunque se halle encuadrada dentro de los mismos principios de la dosis infinitesimal elaborada por Hahnemann. Cuando se trata, por tanto, de una enfermedad de larga data, que .afecta hasta el temperamento del enfermo o desafía la medicina alopatía, la curación definitiva solo se efectúa por las altas dosis o diluciones, las cuales, aunque sobrepasen la concepción humana, son capaces de modificar el terreno temperamental y los síntomas mentales del enfermo.

 La 5ª  dinamización, es la dosis más conocida y usada por  aquellos que todavía no están habituados a consultar al médico ‘homeópata; y su divulgación en el Brasil, se debe mucho al pintoresco recetario espirita.

 

Parágrafo No. 50:

 

Tiene importancia el tipo de la sustancia vegetal, mineral o animal que sirve para la dinamización homeopática, toda vez que es aprovechada y potencializada su energía?   

Ese aprovechamiento energético, ¿no podría dispensar la aplicación de los varios tipos de medicamentos, debiendo bastar apenas la, energía libre, aprovechada de cualquier sustancia?

 Respuesta: La energía potencializada en las dosis infinitesimales, aplicada bajo la ley de “los semejantes curan los semejantes”, es una fuerza emanada del alma vital de la especie vegetal, mineral o animal, de la cual es aprovechado su vigoroso eterismo, todavía inaccesible a las investigaciones de los laboratorios del mundo material, Esa energía sobrepasa el campo común de la sustancia material para actuar con más prestancia

en su verdadero “hábitat”, que es energía libre del Universo, y posee las características particulares de la sustancia vegetal, mineral o animal a que pertenece, en la cual vivía en la condición de “energía condensada”, como lo es la materia.  

 Después de liberada y potencializada  en las  dosis  homeopáticas,  funciona  en el organismo humano como un catalizador, una especie de fermento etéreo que despierta las energías latentes, acelera los campos electrónicos y produce varias reacciones con su presencia.  Pero, siendo energía libre que pertenece a una determinada, especie del mundo físico, habiendo sido plasmada en obediencia a las leyes específicas del reino que representa, solamente produce reacciones dinámicas en concomitancia con su naturaleza de origen.   De ahí la necesidad de los distintos tipos de  medicamentos energéticos homeopáticos, pues cada uno de ellos, aunque sea emanación extraída del alma vital de cualquier sus­tancia animal,  mineral o vegetal, que después  ínterpenetra  el periespíritu del paciente y reacciona sobre su mecanismo físico solo produce reacciones y despierta las energías en perfecta afinidad con la propia sustancia de donde proviene.

 Es por eso que el mayor éxito de la terapia homeopática, profesional del médico homeópata al prescribir el medicamento tan sutil, no depende solamente de la habilidad y del acierto ‘ exacto para el tipo psicofísico individualizado, pues el éxito de pende muchísimo de las condiciones electivas que el propio paciente pueda demostrar hacia la Homeopatía, como ya hemos, tenido ocasión de explicar.

 

Parágrafo No. 51: 

¿Puedes darnos una idea más comprensible de lo que es la dinamización homeopática? 

Respuesta: Como ya os hemos dicho, se trata de un proceso por medio del cual la energía dinámica que existe en la intimidad de la materia, proveniente de todos los reinos de la Tierra, va siendo liberada y potencializada.   En realidad, dinamizar es radiactivar, o sea, acelerar la fuga de la energía condensada en la sustancia que se desintegra por el roce, fricción o fisura, y que así se potencializa, centuplicando sus emisiones energéticas. La sustancia material o propiamente dicho energía condensada, cuando es desintegrada y potencializada por el proceso homeopático,  se transforma en energía libre que,  después  de  haber sido ingerida por el enfermo, se convierte en un poderoso catalizador y activa las reacciones de las  energías  latentes  en  el cuerpo físico. La dosis homeopática infinitesimal y dinamizada, que es la propia sustancia transformada en energía libre, puede alcanzar profundidades inaccesibles a la medicina alópata. Una dosis de tintura-madre de China, es considerada remedio macizo; no obstante, la misma China, elevada a la milésima dinamización homeopática, no pasa de ser energía liberta y dinamizada, cuyo gran potencial puede producir intensa aura radiactiva en el enfermo,  visible  para  muchos   espíritus   desencarnados. Dice la propia ciencia terrestre, que la materia y la energía son apenas diferentes modalidades vibratorias de una misma cosa. Cuando la energía libre baja en dirección a la vida física,  es cuando, ella se constituye en la materia o en el estado de energía condensada. En consecuencia, el periespíritu —que es el molde fun­damental preexistente del hombre— que funciona activamente en el mundo oculto a través de su campo energético acumulativo y de su poder químico trascendental, aglutina la energía libre en torno de si y la hace bajar en dirección a la vida material, con el fin de sustentar el cuerpo carnal, que es su exacto prolongamiento físico.

 Es por eso que la alta dinamización homeopática provoca extraordinarias  modificaciones  en  el  todo  energético del periespíritu, pues siendo energía libre, consigue actuar con eficiencia en la delicada estructura de ese valioso instrumento del alma, operando a través del fenómeno de repercusión vibratoria y en favor del equilibrio orgánico.

 La dinamización homeopática aumenta la capacidad de la sustancia curativa en su campo energético y áurico, pues a medida que sea más elevada esa potencialización, se operan transformaciones profundas en la intimidad de la criatura humana.

 

Parágrafo No. 52:

 

¿Puedes darnos algunos ejemplos de drogas o sustancias   usadas   en   las dosis   infinitesimales   en   la   terapéutica homeopática, que de ser dadas en dosis masivas pueden producir perturbaciones mentales?

 Respuesta: Entre las variedades de cáñamo europeo, por ejemplo, existe un tipo conocido por “Pango” o “Diamba”, cuyo toxico produce en el hombre sano distintos síntomas mentales, pues ataca el sistema nervioso, determinándole un estado de intensa exaltación, extensiva a todas las demás percepciones emotivas y “concepciones mentales, incluso todas sus sensaciones, se acrecientan excesivamente. Bajo la acción tóxica del Tango”, las personas de carácter dulce, se vuelven aún más tiernas, placenteras y felices, mientras que las fácilmente irritables, se vuelven violentas, coléricas y rabiosas hasta el último grado.

Es la exageración, el principal síntoma mental que tal especie de cáñamo provoca en sus intoxicados, los cuales, bajo su influencia, se quejan de que los minutos les parecen años y que algunos pasos se les figuran muchas millas al mismo tiempo que sus ideas se amontonan y se confunden en sus cerebros, pudiendo llevarlos hasta el “delirium tremens”, a la excesiva histeria y a la subyugación completa de las ideas fijas.

 Bajo la ley del “similia similibus curantur”, y en los casos idénticos a los descriptos arriba, la Homeopatía prescribe la dosis de Cannabis-Indica, que no es otra cosa que el cáñamo europeo llamado vulgarmente “Pango”, entonces dinamizado en la terapéutica infinitesimal. Del mismo modo, la dosis homeopática de “Ignatia Amara”, cura las grandes contradicciones del espíritu, los estados súbitos de pesar y falta de alegría o viceversa, incluso los temperamentos excesivamente caprichosos, las tendencias a la melancolía y al llanto sin motivo, pues también es dinamizada de la haba de “San Ignacio” originaria de las Filipinas, cuya baya produce los mismos síntomas mentales en las” personas que las comen inmoderadamente.

 Los homeópatas curan también los fuertes estados de melancolía y de postración, con la dosis de Helleborus Niger, por cuanto la intoxicación por dosis macizas producidas por esta planta medicinal de la familia de las Liliáceas, provoca gran postración física, deja al enfermo silencioso, embrutecido y hablando en forma incomprensible, además de volverlo excesivamente melancólico y sin el gobierno del espíritu sobre el cuerpo. Por eso también se usan las dosis de Belladona y de China, para ciertos estados de delirio de locura, pues esas sustancias, dadas en dosis masivas e inmoderadas, provocan tales síntomas, como ya ha ocurrido en los tratamientos epidémicos de la gripe y de la malaria. 

El arsenal homeopático es rico en tales recursos, poseyendo innumerables diluciones que atienden a los más variados casos de perturbaciones emotivas y mentales, en sus pacientes.

 

Parágrafo No. 53:

 

¿De qué modo se producen las modificaciones mentales o psíquicas en los enfermos tratados por la Homeopatía, de acuerdo con nuestra afirmación, donde los síntomas mentales pueden ser modificados por las dosis infinitesimales?. 

Respuesta: Los médicos homeópatas experimentados, solo prescriben sus dosis después de haber focalizado el cuadro psíquico de sus pacientes, porque se preocupan más por los  enfermos que por las enfermedades o síntomas aislados. Se cuidan de abarcar todo el edificio arquitectónico de la criatura, ya sea indagando las causas ocultas que puedan sufrir la influencia de, la mente y del psiquismo perturbado, bien sea investigando la síntesis de los síntomas reveladores de la perturbación panorámica en relación con el ambiente. 

La producción mental, los sentimientos, la emotividad y el armazón físico del enfermo, son examinados por el homeópata en un mismo nivel de interés y unidad, en vez de hacerlo mediante una investigación que alcance únicamente a los órganos locales o a los síntomas, como  si se tratase de un individuo autómata sin voluntad ni dirección propia. Como si fuera un hábil ingeniero, el médico homeópata, antes que preocuparse exclusivamente con la brecha señalada en una pared hundida, se cuida de indagar la naturaleza del terreno, que es el verdadero responsable de la causa del efecto. El ser humano debe ser examinado más en función de su coordinación psíquica y anímica, que considerado como un simple agregado de moléculas y células  que puedan  enfermar  sin influencia  alguna  de  las variaciones mentales y emotivas.

 Bajo tal concepto lógico y sensato, fue que Samuel Hahne­mann considero que la salud, tanto como la enfermedad, vienen “de adentro hacia afuera” y de “encima hacia abajo”, regla que constituye uno de los cimientos fundamentales de la practica homeopática.

 Como no es posible testificar la existencia de las partículas infinitesimales en las altas diluciones homeopáticas, sus oposito res no creen en la posibilidad de la curación por medio del medicamento  dinamizado   que,   no   obstante,   desafía  y   sobrepasa cualquier esfuerzo visible y experimental de los laboratorios de la Tierra. ¡El hecho de que los científicos terrestres no puedan testificar la objetividad de ese energismo asombroso, no quiere decir que no exista, sino que la ciencia humana es todavía demasiado precaria para obtener la prueba! La incapacidad científica de verificar la realidad del fenómeno homeopático, en modo alguno implica la negación del poder inigualable de las altas diluciones.

 Evidentemente, los científicos de la Edad Media deberían haber negado también la tremenda posibilidad del control y del éxito de la energía nuclear, hoy tan famosa; ¡pero en modo alguno su incredulidad impidió o invalido el éxito del descubrimiento atómico del siglo XX!…

 LA  HOMEOPATÍA, LA  FE  Y  LA  SUGESTIÓN 

Parágrafo No. 54: 

Algunos adeptos de la Homeopatía, afirman que la cura homeopática es una realidad, pero que solo se produce en aquellos que tienen fe en el remedio. ¿Que nos puedes decir al respecto? 

Respuesta: La fe que esas personas acreditan ser tan necesaria para el éxito del tratamiento homeopático, no implica, propiamente, una creencia o un estado místico religioso que el paciente deba asumir obligatoriamente para que obtenga éxito en su curación. La fe, en este caso, consiste tan solamente en la confianza o en el optimismo que, despertando su naturaleza receptiva y positivamente dinámica, predispone su campo mental y astral-éterico a mayor electividad para lograr la absorción de la energía dinamizada por la dosis homeopática.

 El pueblo cree que es necesario tener fe para curarse por la Homeopatía, porque en su intuición, presiente que es medicina de acción energética y no medicamentosa y que, por actuar en el psiquismo humano, las dosis deben ser tomadas con “con­fianza”, pese a que su apariencia sea la de agua destilada. Además, es necesario que el enfermo tenga paciencia, pues no se trata de un tratamiento violento, de efectos rápidos y visibles de inmediato.

 Como las dosis homeopáticas no producen reacciones violentas y atormentadoras, inherentes a determinados remedios alópatas, muchos enfermos creen que son inocuas o que, para tomarlas con buen resultado, se necesite la tradicional “fe”, como factor principal. Ignoran también, que la acción funda­mental del remedio homeopático, se hace propiamente por su efecto energético y radiactivo, muy semejante a la acción del fermento o de un catalizador que, por su presencia, provoca reacciones en otros cuerpos. Vale más por su dinamismo y por su acción energética, liberado de la sustancia medicamentosa, que por cualquier propiedad tóxica o química violenta que obligue los órganos de la defensa a reacciones inesperadas, tal como sucede con los remedios masivos, permitiendo que los pacientes se convenzan del logro de una cura más positiva y eficiente.

 

Parágrafo No. 55:

 

Otra clase de opositores de la Homeopatía, alega que la cura homeopática se efectúa por la fuerza de la su gestión que por el éxito medicamentoso. Que el paciente provoca un campo de fuerzas en su psiquismo y que la cura se produce independientemente de la acción de las “agüitas” dinamizadas… 

Respuesta: La afirmación es bastante ingenua, pues los homeópatas han curado incontable número de lactantes, sin que se pueda creer que los recién nacidos se dejen sugestionar, produciendo, así, el efecto psíquico favorable al éxito terapéutico de la Homeopatía.

 Además, la verdad es que los niños se curan con más facilidad y rapidez por las dosis infinitesimales, justamente porque no ofrecen resistencia alguna o prevención mental ante el método curativo, ya que ni saben lo que es la Homeopatía. Ellos la prefieren sobre la Alopatía, porque no sufren durante el tratamiento, como en el caso de las inyecciones, aplicaciones corrosivas o remedios repulsivos y amargos. Los adultos más electivos a las dosis homeopáticas, son aquellos que se habituaron desde la infancia, salvándose de la violencia alópata, pues generalmente conservan en buen estado de defensa las funciones del estómago, del hígado, los intestinos y los riñones, ¡por hallarse exentos de los efectos perniciosos de la medicamentación toxica e inyectable, muy común actualmente ante el más débil brote de un resfriado! Esas criaturas condicionadas desde la infancia a la terapéutica homeopática, reaccionan rápidamente bajo la acción de las dosis infinitesimales, del mismo modo que una maquinaria delicada se mueve con más facilidad bajo la acción de una lubricación suave y fluida.

 Los pacientes que están muy habituados al tratamiento de la Homeopatía, se hacen alérgicos a las prescripciones alópatas, ante las cuales no solamente demuestran ostensiva desconfianza, sino que las temen como tóxicos peligrosos. Su psiquismo predispuesto y condicionado a la receptividad energética de las sustancias dinamizadas, reacciona a estas con mucha facilidad, propiciando   un  clima   beneficioso   para   que   la   energía   libre supere la energía condensada de la materia.

 Pero uno de los más poderosos desmentidos a esa liviana alegación, que la Homeopatía solo cura por la autosugestión del paciente, consiste en que los veterinarios homeópatas han efectuado muchas curaciones excepcionales en gatos, perros, caballos o bovinos, animales que —como creemos— no parecen accesibles a la sugestión ni deben encontrarse mentalmente capacitados para formar juicio sobre cuestiones terapéuticas. 

 

Parágrafo No. 56: 

Pero, ¿no es admisible que determinados pacientes se puedan curar mejor por la sugestión que por la dosis, aunque sean admiradores de la Homeopatía? 

Respuesta: Los fenómenos de Lourdes, las curaciones producidas por los santos y profetas, el clamor de muchos curanderos que han levantado paralíticos, curando ciegos y deformados, os prueba bien la realidad de la curación por la sugestión, sin que por ello se deba atribuir cualquier insuficiencia a la Homeopatía. ¡Algunos seres poseídos de mucha fe, consiguen generar en sí mismos un potencial energético tan intenso que, ante el objeto de su poderosa confianza, hacen surgir en su intimidad espiritual el contenido de fuerza que fue almacenada a costa de sucesivas ansiedades fervorosas y de futuras esperanzas!

Es obvio que toda la energía así potencializada y que en la fracción de un segundo puede ser liberada por el impacto positivo de la mente confiada en la curación, termina accionando todo el campo orgánico del ser y actuando poderosamente en la intimidad electrónica de las células físicas, corrigiéndolas bajo ese comando mental activo y sin vacilaciones negativas. De la misma forma, el pensamiento incesante y tenso con que ciertas criaturas pueden alimentar la idea mórbida, que son portadoras de una ulcera gástrica o que sufren del corazón, puede producirles un campo psíquico negativo y favorable para la eclosión real de la enfermedad. Eso puede suceder, porque la opresión mental sobre el plexo abdominal, perturba el metabolismo de los jugos gástricos y desarmoniza la vertiente biliar, pudiendo plasmar la configuración astral de la tan temida enfermedad, cuyo molde físico se positiviza, poco a poco, por la sobrecarga nerviosa y la contribución demorada de las mucosas. Entretanto, la mente equilibrada, sólo habituada a pensamientos constructivos y renovadores, es continuo foco de atracción de energías que son capaces de operar las más vigorosas modificaciones plásticas en el organismo carnal.

 

Es de sentido común que el simple recuerdo de un plato sabroso, hace funcionar las glándulas salivares, acelera la pro­ducción de los jugos gástricos y de los fermentos pancreáticos y hace vibrar la vesícula, que se pone alerta para verter bilis en el Tracto intestinal. Así sucede con el enfermo ante la imagen del santo milagroso o en presencia del curandero famoso, en los cuales deposita toda su fe y convicción, dinamizando la fuerza mental que lo coloca en condiciones satisfactorias y electivas para ser curado. El potencializa y acumula con bastante anticipación, las energías que más tarde se libertaran produciendo el impacto vibratorio curativo, porque actúan fuertemente en su sistema nervioso debilitado, a semejanza de lo que pueden hacer también las dosis infinitesimales dinamizadas por la homeopatía, que actúan como poderoso despertador de energías orgánicas. 

Ya os hemos recordado que Jesús, a través de su palabra creadora y penetrante, insuflaba vitalidad, animo, alegría y esperanza en los que lo oían, cuando imponía la fuerza de la fe en los paralíticos, leprosos, ciegos y enajenados y ellos centuplicaban las energías creadoras de la vida dada por Dios. 

El fenómeno, aunque sea más psíquico y vital – orgánico, recuerda el recurso que utiliza el carero inteligente cuando se atasca su vehículo sobrecargado y empujado por animales exhaustos. El los prepara poco a poco, despertando sus energías y sincronizando sus movimientos bajo toques habilidosos, invitaciones  amenazas, hasta alcanzar el momento psicológico y de perfecto equilibrio de fuerzas en el conjunto. Entonces, en un solo impulso y grito conjugados, hace sonar el látigo sobre los animales y realiza el empuje vigoroso de las ruedas, agrupando todas las energías despiertas en un solo esfuerzo fue hace mover el pesado vehículo. Lo mismo ocurre con los hombres; mientras el enfermo pesimista es una fuente de energías negativas, un frustrado que anticipadamente duda de cualquier suceso favorable que sobrase sus fuerzas comunes, el enfermo optimista es una fuente positiva y un activador de sus energías, que se ponen de manifestó prontamente para el logro de éxitos incomunes. Mien­tras el primero, por su desconfianza y falta de fe se deja influenciar negativamente, el segundo es el comandante enérgico, activo y hábil, me dirige y disciplina el ejército de sus colectividades microbianas, nutriéndolas con su magnetismo positivo y ajustándolas, unidas, a su organización carnal.

 

Las fuerzas reprimidas por la mente humana, tanto pueden servir en sentido negativo, como producir condiciones positivas en el organismo físico; mientras que las fuerzas descontroladas por ciertas emociones, sustos o errores, matan, enloquecen o lesionan la estructura nerviosa.

 

Parágrafo No. 57:

 

Teniendo en cuenta tus explicaciones, preguntamos: ¿cuál sería la contribución medicamentosa o energética de la Homeopatía, al ser aplicada a enfermos que pueden curarse por sí mismos, sin necesidad de medicamentos exteriores? 

Respuesta: El individuo electivo a la Homeopatía, convencido del poder de las dosis infinitesimales, camina espontáneamente al encuentro del medicamento y apresura el éxito de la curación. Si solamente le fuera dada agua destilada en lugar del medi­camento homeopático, su “quantum” de energía potencial izada por su psiquismo confiado, supliría en su organismo físico, gran parte de su necesidad vital. 

Durante el metabolismo precioso y científico provocado por las dosis dinamizadas de la Homeopatía, el espíritu del hombre tanto puede auxiliar como retardar sus efectos terapéuticos. Siendo así, el enfermo que se puede curar por sí mismo, solo ganara si se vale del auxilio de la Homeopatía, pues que no le podrá causar mal alguno, y si podrá hacerle bien.

 

LA   HOMEOPATÍA  PRECAUCIONES   Y   RÉGIMEN   DIETETICO

 

Parágrafo No. 58:

 

Nos gustaría conocer los motivos por los cuales se exige agua destilada en el uso de las gotas homeopáticas. Algunos homeópatas muy rigurosos, condenan hasta que se usen utensilios de metal, objetos de polvo de piedra, vasos de vidrio de canto interno, así como vidrios descoloridos o que recuerden licores, esencias o residuos alimenticios. Tal exigencia puritana ¿no será fanática, en exceso? 

Respuesta: La sutilidad de la esencia energética que fundamenta la dosis infinitesimal de la homeopatía, exige que el agua, como vehículo principal, está absolutamente exenta de partículas orgánicas microscópicas peculiares en los líquidos no hervidos, pues cuando estas quedan en suspensión, absorben y condensan la esencia dinamizada y la eliminan de la circulación, bajo la forma de residuos. La energía que emana de la esencia de la sustancia potencializada, debe guiarse sin que pueda incrustarse en alguna partícula micro orgánica extraña. De ahí la advertencia de los homeópatas muy celosos, cuando aconsejan que las pastillas homeopáticas deben diluirse directamente sobre la lengua sin que se mezclen con líquidos que las descompongan, debiendo penetrar por la circulación rapidísima de ese órgano, sin sufrir la acción inmediata de los jugos gástricos. Aun las “altas dosis” diluidas, se aprovechan mucho mejor cuando el paciente, al tomarlas, ejerce un efecto de succión en las mucosas de la boca, antes que alcancen el estómago.

 Las cucharas, utensilios o vasijas de metal, muchas veces son estañados y se oxidan con facilidad, pudiendo formar combinaciones químicas inesperadas y perjudiciales a la esencia homeopática. En vista que los cantos internos de los vasos, frascos o recipientes son difíciles de una limpieza absoluta, se convierten en lugares fáciles para la proliferación de gérmenes y acumulación de partículas ofensivas a la delicadeza de las dosis infinitesimales. Los objetos o utensilios hechos de polvo de piedra, sin el pulimento deseable de la porcelana o de la superficie lisa del cristal, absorben en su interior la esencia homeopática. En cuanto a los frascos o recipientes que sirvieron para jarabes, perfumes o residuos de alimentos, es obvio que corrompen la pureza iniciática de la medicamentación dinamizada, alterando su calidad sustancial.

 Debido a esa regla, en modo alguno, se deben mezclar medicamentos homeopáticos con cualquier otra sustancia que no sea el agua destilada o hervida. Las altas dinamizaciones, se pueden volver inocuas cuando se les adiciona agua común o se desatienden las recomendaciones indicadas. Realmente, solo sirve el agua destilada, toda vez que el agua de las cañerías comunes de las ciudades, en atención al tratamiento por el cloro a que son sometidas, aun después de hervidas pueden comprometer las altas dosis.

 Los homeópatas recomiendan el uso de frascos o vasos de colores, con el fin de neutralizar los rayos solares o la excesiva luz, que pueden también descomponer los medicamentos, tan sensibles y puros en su composición energética. Recordamos que la Homeopatía puede efectuar curas milagrosas, siempre que el paciente se entregue a ella con confianza y siga religiosamente todas las prescripciones sobre la dieta y los cuidados protectores. Muchos enfermos, ignoran que la propia saliva adherida a las cucharas, usadas más tarde sin haber sido lavadas previamente para ingerir nuevamente otra dosis homeopática, compromete el éxito de la curación, a causa de la oxidación.

 

Parágrafo No. 59:

 

Considerando que muchos entendidos nos afirman que durante el tratamiento homeopático no se deben usar ciertos jabones o perfumes, nos reservamos el derecho de desconfiar de tal afirmación, por hallarla bastante pueril. Existe algún fundamento en esa advertencia?

 Respuesta: La dosis homeopática —ya lo hemos dicho— es un campo energético cuyo fin no es funcionar a semejanza de los medicamentos masivos o alópatas. Si os fuese posible examinar por la evidencia el efecto de las altas dosis en el organismo humano, tal como nosotros lo podemos observar mediante nuestra visión espiritual, verificaras que el catalizador homeopático de elevada dinamización, ínterpenetra toda la zona vital del enfermo en todos los sentidos, formando un aura en una extensión de 3 a 4 pulgadas de diámetro, en torno al cuerpo, que parece disolverse en franjas ondulantes. Ese campo energético, se va condensando poco a poco por su descenso vibratorio, siendo absorbido lentamente por el organismo carnal, que se renueva en su potencial de fuerzas.

 El vehículo acuoso que sirve para la dosis infinitesimal, significa el condensador o el sustentador de la energía catalizadora que transfiere la carga de fuerza al organismo físico, del mismo modo que el médium espirita o el magnetizador, ofrecen sus energías al paciente. En la medicina homeopática, la sustancia mineral, vegetal o animal, después de haber sido potencializada, es transferida por vía bucal, mientras en el pase espirita o magnético, es el médium o el magnetizador quien aplica directamente el “quantum” en el enfermo.

 Toda vez que la alimentación carnívora produce perjuicios en la terapia homeopática porque corrompe el cuerpo vital del enfermo con los fluidos inferiores de la carne del animal, siendo necesario economizar las sutiles energías despiertas por la dosis infinitesimal, no nos debe extrañar que un jabón alcanforado, sulfuroso, alquitranado o el perfume fortísimo de ciertas esencias, produzcan también incesantes bombardeos de partículas “alfa”, ofensivas al campo energético dinamizado. Desde el momento a que determinadas sustancias como el éter, el amoniaco o el alcanfor, producen atontamiento, adormecimiento o excitaciones, actuando apenas por su emanación éterica, es evidente que el aura de los jabones del alquitrán, azufre o alcanfor, perjudiquen también la terapia energética y sutilísima de la Homeopatía. Aun entre ciertos medicamentos homeopáticos, no debe propiciarse su reunión en la misma caja o hasta en los mismos armarios, porque sus auras son incompatibles y se combaten bajo impactos antagónicos.

 Parágrafo No. 60: 

Para nuestro mejor aprendizaje homeopático, puedes citarnos algunas de esas dosis antagónicas entre sí?

 Respuesta: Nos referimos a sus campos áuricos energéticos que, entrando en conjunción, producen muchos perjuicios, tales como las dosis de creosota, allium cepa, allium sativum, potasio, mercurio o yodo, cuyas auras sumamente fuertes deben eximiré de entrar en contacto. Por tanto, como consecuencia de tales cuidados profilácticos, los homeópatas aconsejan también la ingestión de las dosis a distancia de la alimentación, pues durante la digestión, se forman en el organismo los más variados campos energéticos de sustancias que se descomponen en el estómago y en el intestino, que después se combinan y se combaten, anulando gran parte del efecto del medicamento de la Homeopatía. 

 

ACLARANDO LA FARMACOPEA SUTIL Y ESPIRITUAL DE LOS PRIMEROS 60 PARÁGRAFOS.

En el parágrafo 22 hablamos de que la homeopatía es magia imitativa, que lo “Semejante produce lo semejante”, que los encantamientos fundamentados en la ley de semejanza pueden demonizarse magia imitativa u homeopática y los basados en la ley de contacto o contagio podrán llamarse de magia contaminante o contagiosa.

                           

¿Cuál crees que es la conexión energética que el medico debe tener con su paciente?.

 

Nota Juveriana: Es importante entre curanderos homeópatas, definir la palabra semejante que solo quiere decir parecido.  

La homeopatía en estos 200 años con sus remedios solo se ha fundamentado en el cuerpo físico, ya es conveniente pasar al 2° Orden o Campo Bioenergético. Para así podernos comunicar con el espíritu medicamentoso del remedio. 

Denominar  a la primera de estas 2 ramas de la magia con el termino homeopática es quizás preferible a los términos alternativos de imitativa o mimetiza, puestos que estos siguieren un agente consiente que imita, quedando por ello demasiado restringido al campo de esta magia, cuando el curandero se dedica a la práctica de estas leyes implícitamente cree que ellas regulan las operaciones de la naturaleza inanimada, en otras palabras tácitamente da por seguro que las leyes de semejanza y contagio son de universal aplicación y no tan solo limitadas a las acciones humanas.

 

Concluyendo: que el tránsito de la farmacopea homeopática de agua y alcohol a la farmacopea Bioenergética (vida) es inevitable.

 

Cuestionario para el Homeópata:

 

  • 1) ¿“Es importante aclarar el termino SUTIL?.
  • 2) ¿Aclarar el término espiritual?
  • 3) ¿Qué es magia Imitativa?
  • 4) ¿Aclarar el termino Semejante que solo quiere decir parecido?
  • 5) ¿Qué quiere decir encantamiento?
  • 6) ¿Qué quiere decir magia homeopática?
  • 7) ¿Cómo defines la ley de contacto?
  • 8) ¿Cómo defines la ley de Contagio?
  • 9) ¿Define la “Magia Contaminante y Contagiosa”?
  • 10) ¿Qué es magia Natural?

 

Pues bien Sr. Homeópata, que pensarías si descubres que después de 200 años, tu diagnóstico y terapéutica están equivocados, que tus remedios no tienen poder espiritual y tu diagnostico no es en nada espiritual, los orígenes de la “ley de semejanza” se pierden en la noche de los tiempos, y esta ha venido siendo utilizada por curanderos y shamánes, esta ciencia antigua por mucho tiempo fue desacreditada utilizando nuestros modernos conocimientos para burlarse y ridiculizar este  ingenioso sistema que aparentemente no tiene explicación racional  dentro del universo tal como lo entendemos nosotros.

Lo que hasta hace relativamente mucho tiempo era patrimonio de magos y curanderos sea convertido en un poderoso mecanismo alternativo y en muchos casos sustiturio de la medicina convencional.

 

 11) ¿Que debe saber un médico, antes de poder practicar con éxito la medicina homeopática?

 Respuesta: Lo que es curable por la medicina y lo que es curativo en los medicamentos.

 12) ¿De qué manera puede aprender lo que es curativo en los medicamento?

Respuesta: Comparar el valor de la homeopatía en la atención de casos crónicos y casos agudos.

 13) ¿De qué manera considera el medico homeópata los síntomas aparentemente desconcertantes?

 14) ¿En relación a que considera la homeopatía la enfermedad de las partes locales?

 15) ¿Por qué la homeopatía no da mayor importancia a la experimentación con animales inferiores?

 16) ¿Por qué estimamos que el conocimiento de los medicamentos y sus reacciones, reunido y registrado por la homeopatía, es verdaderamente científico?

 17) ¿Cuál es la definición más amplia de la homeopatía? 

Respuesta: “Un sistema de medicina basado en las leyes naturales”.

 18) ¿De qué manera considera la homeopatía la anatomía patológica?

 19) ¿Qué quiso decir el Dr. Hahnemann con su frase “Eliminar todos los obstáculos a la curación?

 20) ¿De qué manera se manifiesta la enfermedad?

 21) ¿En qué medida podemos saber de la enfermedad?

 22) ¿De qué modo tratamos las urgencias como las intoxicaciones, la asfixia, etc.?

 23) ¿Qué significan para nosotros las enfermedades naturales?

24) ¿Qué significan para nosotros las enfermedades artificiales?      

Estaremos actualizados hoy?

 

¿Y si nos unimos para presentar los adelantos, en cuanto a homeopatía y farmacopea?

 

 Próxima Entrega 60 a 90 parágrafos con cuestionario y aclaraciones.

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